No conciben una invasión militar. Es un sitio extremo, ¿cómo sería físicamente? Es que llegan los marines y les invitan a un café “que tendréis frío”.
Publicidad
Ramón Larramendi (Madrid, 1965) embarcó con destino a Groenlandia con apenas 20 años, gracias a un concurso de la radio. Desde entonces, no ha dejado esta isla que conoce mejor que muchos de sus escasos habitantes. Ha recorrido más de 40.000 kilómetros por territorios árticos y antárticos, habla la lengua inuit y vive parte del año en el sur de Groenlandia. Su hazaña más célebre fue la Expedición Circumpolar (1990-1993): 14.000 kilómetros hasta Alaska, únicamente con trineo de perros y kayak, gesta reseñada en National Geographic. “Hoy, con el derretimiento del hielo sería imposible”.
A lo largo de cuatro décadas, Larramendi ha sido testigo de la transformación del Ártico. “Rutas que hice son intransitables, ahora hay mar abierto”, cuenta. Y la Groenlandia en que habita se ha convertido en laboratorio acelerado del cambio climático y global. Pero lanza un aviso a navegantes polares: Groenlandia también es resistencia y adaptación porque todo es extremo.
“La lengua inuit se construye en negativo. Para decir algo positivo, tienes que negar lo negativo. Por ejemplo, ellos no dice que algo es posible. Más bien es no es imposible. Porque la adversidad es lo normal. A partir de ahí, adaptación”. Y el escenario que ha puesto sobre la mesa el presidente de EE.UU. es uno más en su larga historia de desafíos que “surfearán de la mejor manera posible”.
- PREGUNTA: ¿Cuántas Groenlandias hay en Groenlandia?
- R: Hay muchas, es infinita. La primera distinción es la Groenlandia invernal y la Groenlandia estival: son dos universos diferentes. Luego, desde el punto de vista humano, la Groenlandia de las zonas más templadas y la Groenlandia remota de las poblaciones de cazadores que viven de un modo muy tradicional aún hoy en día. Y luego está la Groenlandia costera, que dentro de todo tiene su cierta vida, y la Groenlandia del interior: la masa de hielo, el desierto de hielo, un lugar gigantesco que realmente parece más otro planeta.
- P: ¿Y cómo vive cada una de ellas el anhelo de Trump por quedarse con la mayor isla del mundo?
- R: Es como algo que toca surfear. Obviamente lo de la invasión militar no tiene sentido en las zonas más frías. ¿Cómo se produciría físicamente esa invasión? ¿Llegas a un poblado de 600 pescadores y pones ahí a 5.000 soldados? Es inconcebible. Es que, según llegan los marines [a -50ºC] les invitan a un café: Oye, venid aquí, que tendréis frío…
- P: ¿Están acostumbrados a la presencia militar?
- R: Totalmente. En 1941, cuando los nazis toman Dinamarca, EE.UU. toma Groenlandia durante cinco años. Desde entonces hay una presencia militar importantísima. En la Guerra Fría llegó a haber casi 15.000 soldados cuando la población era de 25.000 personas. Todo el mundo ha trabajado en la base de Thule. Siempre ha habido una relación cordial. EE.UU. era valorado positivamente; yo nunca había escuchado sentimiento antiamericano allí, como en muchos otros lugares.
- P: ¿Ha perdido Trump una oportunidad para la diplomacia?
- R: Sin duda. Trump Tuvo la oportunidad de ganarse el alma de la gente. Quizás hace un año. Ahora ya no, claro. La posibilidad de un estado libre asociado no hubiera sonado mal. Hay un resentimiento hacia Dinamarca por toda la historia colonial. Cortar con el yugo, que es una palabra que ellos emplean. El caldo de cultivo estaba preparado: la posibilidad de ganar Groenlandia con diplomacia existía. Ahora el alma de la gente la ha perdido totalmente. La fuerza es la fuerza, pero el alma ya no.
- P: ¿Ha sido el deshielo el principal motor de la militarización del ártico?
- R: Las primeras maniobras militares ruso-chinas conjuntas fueron hace dos años. Este año ha habido submarinos chinos dentro del océano Ártico. Detectaron también submarinos chinos, ya en invierno. Impensable hasta hace nada.
En la Segunda Guerra Mundial, hubo una batalla muy importante debajo del hielo ártico con ojivas nucleares. Entonces no había rutas de navegación. Ahora se suma ese factor y el de la explotación de recursos. Están construyendo rompehielos a toda velocidad. - P: ¿El cambio climático está acelerando estos procesos y estas ambiciones por sus recursos?
- R: Lo estamos viendo a tiempo real, casi en un teatro, con los protagonistas. La apertura del Ártico a rutas de navegación es el tema fundamental detrás de todo esto. El año pasado China envió el primer barco portacontenedores serio por la ruta ártica. Para finales de esta década, tiene programados cientos de barcos.
Groenlandia, epicentro del calentamiento global y amenaza para el Atlántico norte
Groenlandia es la zona cero del cambio climático. Con una superficie equivalente a cuatro veces la península ibérica —el 80% cubierta por un casquete de más de 3.000 metros de espesor—, pierde 30 millones de toneladas de hielo por hora, una tasa cinco veces superior a la de hace veinte años, según el informe Estado de la Criosfera 2024 (ICCI). La población local es consciente. Tanto, que en la lengua de los inuit los términos clima y conciencia-mente se representan por la misma palabra: sila.
“No vamos a ver una Groenlandia sin hielo”, matiza desde la Universitat de Barcelona el geógrafo y explorador Marc Oliva, investigador que acaba de regresar de una campaña en el extremo noroeste de la isla. Pero el hielo marino que se congela en invierno ha pasado de 7 millones de kilómetros cuadrados a 4 millones desde los años setenta. “Eso sí tiene implicaciones importantes para la navegación comercial. Lo que ocurre en Groenlandia no se queda en Groenlandia: el agua de deshielo vertida al Atlántico Norte”. Hay algunos estudios que ligan este vertido de agua dulce con la ralentización de las corrientes marinas, con posibilidad de afectar al clima del norte de Europa a medio plazo. “Hace falta más investigación”, sostiene Oliva.
Larramendi es punta de lanza de esa investigación en la Groenlandia extrema. A bordo de su trineo de viento, equipamiento y personal científico trata de investigar el pasado y el futuro de la vida en estos territorios tan ligados al clima.
El explorador compara la ciencia polar con la exploración espacial. “No sé cómo serán (las lunas heladas) Europa o Encélado, pero la sensación en medio de Groenlandia es lo más parecido a ir a otro planeta dentro de nuestro planeta”. Esa sensación de aislamiento absoluto, de no tener a qué agarrarte en medio de la nada gélida, es algo que tuvo que aprender a convertir en positivo. En dialogar con la muerte como una aliada cotidiana. “Los inuit no sienten que están en un lugar extremo: sienten que están en su hogar. Ese cambio de perspectiva es fundamental”.
“Estar en medio de Groenlandia es lo más parecido a ir a otro planeta dentro de nuestro planeta. Lo normal es la adversidad. Aprendes a relacionarte con la muerte como una aliada“.
Pese a todo, su población registra el triste récord de suicidios en todo el mundo. “He conocido a muchos que se han quitado la vida“. Algo no del todo explicado, pero que Larramendi achaca a la profunda transformación que está sufriendo el territorio y su estilo de vida. Con mayor impacto en varones jóvenes, “a pesar de internet, al final tú no puedes salir de ahí, de tu casa; no hay nada. Antes, para los mayores, estaba el reto de la caza y la supervivencia”.
Larramendi se inspiró en la tradición inuit para concebir su trineo de viento, que cumple ahora 25 años. Una plataforma de transporte de personas e instrumental científico por sitios inaccesibles de cualquier otro modo. Nature lo consideró el medio de hacer ciencia polar de manera más sostenible, pues se impulsa no por perros o motor, sino por cometas. “Es la unión del conocimiento tradicional con la tecnología para conseguir algo que no existe”, explica Larramendi. ”La gente que va por primera vez no se lo cree. Cree que esto no se va a mover. Y se mueve”.
- P: ¿Es (casi literalmente) oro todo lo que reluce a la hora de explotar los recursos groenlandenses? Usted habla de uno de los territorios más extremos del mundo.
- R: Lo han intentado. Pero muchos proyectos se han abandonado porque no se dan las condiciones: la estabilidad, los costes de producción… La minería hasta ahora no ha sido realmente rentable. La única mina que sí sería rentable es la de tierras raras de Kuannersuit, que además tiene uranio asociado. Yo vivo a tres kilómetros de allí. Pero, ¿te imaginas una mina de uranio a tres kilómetros de tu casa, con 2.000 trabajadores extranjeros en un pueblo de mil personas? Eso no puede funcionar.
- P: Pero, ¿otro tipo de explotaciones de recursos podrían verse con buenos ojos?
- La población apoya la minería en Groenlandia porque más o menos es bien sabido que solo la minería puede pagar la independencia. Hasta ahora se trataba de llegar a acuerdos con compañías mineras. No es que a nadie le entusiasmase, pero la recompensa era vista como que merecía la pena por el premio que implicaría. Ahora mismo está prohibido explotar uranio, aunque estas cosas se pueden cambiar: el gobierno actual es mucho más proempresa, pero no ha abordado el tema todavía.
No hay que olvidar que Groenlandia depende de Dinamarca, que da 500 millones de euros cada año, y a pesar de ello la economía va bastante regular. La pesca es el recurso principal del país, y aquí viene una parte relacionada con el cambio climático (menos disponibilidad de especies) y también con la sobrepesca, que un poco ellos mismos están provocando. Controlar las cuotas no es tan fácil cuando toda la gente vive de eso.
Imagen: Ximo Ferrández | Sonido: Alfre Camarote | Edición: M.V.

¿Quieres comentar?