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Las mujeres afroamericanas que pusieron en órbita a los hombres
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Las mujeres afroamericanas que pusieron en órbita a los hombres

La misión Apolo 11 no habría tenido éxito sin el trabajo de mujeres afroamericanas que hacían los cálculos a mano. Katherine Johnson elaboró el cálculo que hizo posible que los astronautas volviesen a la Tierra.

La matemática Katherine Johnson / NASA

A Katherine Johnson le gustaba contar y ser contada. Lo primero, como una forma numérica de describir la realidad con los dedos de sus manos cuando era pequeña —«contaba los pasos que había hasta la iglesia o los platos que lavaba», relataba ella misma—; lo segundo, como un reconocimiento a su trabajo, que durante años permaneció invisible.

Le gustaba contar porque era matemática. Pero a pesar de haber sido la mujer que realizó los cálculos que llevaron al hombre a la Luna, su hazaña no fue contada hasta hace poco, cuando la escritora Margot Lee Shetterly investigó y rescató su historia y la de otras mujeres afroamericanas en el ensayo Figuras ocultas (2016).

Que Katherine fuese mujer y afroamericana jugó en su contra. Dos cuestiones inevitables que la ponían en desventaja respecto a hombres —y también mujeres—.

Nacida en agosto de 1918 —aún vive y está a punto de cumplir 101 años—, estudió Matemáticas en la West Virginia State College —una universidad racialmente segregada—. Después, comenzó a trabajar como profesora de matemáticas hasta que, en 1950, se enteró de que en el National Advisory Committee for Aeronautics (NACA) —predecesor de la NASA— estaban reclutando a mujeres para hacer cálculos a mano en el departamento de Guía y Navegación. Literalmente, querían computadoras humanas. No tuvo suerte ese año, pero sí tres después, en 1953.

Katherine Jackson entró a formar parte del equipo de computadoras del área oeste (West Area Computers), supervisado por otra matemática afroamericana: Dorothy Vaughan. Vaughan y Jackson son dos de las figuras que la escritora Margot Lee Shetterly recupera en su ensayo Figuras ocultas, junto a la de la ingeniera aeroespacial Mary Jackson. El libro cuenta la historia de estas mujeres olvidadas, cuyo trabajo fue indispensable para hacer realidad el viaje de los astronautas a la Luna y otras misiones espaciales.

La ingeniera Mary Jackson / NASA

«También había mujeres blancas trabajando en la NACA/NASA que fueron contratadas antes que estas ‘figuras ocultas’. Estas mujeres, las ‘computistas o computadoras del este’ (las blancas), realizaban las mismas labores que ‘las del oeste’ (las negras). Solo empezaron a fichar a afroamericanas cuando no les quedó más remedio: no había más mujeres blancas para contratar», cuenta la matemática y divulgadora Marta Macho-Stadler en conversación con Newtral.

«En ese momento, estaban todavía vigentes las leyes [de segregación racial] de Jim Crow en Virginia, así que todo el personal negro estaba separado del blanco en todos los espacios, en particular en los lugares de trabajo. El problema racial existía. Si las mujeres blancas eran discriminadas por ser mujeres (recibían menores sueldos porque eran consideradas personas sin cualificación, a pesar de que la mayoría de ellas tenía diplomaturas en Matemáticas o Física), las mujeres como Katherine Johnson o Dorothy Vaughan eran doblemente discriminadas al ser mujeres y negras. Ellas empezaron a ser contratadas por pura necesidad, en un momento en el que muchos hombres habían partido a la guerra. Se consideraba un trabajo rutinario: debían computar o repasar los miles de cálculos involucrados en los vuelos de aviones y cohetes, pero bajo la supervisión de los ingenieros de la NACA/NASA. Llegaron con el rechazo inicial de sus colegas masculinos», añade la matemática y divulgadora.

Como escribe Margot Lee Shetterly en Figuras ocultas:

¿Cómo podía la mente de una mujer procesar algo tan riguroso y preciso como las matemáticas? ¡Invertir quinientos dólares en una máquina calculadora para que la utilizara una chica!

«Pensada como una labor rutinaria y concienzuda, la tarea ‘mecánica’ de calcular y repasar parecía adecuada para las mujeres. En muchas ocasiones se consideraba a las mujeres más pacientes y trabajadoras, y además se les pagaba sueldos más bajos [sobre todo, si eran afroamericanas]», apunta Macho-Stadler. De hecho, como señala el libro de Margot Lee Shetterly, las mujeres negras no podían ni siquiera usar el mismo baño que las mujeres blancas.

Aunque los cálculos que hacían las mujeres afroamericanas fueron esenciales para diferentes misiones espaciales, la contribución de Katherine Johnson a la misión Apolo 11 —de la que ahora se cumplen 50 años— fue especialmente importante: ella calculó el momento preciso en el que la sonda debía abandonar la superficie lunar para engancharse al módulo de servicio justo a tiempo. Es decir, que se encargó de calcular el momento exacto en el que los astronautas debían abandonar el satélite para que su trayectoria coincidiese con una órbita en la que tenían que acoplarse para regresar a la Tierra. A pesar de ello, ninguna foto refleja en primer plano la presencia de Johnson en la misión gestada desde el centro de control.

Sala de control a la llegada del Apolo 11 / NASA

También su trabajo posibilitó que los astronautas pudiesen regresar de nuevo a la Tierra sanos y salvos en la fracasada misión Apolo 13 (1970), después de que estallase uno de los tanques de oxígeno.

«Lo que enfatiza la historia de Katherine, y de otras mujeres como Dorothy Vaughan o Mary Jackson, es que hicieron cosas extraordinarias pero pasaron desapercibidas. Es un problema de racismo no solo en Estados Unidos y no solo en esa época, sino actual. Todavía hoy a las mujeres negras se nos suele asociar a determinadas áreas profesionales y laborales. Y cuando no estamos en esas áreas o sobresalimos en otras, se nos invisibiliza porque se asume de manera natural que no son nuestros espacios. Es una barrera de entrada inmensa. Además, una vez alcanzas esta posición, luego te toca mantenerla con el doble y el triple de trabajo porque los obstáculos que te atraviesan para mantenerte ahí son muchos. Los errores que cometes como mujer negra se juzgan con más dureza», explica a Newtral Georgina Marcelino, publicista y una de las portavoces de Afroféminas, una «comunidad en línea para las mujeres afrodescendientes/negras y racializadas».

En la línea con lo que expone Marcelino, la astrofísica Jedidah Isler contaba en una charla TED la discriminación racial y de género que ha sufrido en su ámbito:

Se hizo evidente de inmediato que no todo el mundo estaba encantado de tener ese grado de liminalidad en su espacio. Muchos compañeros me condenaron al ostracismo, y uno de ellos se atrevió a invitarme a «hacer lo que vine a hacer» mientras empujaba los platos sucios frente a mí para que los limpiara. Me gustaría decir que fue un hecho aislado, pero para muchas mujeres negras en ciencia, tecnología, ingeniería, matemáticas o ciencias básicas esto es algo que han soportado durante mucho tiempo. El 100% de las 60 mujeres negras entrevistadas en un reciente estudio de Joan C. Williams en UC Hastings informó enfrentar sesgo de género racial, como ser confundidas con el personal de limpieza. Esta confusión de identidad no fue informada por ninguna mujer blanca entrevistada en ese estudio, que comprendía 557 mujeres en total. Si bien no hay nada inherentemente malo en una posición de limpieza, y de hecho mis antepasados pudieron ir a la universidad gracias a que sus padres tenían estos trabajos, fue un intento claro por ponerme en mi lugar

Por eso Georgina Marcelino considera que hacer genealogía es importante no solo para que las mujeres afrodescendientes conozcan su realidad, sino para que todos y todas conozcamos la Historia de manera más plural: «Sin estos relatos, la realidad está incompleta. Todavía hay un problema de infrarrepresentación que hay que subsanar. No es que no existamos, es que no cuentan con nosotras».

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