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Lucía Díaz-Tejeiro: Filosofía, sobre escenarios
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Lucía Díaz-Tejeiro: Filosofía, sobre escenarios

Esta entrevista es parte del reportaje ‘Ziteratura: conversaciones con las firmas de la Generación Z‘ 

Lucía Díaz-Tejeiro | (Luis H. Rodríguez)

Lucía Díaz-Tejeiro, de 23 años, parece sentirse más cómoda de pie que sentada, nunca para de moverse. La oscuridad del bar, situado en el centro de Malasaña, no parece molestarle: sabe que una vez se abre el telón, solo unos pocos focos quedan encendidos. Y es que la joven estrenó en mayo de este año en el Teatro Kamikaze (Madrid) El funambulista, una adaptación de la obra de Jean Genet.

Café con leche y con hielo, es la sobremesa y no acaba más que empezar la tarde. Lo primero que enseña es una sonrisa completa, amplia, de esas que muestran la dentadura sin temor alguno. Del cuello cuelga una suerte de colmillo traslúcido que ilumina un conjunto, de pies a cabeza, completamente negro. Pero no es una chica oscura: siempre sonríe cuando habla y a cada palabra la acompaña un gesto, que siempre parecen estar dirigido a un público.

El teatro te permite una relación directa de ‘tú a tú’ que está ocurriendo en este instante”. Así define, en pocas palabras, qué es lo que tiene de especial la interpretación más clásica de la Humanidad. Frente a una cultura en la que prima el “aquí te pillo, aquí te mato”, Díaz-Tejeiro aboga por el ser del teatro: “la temporalidad y el espacio son los que son; es presente”. Y por eso ni futuros ni pretéritos, el tiempo más inspirador para la dramaturga es el que se vive. “El presente, lo más complicado es resolver bien los problemas de ahora; porque el futuro no tiene porqué irte mal, o sí”.

“Necesitamos todo más rápido, como una droga”

Rapidez e inmediatez son dos conceptos que siempre se unen a la idea de Generación Z y Díaz-Tejeiro lo comparte: “cada vez necesitamos todo más rápido y más nuevo, casi como una droga”. Siempre tienen que estar “devorando información”, pero no terminan de digerirla – “de calar” –. Los tiempos son los de reflexionar por Twitter, compartir por Facebook, ir al cine con Netflix y hablar por WhatsApp. “La respuesta es la calma”.

Lucía Díaz-Tejeiro | (Luis H. Rodríguez)

“No tengo prisa en estrenar la siguiente obra”, confiesa la joven que sí quiere volver a estar tras el telón. Su objetivo en la actualidad es terminar la carrera de Filosofía y “seguir aprendiendo” de otros directores, incluyendo “de fuera de España”. Sus estudios no son baladís, Díaz-Tejeiro destaca que la filosofía es como el feminismo: “te cambia la forma de ver la realidad y te cambia la forma de ver el teatro”. “Te abre puertas y te despierta todos los sentidos”.

Díaz-Tejeiro cree que es un lugar “que exige mucha inteligencia, mucha precisión y mucha honestidad”, tanto para los espectadores como los autores tras la obra. No de una manera elitista, sino como un proceso por el que “hay que formarse en teatro” ya que es el espectador “quien tiene la responsabilidad”.

En 2017, tal y como recoge el INE, la asistencia al teatro aumentó hasta 22,1% – una cifra muy lejos de las personas que leen (62%) o van al cine (54%) –, pero Díaz-Tejeiro cree que aún hay que “ir más”. Según ella, ir al teatro es algo que se debería educar “en las escuelas desde muy pequeños”.

“Confío en nuestra generación”

Díaz-Tejeiro no rehúye de su tiempo. Durante la entrevista, a penas ha visto su móvil, pero sí utiliza plataformas como Netflix y HBO – “con Paquita Salas me he pegado una llorera increíble” -. Sabe lo que se dice de los de su edad y está orgullosa: “Confío muchísimo en esta generación”. “Tenemos unas ideas de igualdad que son muy positivas”, explica la dramaturga que no evita admitir que quieren “un mundo que sea feminista” y la conciencia alrededor del “medio ambiente” que se está creando. Pero, ¿cómo llevar esto al escenario? “Formándose”.

“Uno al final transmite lo que es. Hay que trabajarse mucho a uno mismo, tratar de ser lo más feminista posible”, concluye la dramaturga quien admite que es “una mujer blanca, burguesa” que “nunca” ha tenido un problema. Recuerda que, durante la producción de El funambulista, de que no podría reflejar cómo era la vida de un joven argelino en los 50.

“El teatro debe ser reflejo de lo que ocurre ahora, pero igual que el arte: coger cápsulas de realidad para que uno las vea”.

Lucía Díaz-Tejeiro | (Luis H. Rodríguez)

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