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Limpia, fija y da esplendor desde hace 305 años
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Limpia, fija y da esplendor desde hace 305 años

La Real Academia Española se constituye por cédula real un 3 de octubre de 1714. Desde entonces vela por el uso correcto de las normas y la homogeneidad de la lengua castellana

‘La inauguración de la RAE’, de Juan Comba.

3 de octubre de 1714. El rey Felipe V de España, sucesor del último monarca de la Casa de Austria y primer monarca Borbón en el trono español, firma la cédula real para la constitución de la Real Academia Española (RAE) con una dotación de 60.000 reales anuales para la publicación de obras. El objetivo, recogido en el Estatuto Único, era “cultivar y fijar la pureza y elegancia de la lengua Castellana, defenestrando los errores que, en sus vocablos, en sus formas de hablar o en su construcción, ha introducido la ignorancia”.

Juan Manuel Fernández Pacheco y Zuñiga (1650-1725) fue el fundador y primer director de la Academia, cargo que ocupó hasta su fallecimiento. Del grupo de los novatores (término que hace referencia a la búsqueda de la innovación), Fernández Pacheco buscaba consolidar una figura institucional basada en la Academia Francesa (1635) – “ideando establecer una Academia en esta villa de Madrid como la hay en la villa de París” – para salvaguardar la lengua castellana.

Aunque no fue el primer intento – hubo otros como la Academia de Madrid o la Academia literaria de Huesca –, sí fue la primera en mantenerse en el tiempo y recibir el beneplácito real. Su primera enmienda sería la de publicar un diccionario en tiempo récord: el Diccionario de Autoridades.

Escritores como argumento de autoridad

Entre 1726 y 1739, la RAE publica seis volúmenes en el que se recogen más de 69.000 acepciones. La diferencia respecto a otros diccionarios es la utilización de nombres relevantes de la literatura castellana (sobre todo del Siglo de Oro) para avalar las diferentes descripciones. Por ello, recibe el nombre de “Diccionario de Autoridades”.

“Se han puesto los autores que ha parecido a la Academia han tratado la Lengua Española con la mayor propiedad y elegancia”, recoge el Prólogo del Tomo I del Diccionario. Lope de Vega, Luis de Bávia, Luis de Góngora, Santa Teresa de Jesús… son algunas de las firmas que, a través de ejemplos, referenció la RAE para explicar el significado de los más de 69.000 términos recopilados entre los seis volúmenes.

Esta es una práctica que, en ediciones posteriores, no se ha seguido manteniendo. Salvo una excepción: el Diccionario histórico de la Lengua española. “He aquí nuestro proyecto: registrar todas las palabras en todas las acepciones atestiguadas en un caudal de 10 u 11 millones de fichas, con ejemplos cuidadosamente datados y reproducidos con la máxima exactitud posible”, recoge Rafael Lapesa en el discurso ‘Real Academia Española: Pasado, presente y futuro’. En la actualidad, continúa editándose en formato digital.

La RAE, no solo un diccionario

El conocido DRAE (Diccionario de la Real Academia Española) no es la única labor que realiza la Institución. La tricentésima es la encargada de:

  • Elaborar los diccionarios comunes “de consulta general” (art. II)
  • Proseguir la ampliación del Diccionario histórico de la lengua española (art. II)
  • Organizar los trabajos de lexicografía, histórica y moderna, a través del Instituto de Lexicografía (art. III)
  • Renovar y mantener la Gramática
  • Publicar y editar las “obras cuya difusión considere importante para el conocimiento general” de la lengua española (art. V)

Aunque no lo recoge en sus Estatutos actuales (1995), la RAE también edita tomos relacionados con la Ortografía. El más reciente es de 2010 y en él se recoge el sistema ortográfico y las normas para “la correcta escritura del español”.

46 letras, 46 sillas

La Real Academia Española está formada por cuatro perfiles (art. VIII):

  • 46 “académicos de número”, es decir, los que ocupan las conocidas letras (de la ‘A’ a la ‘Z’, lo que incluye mayúsculas y minúsculas)
  • Académicos correspondientes españoles
  • Académicos correspondientes extranjeros
  • Académicos honorarios

Los académicos de número son elegidos por votación secreta a propuesta de la Junta de Gobierno ante la necesidad de cubrir vacantes. En este posible, otra “silla” podrá proponer a un candidato por el que “responderá” en caso de ser elegido. Los que ocupen un puesto en la Academia pueden firmar sus obras y trabajos con el título del que gozan en la RAE “siempre que expresen la clase a la que pertenecen (de número, correspondientes u honorarios; art. XIII)».

El lema de la RAE, tal y como se puede leer en su emblema, es «limpia, fija y da esplendor».

Fuentes

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