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La Marcha sobre Washington consiguió los derechos olvidados de los afroamericanos
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La Marcha sobre Washington consiguió los derechos olvidados de los afroamericanos

Un año después se aprueba la Ley de Derechos Civiles y en 1965 la Ley de Derechos al Voto. 

28 de agosto de 1963. Martin Luther King, presidente de la Conferencia del Sur de Liderazgo Cristiano, pronuncia su discurso más reconocido: “I have a dream”. Hasta 200.000 personas rodean el Monumento a Lincoln con motivo del final de la Marcha sobre Washington por el trabajo y la libertad. El hito fue fundamental para la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos. 

Marcha por el trabajo y la libertad Washington / Warren K. Leffler

Martin Luther King fue la cabeza visible del movimiento por los derechos civiles de los afroamericanos en Estados Unidos. De hecho, por ello ganó en 1964 el Premio Nobel de la Paz. Pero el discurso “Tengo un sueño”, que pronunció en las escalinatas del Monumento a Lincoln, fue solo uno de las 18 eventos que incluía el programa de la Marcha de Washington por el trabajo y la libertad.

La Marcha en Washington fue una manifestación pacífica coordinada por organizaciones sindicales, religiosas y defensoras de derechos civiles. Bajo el lema “empleo, justicia y paz” entre 200.000 y 300.000 personas, según la fuente, se congregaron en el National Mall para exigir reivindicaciones sociales para la comunidad afroamericana. Hasta entonces a los negros se les negaban muchos de los derechos y libertades civiles. No se les permitía votar en todos los estados, se les negaba la entrada a ciertos locales o acceder a determinados empleos, sus hijos no podían acudir a algunas escuelas de blancos, eran víctimas de crímenes policiales sin consecuencias y seguían siendo perseguidos por el Ku Klux Klan.

Programa de la Marcha de Washington / Web Gobierno EE.UU.

Todo esto fue tratado por Martin Luther King, que expuso que era el momento “de subir desde el oscuro y desolado valle de la segregación al soleado sendero de la justicia racial”. El discurso se incardinó en la propia efeméride, ya que se cumplían cien años de la Proclamación de Emancipación con la que el presidente Lincoln puso fin a la esclavitud de los Estados Confederados de América. A pesar de que hubiera pasado un siglo desde entonces y que se afirmara en la Declaración de Independencia que todos los hombres eran iguales, los afroamericanos eran inferiores en relación con el reconocimiento de sus derechos, por lo que aún no eran libres. 

… y cuando permitamos que la libertad suene, cuando la dejemos sonar desde cada pueblo y cada aldea, desde cada estado y cada ciudad, podremos acelerar la llegada de que el día en el que todos los hijos de Dios, hombre blancos y hombres negros, judíos y gentiles, protestantes y católicos, serán capaces de juntar las manos y cantar con las palabras del viejo espiritual negro: ¡Al fin libres! ¡Al fin libres! ¡Gracia a Dios Todopoderoso, somos al fin libres!

Del mismo modo, hay que destacar la posición pacifista de Luther King, quien también advirtió a sus seguidores de las consecuencias de una lucha legítima pero violenta: “No busquemos saciar nuestra sed de libertad bebiendo de la copa de la amargura y del odio. Debemos conducir siempre nuestra lucha en el elevado nivel de la dignidad y la disciplina”. 

Este discurso, junto con todas las acciones del movimiento contra la segregación racial, como el caso de Rosa Parks, fueron determinantes para la aprobación de la Ley de Derechos Civiles en 1964 y de la Ley de Derechos al Voto en 1965. Así se cobra “el pagaré del que todo americano iba a ser heredero” que el pastor reclamaba sobre la base de la Constitución y la Declaración de Independencia estadounidense: “Este pagaré era una promesa de que todos los hombres – sí, a los hombres negros y también los hombres blancos – se les garantizarían los derechos inalienables de la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. 

 1963 no es un final final, sino el principio

Rosa Parks, Luther King y David Boston. Centro Schomurg / Biblioteca de Nueva York, 1963

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