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Alternativas a ‘El Alquimista’
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Alternativas a ‘El Alquimista’

 

Seguro que os ha pasado. Normalmente sucede mientras uno está desprevenido, a otras cosas. Nadie se espera semejante pregunta, pues es una cuestión que difícilmente tiene introducción y por tanto cae en la escena de repente como una pedrada. Estás sentado/a en una barra o en el banco de un parque con esa chica/o, o con tus amigos, aunque normalmente es asunto de dos, cuando te encuentras de frente con la pregunta y piensas que has de contestar rápido ya que tienes clavados los ojos de tu interlocutor, pero a la vez te gustaría contestar lento, quizás con otra pregunta o con varias. También te gustaría desaparecer.

– ¿Y tú, crees en el destino?

Terrible. Es más fácil que suceda si tratas con adolescentes o con la ebriedad de alguien, y muy probable si tratas con adolescentes ebrios, pero es una pregunta que a todos nos han colado alguna vez y que, tengo que admitirlo, personalmente me molesta mucho. El problema es que, más allá de la semántica de la palabra, que por roída ha perdido toda concreción, esta es una pregunta incómoda porque traduce una situación paradójica. Es decir, cualquier experimentación al respecto podría resolver la pregunta en ambas direcciones. Bajo una circunstancia inusual, podríamos argumentar que se ha evitado al destino o por el contrario que incluso este giro estaba determinado. Si destino escrito se ubica en un plano celestial o místico al que por supuesto no tenemos acceso, cualquier devenir del futuro se puede argumentar a posteriori como un giro preconcebido por los escribanos del sino, quienes quieran que fueran, o como un mágico regate del individuo a lo que le correspondía.

De todas formas, y esto es lo que realmente importa, el destino ha dado mucho que pensar a filósofos y también a literatos de máxima categoría y ha formado parte de la tradición literaria oriental como de ninguna otra. Inspirados por las obras tradicionales árabes, indias, egipcias, sirias y babilónicas, algunos excelentes autores europeos han adaptado la retórica de las fábulas de Oriente para crear obras fundamentales de la literatura continental.

Zadig o el destino (1748). Voltaire

Este divertidísimo relato de Voltaire presenta la historia de Zadig de Babilonia, poseedor de todas las virtudes y sin embargo a merced de los podridos valores de la sociedad que le rodea. Un relato lleno de sarcasmo y de referencias a las más viles costumbres que Voltaire encontraba en su día a día, obviando todo rigor histórico pero mostrando así la atemporalidad de los hábitos mezquinos.

Zadig se enfrenta pues a la injusticia, la envidia, la avaricia y la ignorancia generalizada, esquivando constantemente al destino en forma de pena de muerte, exilio y esclavitud. O quizás siendo salvado de los mismos pesares por el propio sino, obcecado con hacerle rey de Babilonia. Ustedes interpretarán el papel del destino, una vez más.

Bien veo que la fatalidad de mi estrella se ha comunicado a la tuya. Hasta ahora todas mis cosas han tomado raro giro: me han condenado a una multa por haber visto pasar una perra; he estado en poco que me empalaran por un grifo; he sido condenado a muerte por haber compuesto unos versos en alabanza del rey; me he huido a uña de caballo de la horca, porque gastaba la reina cintas amarillas; y ahora soy esclavo contigo, porque un zafio ha aporreado a su dama. Vamos, no perdamos ánimo, que acaso todo esto tendrá fin: fuerza es que los mercaderes árabes tengan esclavos; ¿y por qué no lo he de ser yo lo mismo que otro, siendo hombre lo mismo que otro? No ha de ser ningún inhumano este mercader; y si quiere sacar fruto de las faenas de sus esclavos, menester es que los trate bien.

Así decía, y en lo interior de su corazón no pensaba más que en el destino de la reina de Babilonia.

                                                                                                          Zadig. Capítulo X. La esclavitud

Siddharta (1922). Hermann Hesse

El magnífico escritor alemán y premio Nobel Hermann Hesse es uno de mis escritores europeos preferidos. Me parece un excepcional escritor de relatos y sus novelas, en especial Demian (1919) y El lobo estepario (1927) marcaron considerablemente mi pubertad y juventud, por ese orden.

Siddharta es, sin embargo, la obra que probablemente haya tenido mayor trascendencia, sobre todo en la juventud de ámbito universitario. Se trata de una obra de búsqueda espiritual, donde el joven Siddharta, poseedor al igual que Zadig de las más preciadas virtudes, se aventura hacia las múltiples formas de lo desconocido al encuentro a menudo infructuoso de la sabiduría y la paz interior en un mundo cargado de elementos simbólicos y alusiones a los deméritos de la sociedad europea de entreguerras. Al contrario que en el relato de Voltaire, donde el protagonista parece a merced de los acontecimientos, volteado una y otra vez por las peores circunstancias y sobreviviendo a duras penas a las desdichas que le propone el destino, Siddharta nunca pierde el gobierno de su tránsito y los diferentes escenarios vitales obedecen a una búsqueda deliberada, a una huída hacia delante en pos de la máxima altura espiritual.

Sin embargo ambas fábulas coinciden en la estructura y dinámica de los acontecimientos, así como en elementos muy significativos como el papel fundamental del amor (de Zadig por Semira, Azura y sobre todo Astarté, y de Siddharta por Kamala), del compañero vital (Zadig con Setoc y Cador, Siddharta con Govinda), del personaje que alumbra finalmente al protagonista, inspirándole y dándole la energía y sabiduría necesaria para afrontar las dificultades (Zadig con el eremita y Siddharta con el pescador).

“Siddharta le dio las gracias y sonrió. Cuando Kamala se enteró que en dos días no había comido, mandó traer pan y fruta y se las ofreció.

-Has tenido suerte -comentó Kamala, al despedirse-; se te abre una puerta tras otra. ¿Por qué será? ¿Eres un mago?

Siddharta replicó:

-Ayer te conté que sé pensar, esperar y ayunar, y tú encontraste que todo ello no servía para nada. Sin embargo, sirve para mucho. Te darás cuenta de que los ignorantes samanas aprenden en el bosque y saben muchas cosas hermosas, que vosotros no sabéis. Anteayer todavía era un mendigo sucio; ayer besé a Kamala; y pronto seré un comerciante y tendré dinero y todas las cosas que a ti te gusten.

-Eso es cierto -reconoció Kamala-. Pero, ¿qué sería de ti, si no fuera por Kamala? ¿Qué serías tú sin mi ayuda?

-Querida Kamala -manifestó Siddharta, al tiempo que se incorporaba-, cuando entré en tu parque, di el primer paso. Me había propuesto aprender el amor de la más bella de las mujeres. Y desde el momento en que me lo propuse, también sabía que lo lograría. Sabía que tú me ibas a ayudar; lo supe desde tu primera mirada, a la entrada del bosque.

-¿Y si yo no hubiese querido?

-Pero has querido. Mira, Kamala: si echas una piedra al agua, ésta se precipita hasta el fondo por el camino más rápido. Lo mismo ocurre cuando Siddharta tiene un fin, cuando se propone algo. Siddharta no hace nada, sólo espera, piensa, ayuna, sin hacer nada, sin moverse: se deja llevar, se deja caer. Su meta le atrae, pues él no permite que entre en su alma nada que pueda contrariar su objetivo. Eso es lo que Siddharta ha aprendido de los samanas. Es lo que los necios llaman magia y creen que es obra de demonios. Nada es obra de los malos espíritus, éstos no existen. Cualquiera puede ejercer la magia si sabe pensar, esperar, ayunar.”

Siddharta. Segunda Parte. Kamala.

1 Comentario

  • Recomendé El Alquimista a un compañero de trabajo marroquí este verano mientras estábamos en el campo embolsando melocotón y en apenas 4 días buscó el libro por internet y se lo leyó en árabe. Desde entonces no dejaba de hacer comentarios de la vida real haciendo referencias al libro y tengo la sensación de que su vida cambió algo o al menos este libro le aportó bastantes cosas ya que entendió todo a la perfección. Espero que tus recomendaciones aporten algo como yo le aporté a él. Un saludo.

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