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El “padre” de la tristeza de Charlie Brown
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El “padre” de la tristeza de Charlie Brown

Abe Martin construyó los cimientos de lo que Snoopy y Charlie Brown convertirían en un fenómeno mundial durante tres décadas

26 de diciembre de 1930. Fallece de un ataque el corazón Frank McKinney Hubbard, más conocido como Kin Hubbard. El que fuera, según Will Rogers, “el mejor humorista de los Estados Unidos”, moría con apenas con 62 años tras alcanzar el reconocimiento gracias a la tira cómica Abe Martin.

Abe Martin era un hombre estadounidense situado en el Condado de Brown (a partir de 1905) caracterizado como un anti-héroe dentro del panorama de las tiras cómicas de la época. Un hombre de escasos recursos y frondosa barba que comentaba sus pensamientos diarios EE.UU. con pinceladas críticas y algo ácidas. Con un lenguaje campechano, lejos de los workbooks, Martin daba palos a todos:

“Nobuddy can talk as interestin’ as th’ feller that’s not hampered by facts er information”, Abe Martin (la traducción aproximada sería: “Nadie puede ser más interesante que aquel que habla sin conocer los hechos ni la realidad”).

Pero Abe Martin, que llegó a publicarse en más de 200 periódicos seis días de la semana; no fue más que el “padre” de las tiras cómicas americanas. Antes que Mafalda en Argentina, antes que Gardfield… Abe Martin fue el padre de un joven niño americano llamado Charlie Brown.

Cacahuetes pequeños a cuatro tiras

“¡Cómo odio a Charlie Brown!”, de esta manera, el 2 de octubre de 1950 Charles M. Schulz pasaba de publicar una tira semanal en periódicos locales o regionales a estrenarse en siete sábanas nacionales. Comenzaba una aventura protagonizada por niños que viviría durante más de 17.800 tiras, alcanzaría un abanico de 2.600 periódicos en 75 países… y un perro que se convertiría en símbolo nacional: Snoopy.

Pero, antes de nada, ¿qué hacía especial a Peanuts respecto al resto de tiras cómicas? En primer lugar, aunque hasta entonces las tiras cómicas eran ya algo habitual, supuso el primer paso hacia la época dorada de este género. Si Abe Martin construyó la casa, Peanuts abrió las puertas. Tras la obra de Schulz, llegarían Mafalda, Gardfield, Dilbert, Goomer…

Peanuts fue, además, la primera tira cómica en la que los adultos no hacían acto de presencia. El mundo de Schulz era una ciudad conquistada por menores y adolescentes que parecían vivir bajo su propio yugo – aunque sí es cierto que los propios personajes hacen referencias a sus correspondientes progenitores –.  Inocentes, pero no ingenuos, Snoopy suponía el punto “maduro” de la tira: un perro capaz de razonar e, incluso, escribir novelas filosóficas.

También cambió por completo la estructura de las tiras cómicas. Habitualmente, se componían de una viñeta o una estructura vertical, pero Peanuts creó el modelo estándar: cuatro viñetas horizontales en las que el “chiste” se establece entre la tercera y la cuarta. Pero es mucho más.

“Ayuda psiquiátrica: 5 dólares”

“Un niño llamado Charlie Brown” era el centro del pueblo. Charlie Brown es un niño que, según muestran las propias tiras, no solo cree fervientemente que es inferior, sino que lo parece realmente. Terco, cobarde, ingenuo… “y destinado al fracaso”.

Brown, en la mayoría de situaciones que se le presenta, tan solo busca la simpatía de aquellos que lo rodean. Construye cometas, aunque ninguna vuela; juega al béisbol, aunque jamás gana; e incluso trata de entablar conversación con las chicas del pueblo, que ven en él “una cabeza demasiado redonda” y una fuente de dinero: “Ayuda psiquiátrica: 5 dólares”, le ofrecería Lucy para paliar su principio de depresión.

El joven, con grandes valores morales, no era más que un pobre que veía eclipsado su propio protagonismo por Snoopy. Fuera del infantilismo estético, Peanuts eran tiras sobre el fracaso. Eran “monstruos”.

La tristeza de ser Snoopy

Cuando Linus se disculpa ante Snoopy por haber puesto en riesgo su vida – una épica enfrenta contra un gato –, el can contesta con una pregunta: “¿Acaso tú crees que estoy vivo?”. Y es que el perro, filósofo en su tiempo libre, entiende sus días como un derrotero de decepciones.

En innumerables ocasiones envía manuscritos de sus memorias, novelas y ensayos filosóficos a editoriales que, casi siempre, las reciben como “un cuento”. Snoopy marca el horizonte tumbado sobre su caseta, donde a través de la observación de las nubes no logra disfrutar de una vida de reflexión tras la que se esconde un idealismo pesimista y vago: «Aprende del pasado, vive el presente, prepárate para el futuro… pero esta tarde túmbate la bartola».

Umberto Eco, filósofo italiano, veía en el can de Schulz un ser en el que “no existe la esperanza”: “Le agradaría ser un caimán, un canguro, un pingüino, una serpiente… Intenta todos los caminos de la mixtificación, luego vuelve a la realidad, por pereza, por hambre, por sueño, por timidez, por claustrofobia (que le asalta cuando rastrea entre las hierbas altas), por dejadez. Estará sosegado, nunca feliz”.

Fuentes

  • ECO, Umberto; Apocalípticos e integrados; Editorial Lumen, España, Séptima Edición, 1984.
  • SCHULZ, Charles M.; Lo mejor de Carlitos y Snoopy; Random House Mondadori, España, 2012.
  • El mundo de Charlie Brown (1), de Pedro Conde Sturla en Acento.
  • Snoopy o la trascendencia, de Carlos Fresneda en El Mundo.
  • Abe Martin Lives, de Bill Weaver.

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