“Eres solo una negra inmigrante” o “la corrida la hago gratis”: la violencia sexual a trabajadoras del hogar más allá de la denuncia a Julio Iglesias

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El cantante Julio Iglesias, denunciado por violencia sexual | Shutterstock
Tiempo de lectura: 7 min

“Él trataba de decirme que yo no tenía derecho, por nada del mundo, a decirle que no, a rechazarlo”. Esta es una de las frases que recuerda una de las víctimas de presuntas agresiones sexuales de Julio Iglesias, recogida en la investigación de eldiario.es y Univisión. Pronunciada por una de las internas del cantante en su mansión de Punta Cana, la frase mostraría el prevalimiento de una superioridad laboral por parte del denunciado a la hora de cometer los ataques a la libertad sexual que se le imputan. 

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Este prevalimiento por parte de un empleador es clave en la mayoría de situaciones de violencia sexual que se dan en el contexto del trabajo doméstico. Así lo recogen varias sentencias dictadas en la última década, que ponen énfasis en que la posición dominante de los empleadores se sustenta en el hecho de que las empleadas del hogar, especialmente de las que están en régimen de internas, están en situaciones de precariedad, tanto económica como administrativa. 

Como explica la investigadora Pilar Guadalupe Cruz, de la Universidad de Pablo Olavide, hay una atmósfera proclive para viciar o anular el consentimiento de estas trabajadoras “a través de la violencia psicológica y el acoso laboral”: “Es muy común que haya insultos, descalificaciones y comentarios para desvalorizar su trabajo. Esto ya genera un clima de deshumanización de la empleada”.

O como expone la investigadora Tania Paniagua, de la Universidad de Valladolid, a menudo ya se han dado “una serie de conductas de servilismo y servidumbre” previas a la violencia sexual contra trabajadoras del hogar. “Hay todo tipo de disciplinamientos: decirles cómo tienen que vestir o qué pueden comer, limitarles el acceso a la comida, impedir que salgan de casa sin avisar [en el caso de internas]… Recuerdo que una trabajadora del hogar me contaba que trabajaba en una casa en la que la nevera tenía candado y solo podía acceder a ella cuando los empleadores querían. A veces vigilan también sus estancias y sus pertenencias. Son herramientas de humillación que sirven para situar la posición de subordinación de estas trabajadoras”, apunta Paniagua. 

En este sentido, la penalista María Acale, de la Universidad de Cádiz, recuerda que el delito de maltrato doméstico, que habitualmente solo se aplica como maltrato familiar, debería aplicarse en estos casos: “La violencia sexual es solo una parte, y no siempre, del maltrato que sufren estas trabajadoras. Y el 173.2 del Código Penal no aplica solo entre familiares, sino a cualquier persona integrada en el núcleo de convivencia familiar”. 

El trabajo del hogar, un terreno que favorece la impunidad

Una de las cuestiones que apunta Pilar Guadalupe Cruz es que el hogar, al ser impenetrable, dificulta establecer límites claros, sobre todo para las trabajadoras en régimen de internas: “Se vulnera el acuerdo de forma que se van traspasando límites entre el tipo de trabajo acordado y el que luego realmente se le exige”. 

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Como expone este informe sobre violencia sexual a trabajadoras del hogar (Asociación Por Ti Mujer, 2024), no siempre ese traspaso de límites tiene carácter sexual. Por ejemplo, “una familia contrata a una mujer para el cuidado de la madre, que duerma con ella por la noche, le dé la medicación, pero termina cocinando, limpiando, lavando la ropa…”. Así se eliminan las fronteras entre lo que se le puede exigir y lo que no a la trabajadora, de forma que se ha abonado el terreno para realizar exigencias de carácter sexual, llegando incluso a naturalizar el sexo como parte de su trabajo

Por ejemplo, otro de los testimonios recogidos en el informe de Por Ti Mujer señala que el hombre mayor del que cuidaba tenía erecciones mientras lo bañaba, así que le pedía que le masturbara. “‘No me dejes así, ayúdame’, me decía”. 

A veces, este traspaso de límites, como recoge dicho informe, tiene que ver con el pantanoso terreno de la intimidad. Uno de los testimonios recogidos en el documento lo ejemplifica así: “El hijo de la señora que cuidaba me dio un regalo en Navidad, resultó que eran unas bragas rojas para la suerte. Me miró de arriba hasta abajo y dijo que estaba seguro de que había acertado con la talla. Por temor a ser despedida, y justo en Navidad, me quedé callada y las acepté”.

Algo que también ejemplifica una reciente sentencia del Tribunal Supremo al señalar que el empleador le requirió que no quería puertas cerradas en casa, por lo que no cerrase la puerta del baño cuando se duchase. En una de las ocasiones, se coló en el baño y mientras la miraba ducharse, se masturbó.

Una sentencia de la Audiencia Provincial de Cantabria, de 2016, recoge que el empleador le hacía comentarios a la denunciante del tipo “la corrida la hago gratis”, pero luego alegaba que estaba de broma. 

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Como dice Edith Espínola, una de las portavoces de SEDOAC: “Entregamos nuestra libertad por un techo y comida, en muchos casos pasamos a ser una propiedad”.

Trabajadoras del hogar: en su mayoría racializadas y migrantes

Los datos indican que gran parte de las mujeres migrantes ingresan al mercado laboral a través de servicios en el empleo del hogar y los cuidados. Es un trabajo feminizado y en gran parte desempeñado por mujeres migrantes y racializadas. Además, como apunta Pilar Guadalupe Cruz, “muchas de ellas están en situación administrativa irregular”.

El informe elaborado en 2024 por la asociación Por Ti Mujer aporta datos tan relevantes como que el 52,1% de las mujeres encuestadas (trabajadoras del hogar migrantes) refieren haber sufrido algún tipo de violencia sexual, pero que solo el 9% denunciaron. Y otro dato más: la situación migratoria administrativa es tan condicionante que fue el motivo alegado por el 45% de ellas para no denunciar. 

A pesar de la infradenuncia, según el informe, el 63% de las encuestadas indicaron que renunciaron o fueron despedidas como consecuencia de la violencia sexual sufrida.

De hecho, su situación administrativa es un estado de vulnerabilidad que a veces los empleadores usan para acometer la violencia sexual con impunidad. En uno de los testimonios recogidos por el citado informe, una de estas trabajadoras relata cómo el hombre al que cuidaba le hizo tocamientos y exigencias sexuales bajo la promesa de regularizarla. “Te hago los papeles si te portas bien conmigo”, le decía. 

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Y en la anteriormente mencionada sentencia del Supremo, los hechos probados recogen que el agresor le dijo a la víctima: “Recuerda, yo soy español y tú eres solo una negra inmigrante”

Exotización de las mujeres migrantes como forma de deshumanización

A esta deshumanización se suma un aspecto importante que mencionan tanto Tania Paniagua como Pilar Guadalupe Cruz: la exotización sexual de las mujeres extranjeras. 

Paniagua explica que hay toda una serie de mitos asociados especialmente a las mujeres latinas: “Los empleadores se escudan en que son más promiscuas, calientes, seductoras… para llevar a cabo conductas de violencia sexual, ya sea con acoso, con ofrecimientos o con comentarios”. La investigadora de la Universidad de Valladolid recuerda que hay una violencia institucional que genera un clima de impunidad: “Si una de ellas está en situación irregular y pisa una comisaría, igual le abren un expediente de deportación”.

Fuentes
  • Tania Paniagua, investigadora del Departamento de Sociología y Trabajo social de la Universidad de Valladolid
  • Pilar Guadalupe Cruz, profesora e investigadora de la Universidad Pablo de Olavide
  • Informe sobre violencia sexual a trabajadoras del hogar migrantes (Asociación Por Ti Mujer, 2024)
  • Sentencias sobre violencia sexual ejercida contra trabajadoras del hogar (CENDOJ)
  • Investigación sobre Julio Iglesias y presuntas agresiones sexuales de eldiario.es y Univisión

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