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Trump se pide la Luna: lo que hay tras el abandono de la estación lunar y su plan para una base permanente

Los deseos de Trump en la Luna | M.V.
Tiempo de lectura: 12 min

No habrá estación en órbita sino base permanente. O, al menos, eso es lo que quiere el presidente de EE.UU. Donald Trump. La NASA ha cancelado el plan para construir la estación Gateway y apuesta por una especie de colonia en la superficie lunar. Un ingeniero español, Carlos García-Galán, dirigirá el proyecto. De fondo, China avanza en paralelo con su propio programa de alunizaje tripulado para 2030 con intenciones de explorar recursos mineros.

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  • Qué ha ocurrido: La NASA anunció el 24 de marzo, durante el evento Ignition, que pausa el programa Gateway —la estación espacial que iba a orbitar la Luna— y redirige sus recursos hacia la construcción de esa base en la superficie lunar, con un presupuesto estimado de 20.000 millones de dólares.

  • Por qué (nos) importa: No es sorprendente, porque la Casa Blanca se había movido en esta dirección. Pero ahora se confirma el mayor giro estratégico del programa de exploración lunar desde su creación, en 2019. La decisión deja en el limbo la participación de socios internacionales como la ESA (Europa), JAXA (Japón) y la Agencia Espacial Canadiense, que ya tenían módulos en fase avanzada de construcción para la estación orbital.

  • La parte española: El ingeniero malagueño Carlos García-Galán ha sido nombrado program executive de la base lunar, el cargo que coordina todo el programa. Es el puesto de mayor responsabilidad ejecutiva que un español ha ocupado jamás en el programa lunar de la agencia estadounidense. “Soy vuestro hombre de la Luna”, ha señalado en la presentación, en lo que administrador de la NASA, Jared Isaacman, calificó en broma como “nuestro virrey lunar”.

El fin de Gateway: un proyecto que nació como parche

La estación Gateway llevaba más de una década gestándose. Fue concebida en los años diez como una forma de dar utilidad a la cápsula Orión y al cohete SLS tras la cancelación del programa Constelación (ligado al la Estación Espacial Internacional, entre otros proyectos). Resucitada por la primera administración Trump (Deep Space Gateway), llegó a contar con la participación de Rusia, que se cayó tras la invasión de Ucrania.

“No debería sorprender a nadie que pausemos Gateway en su forma actual y nos centremos en infraestructura que sostenga operaciones en la superficie”, ha declarado Isaacman, durante la presentación del proyecto en Washington.

  • Por qué era un reto técnico la Gateway: La integración de los módulos lunares con una estación en órbita planteaba problemas logísticos serios: los alunizadores de SpaceX (Elon Musk) y Blue Origin (Jeff Bezos) debían mantener márgenes de combustible muy precisos para ir y venir entre Gateway y la superficie. Eliminar ese paso intermedio simplifica toda la arquitectura de misiones.
  • ¿Se han quedado colgados los socios de la NASA? El módulo propulsivo (PPE) será reutilizado en una misión nuclear a Marte (SR-1 Freedom), según detalla el astrofísico y divulgador Daniel Marín en Eureka. Pero los módulos europeos, japoneses y emiratíes quedan en el limbo, con la vaga promesa de que se reutilizarán en la futura base. Isaacman ha reconocido que en algunos casos se les comunicó en “cuestión de horas”, algo que confirma la ESA. El administrador matizó que “todo el mundo está de acuerdo en que es mejor tener un astronauta en la superficie que mirando desde arriba”.
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Una base en tres fases, con firma española

García-Galán, nacido en Torre del Mar (Vélez-Málaga) hace 51 años, tiene más de 27 años de experiencia en vuelos espaciales tripulados en la NASA. Él ha desgranado en el acto de presentación el plan fase a fase del proyecto Ignition.

  • 2026-28: 25 lanzamientos, 21 aterrizajes, 4.000 kg de carga sobre la superficie. Despliegue de constelaciones de comunicaciones y observación, róveres y drones.

  • 2028: Alunizaje tripulado. Humanos pisando la Luna. Misión Artemis IV.

  • 2029-32: 27 lanzamientos, 24 aterrizajes. Torres solares, generadores de radioisótopos, róveres. Excavaciones. Misiones tripuladas semestrales.

  • 2033-36: 29 lanzamientos, 150 t en superficie. Tres módulos habitables, reactores de fisión, generadores de agua, oxígeno, hidrógeno. Capacidad de retorno de carga a la Tierra de 500 kg.

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Eduardo García-Galán

García-Galán nació en Torre del Mar (Vélez-Málaga) hace 51 años. Con más de 27 años de experiencia en vuelos espaciales tripulados en la NASA, había sido previamente subdirector del programa Gateway y responsable de integración en el programa Orión. “Soy vuestro hombre de la Luna”, proclamó durante la presentación en Washington.

La carrera con China: meses, no años

Detrás de la urgencia hay un rival que se ha ido perfilando en esta nueva carrera espacial. China prevé su primer alunizaje tripulado antes de 2030 con la nave Mengzhou y el módulo Lanyue. En paralelo, su programa de base lunar no tripulada ILRS (International Lunar Research Station) avanza con las misiones Chang’e-7 (prevista para 2026) y Chang’e-8 (2028), que probarán tecnologías de aprovechamiento de recursos lunares in situ.

“La diferencia entre el éxito y el fracaso se medirá en meses, no en años”, advirtió Isaacman. “Ellos pueden adelantarse, y la historia reciente sugiere que nosotros podemos retrasarnos”. Como explicaba el experto en misiones espaciales y divulgador Josep Calatayud en Esto no ha pasado, los recurrentes aplazamientos en las misiones lunares de la NASA tratan de evitar los errores trágicos del pasado. En los años ochenta, el volumen de misiones también era frenético y las prisas hicieron descuidar detalles técnicos que llevaron a catástrofes como la desintegración del transbordador Challenger.

Explica el astrofísico y divulgador Daniel Marín en Eureka que el nuevo plan de la NASA replica en gran medida el modelo chino: una primera fase robótica seguida de una fusión con el programa tripulado.

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¿Minería lunar? No, la carrera por el agua

El plan de la NASA menciona explícitamente la explotación de recursos locales: agua, oxígeno, hidrógeno e incluso tierras raras. Pero los expertos matizan el alcance real de esas promesas. “No tiene sentido pensar en ir, picar, recoger y traer a la Tierra”, explica a Newtral.es la astrofísica y autora de Las mil caras de la Luna Eva Villaver, subdirectora del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y miembro del comité asesor científico de la ESA. “Lo que deberíamos plantearnos es por qué hay ese interés: tiene que ver con lo geopolítico”.

La Luna no es territorio de nadie, quien primero establezca logística, telecomunicaciones y bases permanentes tendrá una ventaja competitiva

Villaver apunta directamente a la ventaja estratégica: “A pesar de que los tratados internacionales defienden que la Luna no es territorio de nadie, quien primero pone el pie y establece la logística, las telecomunicaciones y las bases permanentes, tendrá una ventaja competitiva en las próximas décadas”. El recurso clave, subraya, es algo tan aparentemente simple como el agua: sirve para generar oxígeno, como propelente y para sostener bases habitables sin depender de suministros desde la Tierra.

El Tratado del Espacio Exterior, firmado en 1967, establece que la Luna ”no podrá ser objeto de apropiación nacional”. Sin embargo, los Acuerdos de Artemis de 2020, firmados ya por más de 60 países, permiten la extracción de recursos, una interpretación que varios juristas consideran controvertida. Pero en la que a juicio del astrobiólogo César Menor Salván (UAH y excolaborador de GeorgiaTech-NASA), China tiene planes muy serios.

La siguiente fase de la carrera espacial será por el descubrimiento de vida extraterrestre. Pero, a juicio de Menor Salván, la Luna no resulta tan prometedora como Marte, donde apenas hemos explorado una fracción ínfima de su superficie y siempre con misiones orbitales y robóticas. En el imaginario de Trump, desde el primer mandato, la Luna, nuevamente, se plantea como trampolín para llegar a Marte. Pero para ello nos plantamos en los años treinta.

¿Llegará Trump a ‘pisar’ la Luna antes de irse?

La orden ejecutiva firmada por Trump en diciembre de 2025, titulada Ensuring American Space Superiority, enmarca la Luna como un asunto de “prioridad nacional” antes que de exploración científica. Ahí ya se hablaba de esa base permanente para 2030. Vincula expresamente el programa lunar con el desarrollo de tecnologías antimisiles y la capacidad de detectar amenazas en el espacio cislunar.

Como señala un análisis de Esther Brimmer, del Council on Foreign Relations, la política lunar de Trump “busca restablecer el dominio estadounidense”, pero adolece de contradicciones: la misma administración que exige plazos ambiciosos propuso recortar el presupuesto de la NASA un 24% (un 47% el del área científica).

Por eso, la gran incógnita es si la NASA puede ejecutar un plan tan ambicioso en los plazos propuestos. Como señala Marín, ”primero tendremos que esperar a que el núcleo del programa Artemis se consolide y deje de cambiar cada semana”. Artemis II, la primera misión tripulada que orbitará la Luna desde 1972, está programada para el 1 de abril de 2026. El primer alunizaje, ahora previsto como Artemis IV, en 2028.

“Ir a la Luna sigue siendo difícil, costoso y peligroso con humanos”, resume Villaver. “Lo que no podemos dejar es que la Luna, que es un satélite de todos, acabe en manos de unos pocos. Y eso le corresponde a los gobiernos: generar leyes que protejan un bien de todos y para todos”.

Fuentes

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