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Teléfono roto entre la Moncloa y el Palau
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Teléfono roto entre la Moncloa y el Palau

Quim Torra le reprocha a Pedro Sánchez que no le coja el teléfono, mientras crece la tensión institucional a tres semanas de las elecciones generales | Foto de María Cuadrado (Moncloa)

Intercambio epistolar, llamadas sin responder y puentes -aparentemente- dinamitados. La semana posterior a la sentencia del ‘procés’ arranca marcada por la comunicación inexistente entre el president de la Generalitat, Quim Torra, y su homólogo en funciones en el Gobierno, Pedro Sánchez. El lunes, además, Sánchez visitó Barcelona durante apenas dos horas y media sin acceder a reunirse con Torra, como le había pedido este último por carta. 

Las partes cruzan críticas; Sánchez insiste en que el president catalán haga una condena explícita de la violencia y pide a la oposición que no deje solo al Gobierno en funciones y Torra deplora que Moncloa no le coja el teléfono. En una declaración oficial, Torra ha dicho que ya le ha intentado contactar durante cuatro días seguidos. «La irresponsabilidad es creciente». La portavoz del Gobierno en funciones, Isabel Celaá, ha asegurado que «no hay ambiente» para un encuentro antes de las elecciones.

Lo más importante

La tensión entre los principales interlocutores políticos de Barcelona y Madrid crece a medida que se acercan las elecciones generales del 10 de noviembre. Y con ella, una vez más, se construye ese manido concepto tan recurrente en la política de los últimos meses: el relato. El Govern lamentó este martes en el gabinete de seguimiento de la crisis catalana la “oportunidad perdida” que representa a su juicio la visita de Sánchez del día anterior. Torra, en una entrevista difundida en la noche del lunes por CNN, afirmó: “A mí no me representa la violencia, en absoluto, y la condeno. Es más, esto podría entorpercer nuestro camino hacia la independencia”.   

Por su parte, Sánchez defendió que “el Gobierno hace lo que tiene que hacer” y que lo está haciendo solo. Su visita a la Jefatura Superior de Policía de Catalunya y a los agentes ingresados en los hospitales Sagrat Cor y Sant Pau suscitó protestas en los pasillos, además de una concentración paralela frente a la Delegación de Gobierno en Barcelona. Analistas consultados por El Confidencial sostienen que estos abucheos no tienen por qué dañar la candidatura de Sánchez en el 10N: “Le ayudan como candidato porque quienes le insultan son los separatistas, no los suyos”, advierte Narciso Michavila, presidente de GAD3.

¿Cuál es el contexto?

El independentismo y la oposición condenan por igual la postura de Sánchez. El presidente del PP, Pablo Casado, se separó de la teoría del “apaciguamiento” y el diálogo, e instó al presidente en funciones a aplicar la “ley y el orden”. La portavoz de Ciudadanos, Inés Arrimadas, consideró que Sánchez está haciendo “el paripé” al no coger el teléfono a Torra y ha atribuido esta postura a un interés electoralista: “Que se deje de jueguecitos, lo que tiene que hacer es romper los acuerdos que tiene con ERC y JxCAT”. 

El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias, también culpó a Sánchez de hacer electoralismo con la crisis catalana en una entrevista con eldiario.es, y añadió que su “obligación es responder” a las llamadas del president de la Generalitat. La portavoz de JxCAT en el Congreso, Laura Borràs, condenó tener un presidente “sordo, ciego y no mudo” que está “apagado o fuera de cobertura”. 

¿Qué hay que tener en cuenta?

El hecho de que Torra y Sánchez no se hablen no implica que no exista comunicación alguna entre Madrid y Barcelona. La Razón revelaba el lunes el canal abierto entre la vicepresidenta en funciones, Carmen Calvo, y el vicepresident de la Generalitat, Pere Aragonès. Eldiario.es asegura que se trata de “un intercambio breve e infructuoso de whatsapps”. Torra afirma de que Aragonès le informa puntualmente de cada comunicación, por lo que no hay «ninguna crisis en el Govern».

El líder del PSC, Miquel Iceta, admitió el martes que esos contactos con Aragonès existieron: “Es verdad que hay relaciones más fluidas con algunos dirigentes de ERC” que con Torra. Y explicó que tienen que ver con “la negociación que se produjo hace unos meses, que pasó por Pedralbes y que después se truncó en el momento de aprobar los presupuestos”, lo que no llegó a suceder, aunque dejó algunos lazos.

#Fact 

Durante la crisis en Cataluña del otoño de 2017, la comunicación tampoco fue el fuerte de Mariano Rajoy y Carles Puigdemont, que coincidieron físicamente solo en tres ocasiones durante 2017 (en una reunión discreta en enero, en el Salón Automobile de Barcelona en mayo, en la manifestación de repulsa de los atentados en agosto y se reprocharon mutuamente la poca voluntad de acercar posturas. Ello obligó a contar con intermediarios como el lehendakari vasco, Iñigo Urkullu, y el diálogo entre la exvicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y su entonces homólogo catalán, Oriol Junqueras.

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