El descarrilamiento y posterior choque entre dos trenes ocurrido el pasado domingo en las proximidades de Adamuz (Córdoba) —que ha provocado la muerte de más de 40 personas— y el reciente accidente de un tren de Rodalies registrado en Gelida (Barcelona) —donde ha fallecido el maquinista— han encendido el debate sobre si existe un aumento de la siniestralidad en el ferrocarril español.
A falta de los últimos informes anuales elaborados por la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios (CIAF) y la Agencia Estatal de Seguridad Ferroviaria (AESF), que revelarán los accidentes registrados a lo largo del 2025, los datos recopilados entre 2013 y 2024 apuntan a un incremento de la accidentalidad en términos absolutos. No obstante, conviene poner en contexto este crecimiento —como se hace más abajo—, habida cuenta de la liberalización de la alta velocidad y el consiguiente aumento del tráfico ferroviario.
Si se analizan los datos notificados a la Comisión de Investigación de Accidentes Ferroviarios en los últimos años, se observa que los accidentes registrados en 2023 y 2024 son prácticamente el doble que diez años antes. Aun así, el siniestro más grave sigue siendo el ocurrido el 24 de julio de 2013 en la curva de Angrois (Santiago de Compostela), donde 80 personas perdieron la vida como consecuencia de un descarrilamiento.
La Agencia Española de Seguridad Ferroviaria también elabora estadísticas de siniestralidad en el ferrocarril. En concreto, sus informes anuales se centran en lo que se conoce como “accidentes significativos”, un estándar europeo que recoge aquellos casos en los que está implicado al menos un vehículo ferroviario en movimiento y el accidente haya provocado algún fallecido o herido grave, o bien que se produzcan graves daños en el material o infraestructura.
Si se atienden a estos datos, el año con más accidentes significativos fue el 2023, mientras que en 2024 se observó una disminución que la AESF atribuye en su informe anual a una reducción de los accidentes de personas y en paso a nivel. Esto también hizo caer la tasa de accidentes significativos respecto al tráfico ferroviario ese año. Para conocer si esa tendencia a la baja iniciada en 2024 continuó en 2025 habrá que esperar al próximo informe anual de la AESF, que aún no ha sido publicado.
Aunque estos datos absolutos de accidentes permiten hacerse una idea del volumen de la siniestralidad, hay que tener en cuenta que el tráfico ferroviario ha crecido notablemente en los últimos años, sobre todo tras la liberalización de la alta velocidad española en 2021, que abrió la puerta a operadores privados como Iryo o Ouigo. Por esta razón, conviene medir no solo los accidentes registrados cada año, sino también la tasa que dimensiona estos accidentes en relación con el tráfico ferroviario, que se mide en millones de trenes-kilómetro.
Estos datos apuntan a que la tasa de accidentes significativos es sensiblemente mayor en los años posteriores a 2019. Además, la media móvil —que establece el promedio en los cinco años inmediatamente anteriores y que también se utiliza para evaluar la siniestralidad— ha crecido sin cesar desde el año de la pandemia.
Otro indicador para considerar la gravedad de los accidentes de ferrocarril son los fallecidos y heridos graves. Según los datos de la AESF, 2013 fue el año con más víctimas mortales y heridos graves como consecuencia de la tragedia de Angrois.
Por último, si se compara la evolución de la tasa de accidentes ferroviarios de España con países de su entorno como Italia, Francia o Alemania, los datos ofrecidos por la Agencia Europea del Ferrocarril señalan que el número de accidentes significativos por cada millón de trenes-kilómetro en el país ibérico es mayor a partir de 2018. Estos datos también figuran en el Informe Anual del Observatorio del Transporte y la Logística en España.
No obstante, según datos de 2024, España se sitúa en el 17º puesto de países europeos en función de su tasa de accidentes ferroviarios, por debajo de la media europea, y presenta una siniestralidad menor que países como Portugal, Suecia o Grecia. El país europeo con mayor tasa de accidentes ferroviarios en ese año fue Estonia, seguido de Letonia, Bulgaria y Rumanía.
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