Escucha el capítulo T3×17: ‘La luna que nunca existió’
Eva Villaver (Palencia, 1973) es astrónoma y lunática profesional. Subdirectora del Instituto de Astrofísica de Canarias, es autora de Las mil caras de la Luna (Harpers Collins, 2019). Fue investigadora postdoctoral en la NASA y ahora mira como la agencia estadounidense ha desempolvado sus ambiciones lunares “sin los soviéticos enfrente, pero con nuevos actores privados”. La nueva carrera espacial mira adonde siempre, nuestra Luna. Pero como un trampolín para ir a Marte y como fuente de recursos. ¿Ambiciones científicas? También. “Todavía quedan muchas incógnitas”. Y una buena cantidad de mitos orbitando a nuestro satélite que un 11% de ¿lunáticos? creen que nunca pisamos.
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PREGUNTA. Todo lo de estos días nos ha recordado a la épica de las Apolo. ¿Qué hay de nuevo en Artemis?
RESPUESTA. La estructura es básicamente la misma: primero pruebas, luego vuelos tripulados y finalmente alunizaje. Lo que ha cambiado es que ahora tenemos tecnología mucho más avanzada y una visión diferente. Cuando se fue con las Apolo había un contexto geopolítico muy de Guerra Fría y lo que se intentaba era llegar los primeros. Ahora lo que se intenta con las Artemis es establecer bases permanentes, ir para quedarse. Ese foco cambia completamente el problema.
P. Y antes la carrera era entre grandes potencias estatales; ahora hay otros actores, como Elon Musk o Jeffe Bezos. ¿Cuánto pesa este factor?
R. Son modos de funcionar completamente diferentes. Es una nueva economía donde lo privado irrumpe, y lo privado se mueve por parámetros distintos a lo público. Lo público tiene más una visión de bien común y lo privado, de beneficio. Ahora, lo privado es más rápido en determinados aspectos, asume más riesgos. Las grandes agencias espaciales públicas tienen procedimientos más establecidos, están más burocratizadas. Si en algo puede ayudarnos la irrupción del nuevo espacio es en ver si a lo mejor se pueden asumir un poquito más de riesgos para agilizar el acceso al espacio y que se vea desde una percepción más pública de lo que se ve hoy con la irrupción de estos grandes magnates.
P. Uno de estos actores privados ha dicho que quiere poner bases construidas por robots en la Luna. ¿Ciencia ficción?
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R. Eso no es nuevo. Para construir en la Luna no podemos llevarnos el material. Hay que pensar de manera diferente: tenemos impresión 3D, tenemos material en la superficie lunar, que es el regolito. Los humanos podemos perfectamente plantear misiones con impresoras 3D capaces de construir absolutamente cualquier pieza. No es algo tan de ciencia ficción.
P. ¿Y la minería lunar?
R. No tiene sentido si pensamos en ir, picar, recoger y traer a la Tierra. Lo que deberíamos plantearnos es por qué hay ese interés, y tiene que ver con lo geopolítico. A pesar de que los tratados de espacio defienden que la Luna no es territorio de nadie, quien primero pone el pie y genera logística, telecomunicaciones, bases permanentes… va a tener una ventaja competitiva en la economía circular de las próximas décadas. Y el recurso en juego es algo tan simple como el agua: sirve para generar oxígeno, hidrógeno, para mantener bases permanentes y como propelente para que no haya que traerlo desde la Tierra. Eso es lo que está en juego: poner el pie en la puerta.
La carrera por la explotación de recursos en la Luna
En la superficie lunar se han identificado agua en forma de hielo en los polos, dentro de minerales descubiertos por China, hay tierras raras, metales del grupo del platino y, sobre todo, helio-3. Este último es un isótopo no radiactivo depositado por el viento solar que podría alimentar reactores o enfriar computadoras cuánticas. La startupInterlune ya tiene un prototipo de excavadora capaz de procesar 100 toneladas de regolito por hora- La firma finlandesa Bluefors le ha firmado un contrato de compra de helio-3 lunar valorado en 300 millones de dólares. La mitad de las 450 misiones lunares previstas hasta 2033 son comerciales.
Pero el recurso que más cambia el tablero es el agua. ”Sirve para generar oxígeno, para mantener bases permanentes y como propelente para que no haya que traerlo desde la Tierra”, subraya Villaver. Mediante electrólisis, el hielo lunar se descompone en hidrógeno y oxígeno líquidos, combustible criogénico de alta eficiencia. Si funciona a escala, el polo sur lunar se convertiría en lo que el ingeniero George Sowers ha llamado una estación de servicio espacial.Es la estrategia ISRU de la NASA: dejar de cargar cada kilo desde el fondo del pozo gravitatorio terrestre para porder ir a Marte.
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El marco jurídico, sin embargo, va por detrás, como recuerdan Adam Urwick y Jessie Osborne (RAND Europe). El Acuerdo sobre la Luna de 1979 intentó declarar los recursos lunares patrimonio común de la humanidad, pero ninguna potencia espacial lo ratificó. Desde entonces, EE.UU., Luxemburgo, Emiratos Árabes y Japón han aprobado leyes nacionales que otorgan derechos de extracción en el espacio. Los Acuerdos Artemis de 2020, con más de 40 firmantes, fijan principios de transparencia pero no son vinculantes. “Lo que no podemos dejar es que la Luna, que es un satélite de todos, acabe en manos de unos pocos”.
P. ¿Qué es lo que no deberíamos hacer en ningún caso en esta nueva carrera por la Luna?
R. La Luna es territorio de la humanidad y como tal nos da información acerca del origen del sistema solar. Perder esa información de una Luna prístina y no tener cuidado, mancharla de manera irreversible… desde la ciencia nos arrepentiremos, porque no tenemos otra opción. No podemos tomar muestras de un cuerpo prístino del sistema solar tal y como podemos tomarlas en la Luna. Le corresponde a los gobiernos generar leyes que protejan un bien de todo el mundo y para todo el mundo.
P. ¿Ya hemos dejado suficiente basura allí?
R: Muchas bolsas de basura, róveres, pelotas de golf, fotografías… Todo lo que llevaron las misiones Apolo se ha quedado allí. Y todas las misiones que se han estrellado.
P. ¿Qué nos queda por saber de la Luna?
R. Aunque la Luna está aquí al lado, solo la hemos tocado en puntos muy limitados. Las misiones que han recogido muestras se reducen a una fracción del territorio muy, muy limitada. Y luego hay procesos físicos de superficie que estamos empezando a entender. Por ejemplo, el viento solar: al no haber atmósfera, impacta directamente. A nosotros nos protegen un campo magnético y una atmósfera, cosa que no ocurre en la Luna. Ese impacto continuado de partículas y micro meteoritos produce fenómenos que todavía estamos aprendiendo a entender. No son misterios: son oportunidades para la ciencia.
Ahora mismo estamos aprendiendo que tiene muchos más terremotos de los que debería si se hubiese enfriado como esperábamos. No entendemos bien por qué perdió su campo magnético. Las misiones en la cara oculta han detectado actividad geológica relativamente reciente —hablamos de millones de años—, y eso es algo que no esperábamos.
Tres mitos sobre la Luna
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P. ¿Es verdad que la Luna llena altera el sueño?
R. Es verdad en el sentido de que toda la vida en la Tierra está modulada por los ciclos de luz. Somos seres sensibles a la luz, nuestras hormonas del sueño están moduladas por la cantidad de luz que recibimos. Cuando hay luna llena recibimos mucha más luz en la noche, con lo cual no sorprende que el sueño se vea alterado, sobre todo cuando tenemos ciclos de sueño delicados. Lo que es más difícil de creer es que ese efecto se note en las ciudades, donde estamos expuestos a una contaminación lumínica increíblemente terrible. Y aquí lanzo una lanza por proteger el cielo nocturno: tenemos que apagar un poquito más de luces para dormir mejor. Será bueno para nuestra salud y podremos ver mejor las estrellas.
P. ¿Es verdad que hay más partos durante la luna llena?
R. No. Coges las estadísticas de partos de los hospitales, haces una correlación con las fases de la Luna y los números desmienten esa percepción humana. Es básicamente una leyenda urbana.
P. ¿Es verdad que es mejor sembrar atendiendo a la fase lunar?
R. Eso es otro mito. Lo que pasa es que es muy difícil de probar desde la ciencia, porque depende de muchas variables: el agua de ese año, la del año anterior, muchos factores. Es muy difícil falsear esa medida.
P. ¿Con qué leyenda lunar sí deberíamos quedarnos (literariamente hablando)?
R. Todas las leyendas nos han proporcionado una explicación de la realidad que en su momento la ciencia no podía darnos. No debemos despojarnos de ellas para simplemente decir que no sirven de nada. Son magia, y tenemos que verlas como tal. Los seres humanos nos nutrimos de la literatura, de los cuentos, de las leyendas. La ciencia no viene a decir que eso se tiene que acabar. La ciencia dice: mira, hay una explicación mejor, pero deja todas estas leyendas en su lado humano y bonito. No pasa nada.
Escucha la entrevista completa en ‘Esto no ha pasado’:
Créditos del capítulo > Dirección y diseño sonoro: Mario Viciosa | Producción: Laura Huete | Imagen: Ximo Ferrández y J.A. Trinidad
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