Interesa

Es un mito que perdamos neuronas sin que nazcan nuevas, pero hay hábitos que complican su ‘reemplazo’

María Llorens-Martín, neurobióloga especialista en neurogénesis | J.A. Trinidad
María Llorens-Martín, descubridora de neurogénesis en nonagenarios | J.A. Trinidad
Tiempo de lectura: 6 min

Durante décadas, la neurociencia asumió que nacíamos poco menos que con todas las neuronas que íbamos a tener. Hoy sabemos que no es así: el cerebro humano sigue generando neuronas nuevas (neurogénesis) incluso pasados los 90 años. Pero ese proceso es frágil. Y algunos hábitos cotidianos lo dañan más de lo que pensamos.

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Así empezó a caer el mito

Las primeras evidencias en contra llegaron en 1962, cuando Joseph Altman inyectó timidina tritiada en ratas adultas y observó que se acumulaba en células con forma de neurona en el hipocampo. En humanos, la prueba llegó en 1998: un equipo liderado por Peter Eriksson demostró neurogénesis en el hipocampo adulto.

“Es un dogma que ha costado mucho derribar”, reconoce María Llorens-Martín, directora del Laboratorio de Neurogénesis Hipocampal Adulta del CBMSO (CSIC-UAM). “Llevamos muchas décadas demostrando que esto no es así, al menos en algunas regiones del cerebro”.

“No todas nuestras neuronas se regeneran, pero sabemos que hay regiones específicas que sí mantienen esta capacidad”, matiza Llorens-Martín.

  • Por qué es importante. La neurogénesis adulta no es sólo una curiosidad biológica. Las neuronas que nacen en el hipocampo participan en la formación de nuevos recuerdos y en la regulación del estado de ánimo. Cuando este proceso se daña, la memoria y la salud emocional se deterioran. Estudiar esto es clave en personas de edad avanzada con riesgo de desarrollar demencia u otras patologías del cerebro.
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La española que demostró que a los 90 siguen naciendo neuronas

El equipo de Llorens-Martín publicó en 2019 un estudio en Nature Medicine que identificó miles de neuronas inmaduras en el hipocampo de personas sanas de hasta 90 años. El hallazgo fue posible gracias a un protocolo mejorado de procesamiento de tejido post mortem que otros laboratorios no habían aplicado. Es decir, a partir de donantes de cerebro, tras su fallecimiento.

Otro estudio publicado en Nature, en febrero de 2026, por el grupo de Orly Lazarov (Universidad de Illinois Chicago) ha confirmado estos hallazgos con secuenciación de célula única aplicada a casi 356.000 células de 38 cerebros humanos.

Así dejan de nacer neuronas según cada mal del cerebro

El laboratorio de Llorens-Martín ha demostrado que cada patología neurodegenerativa genera una alteración distinta en las etapas de maduración de las neuronas nuevas. “No encontramos las mismas alteraciones en un paciente con alzhéimer que en uno con ELA”, explica. “Es como si hiciéramos una foto fija de una población: contamos cuántos niños hay, cuántos adolescentes, cuántos adultos. Ese perfil cambia dependiendo de la enfermedad”.

En alzhéimer, la caída en la producción de neuronas es drástica, incluso en pacientes más jóvenes que en sanos de mayor edad. La enfermedad de Alzheimer es algo más que la muerte de neuronas que se reemplazan, pero es una consecuencia evidente. En esta dolencia se observa una acumulación de restos de proteínas basura (ovillos y filamentos), así como inflamación. Hay un ambiente tóxico para que se pueda dar el nacimiento y crecimiento de nuevas neuronas.

¿Podríamos sembrar en cerebros enfermos neuronas criadas en laboratorio?

La tentación de “sembrar” neuronas nuevas en un cerebro enfermo choca con una realidad que Llorens-Martín subraya: “Todavía no sabemos por qué ese cerebro empieza a marchitarse. No sabemos cuál es ese clic que ocurre, probablemente fuera del cerebro, a nivel sistémico”.

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En párkinson, los intentos de trasplantar neuronas a las zonas dañadas no han funcionado. “Esas neuronas no sobreviven porque el ambiente, tanta inflamación, tantas alteraciones vasculares… hace que las células que llegan no puedan establecer nuevas conexiones”.

Antes de pensar en terapias regenerativas hay que entender por qué el entorno cerebral se vuelve hostil. “Es esencial que podamos frenar ese deterioro antes de poder pensar en poner ahí una nueva neurona”, concluye Llorens-Martín. Las neuronas siguen naciendo. El reto es que el barrio en el que llegan les permita echar raíces.

Hábitos y Neurogénesis

Impacto del estilo de vida en la creación de nuevas neuronas en el hipocampo adulto.

Lo que daña la neurogénesis

Alcohol (incluso moderado)

El consumo interfiere gravemente en la proliferación celular. Se ha observado daño estructural severo en neuronas nuevas incluso con consumos considerados sociales.

-66%

Estrés Crónico

El cortisol elevado y sostenido disminuye drásticamente la proliferación de células madre en el hipocampo, afectando tanto la creación como la supervivencia neuronal.

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-50%

Sedentarismo y Aislamiento

La falta de ejercicio y de interacción social priva al cerebro de los estímulos necesarios para mantener la tasa base de producción de nuevas neuronas.

-40%
Lo que la favorece

Ejercicio Físico

Es el factor con evidencia más contundente. El ejercicio aeróbico aumenta masivamente la proliferación de precursores neuronales en el hipocampo y el volumen de la región.

+150%

Interacción Social

Estar en un entorno socialmente enriquecido no solo fomenta la creación de nuevas neuronas, sino que es vital para asegurar que estas sobrevivan y se integren al circuito neuronal.

+70%

Estimulación Cognitiva

Aprender cosas nuevas y enfrentar retos mentales actúa como un «salvavidas» para las neuronas recién nacidas, rescatándolas de la muerte celular programada.

+50%

Fuentes

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