Fact Fiction

La casa Gucci: lo que hay detrás de este thriller familiar a la italiana

La casa Gucci
Tiempo de lectura: 8 min

La trama de La Casa Gucci es tan compleja que sorprende que ningún director la hubiera llevado a la gran pantalla antes que Ridley Scott. Sin embargo, la historia sí había sido contada antes en papel: de la prensa y los tabloides italianos, y el de un libro, La casa Gucci. Una historia sensacional de asesinato, locura, glamour y avaricia, de la periodista Sara Gay Forden (2001), en el que se basa la película.

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Forden cubrió la industria italiana de la moda en los años 90. Como no, Gucci era uno de los puntos principales de su trabajo diario, como cuenta en una entrevista para Daily Beast. Con el conocimiento adquirido durante esta etapa y gracias a varias entrevistas con miembros de la familia y la empresa, su libro relata la historia de esta reconocida marca, pero también los más y los menos de quienes la fundaron.

De aquí bebe La Casa Gucci, que retrata desde las luchas fraticidas por el control de la empresa, hasta el asesinato de su heredero y último miembro de la famiglia que dirigió la compañía: Maurizio Gucci (Adam Driver, en el filme). ¿Pero realmente fue este culebrón familiar el único culpable de los problemas de la firma y de la salida del clan de la compañía?

La casa Gucci: un asunto de famiglia

Como otras reconocidas marcas de alta costura (Coco y Channel, Gianni y Versace, o Christian y Dior), la Casa Gucci se fundó sobre la figura de su primer diseñador y creador: Guccio Gucci, que en 1921 inició en Florencia un negocio de maletas de piel de lujo.

Cuando el filme de Ridley Scott comienza, la compañía italiana ya está liderada por la segunda generación. Los hijos de Guccio, Aldo (Al Pacino) y Rodolfo Gucci (Jeremy Irons), se encargaron de expandir el negocio tras la muerte de su padre en 1953. Falta un hermano, Vasco Gucci, que falleció en 1947. 

Sin embargo, el conflicto entre facciones familiares toca su punto álgido tras la muerte de Rodolfo en 1983, cuando su hijo y uno de los protagonistas de la película, Maurizio Gucci, hereda el 50% de la compañía e inicia una campaña para concentrar bajo su batuta la otra mitad de las acciones, en manos de su tío Aldo y su primo Paolo (Jared Leto).

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Maurizio nunca logró su objetivo y, de hecho, acabó siendo el último miembro de la dinastía Gucci en formar parte activamente de la empresa. En 1993 se ve obligado a vender su parte de Gucci a la financiera árabe Investcorp, que ya había comprado las acciones de Aldo y Paolo en 1988. Poco después, en 1995, Maurizio es asesinado por un sicario contratado por su exesposa, Patrizia Reggiani (Lady Gaga), sobre la que se edifica la película.

Los 80, una época convulsa para la moda

Pese a que el filme se centra en los conflictos familiares dentro de Gucci, la realidad es que, paralela a la lucha de poder interna de la firma, en la calle se estaba viviendo una revolución cultural y social que afectó a la imagen y a las ventas de la marca, como resalta a Newtral.es Ana Llorente, profesora del Grado de Diseño de Moda y el Grado de Gestión y Comunicación de Moda de la Escuela Universitaria de Diseño, Innovación y Tecnología (ESNE/UCJC).

“Es verdad que hubo rencillas familiares, pero como en otras firmas. Lo que hay que tener en cuenta es que a finales de la década de los 80 la industria se da cuenta de que es necesario un cambio, pero Gucci no lo ejecuta”, subraya la experta.

En los 70s y primeros años de los 80s, “la moda se centra en el hedonismo, la hipersexualización y el culto excesivo al cuerpo”, resalta la experta, quien asegura que “la cultura del consumismo propicia un momento tremendamente álgido para la moda”. Este contexto sí se manifiesta en el personaje de Patrizia, con sus looks excéntricos, ceñidos y llenos de logos.

No obstante, para Llorente, el punto de inflexión es la pandemia del SIDA que azota el mundo a partir de la segunda mitad de los 80s y que “lo cambia todo”, en sus palabras. Italia, por ejemplo, pasó de 198 casos nuevos de esta enfermedad en 1985, a más de 3.000 en 1990 y más de 5.000 en 1995, según datos de Eurostat. El SIDA tuvo un gran impacto en el mundo de la moda, llevándose por delante a importantes figuras como el diseñador Perry Ellis o el fotógrafo Bill Kings.

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“El sector se da cuenta de que tiene que cambiar el tono para acompañar este shock psicosocial. Empieza a apostar por el minimalismo, la pureza, los mensajes de inocencia y los looks más aniñados”, relata Llorente, quien señala que “Gucci no supo adaptarse a ese nuevo aire”. “El hecho de que la firma estuviera más preocupada por sus rencillas estructurales que por el nivel creativo y por tomar el pulso a la calle pudo contribuir al desgaste de esos años”, añade.

Qué hacer con la marca cuando desaparece el diseñador originario

La Casa Gucci cuenta, desde el extremo más dramático, otra encrucijada en la que varias compañías familiares se vieron inmersas en la segunda mitad del siglo XX: la sucesión de su diseñador original.

En su conferencia Alta Costura, Alta Cultura (1974), el filósofo francés Pierre Bourdieu compara el relevo de Coco Chanel al frente de su firma con el relevo de Charles de Gaulle al frente de Francia. En esta reflexión, Bourdieu destaca la dificultad de cambiar la cabeza pensante en un “campo, como es el caso de la creación artística y literaria, donde las personas (los diseñadores) son radicalmente insustituibles”. “¿Cómo reemplazar a Jesús? ¿Cómo reemplazar a Picasso? Es algo inconcebible”, asevera el filósofo.

Así, la muerte y necesaria sustitución de los diseñadores-fundadores de las grandes firmas sin romper la identidad de la marca supone, en palabras de Llorente, “la última fase de la transmutación” de este tipo de compañías dentro de la industria. 

Gucci no fue la única que tuvo que enfrentarse a este mal trago (o bueno, pues el primer desfile de Tom Ford para la marca italiana en 1994 fue todo un éxito, como bien retrata la película). También lo hizo Dior, que tras la muerte de Christian Dior, en 1957 dio a su discípulo Yves Saint Laurent las riendas. Por su parte, tras fallecer Coco Chanel en 1971, su firma homónima pone al frente de la dirección creativa a Gaston Berthelot.

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El fin de las dinastías: de la casa familiar Gucci al reinado de los conglomerados

Sobre la sustitución de los padres fundadores de estas grandes casas de la moda, Llorente puntualiza que, “en la mayoría de los casos, había herederos que podían mantener el nombre de la familia dentro de la marca, pero casi siempre son sustituidos”.

“Las firmas acaban siendo absorbidas por conglomerados de marcas de lujo”, aclara la experta, quien ve un ejemplo perfecto en el fin de la dinastía Gucci con su tercera generación, personificada en Paolo y Maurizio.

En la película este momento se vive como un hecho traumático, casi impensable, pero la realidad es que “no era algo pionero, sino una práctica que se estaba produciendo en paralelo en otras marcas”. Givenchy, por ejemplo, fue adquirida en 1988 por el grupo LVMH, el mismo año que Investcorp se hizo con el 50% de Gucci.

¿Y la opinión de la auténtica casa Gucci de la película?

Por lo que respecta a la opinión de Gucci de la película de Ridley Scott, hay que tener en cuenta que, como se ha explicado anteriormente, hay dos visiones: la de la familia y la de la marca.

La primera, por su parte, se ha sentido “verdaderamente decepcionada”, como informó Patrizia Gucci, prima segunda de Maurizio Gucci, a Associated Press.  “Están robando la identidad de una familia para obtener ganancias, para aumentar los ingresos de Hollywood”, criticó “en nombre de toda la familia”. Por su parte, Patrizia Reggiani declaró a la agencia italiana ANSA que está “algo molesta” con que Lady Gaga la interprete en la película “sin siquiera haber tenido la sensibilidad de venir y encontrarse conmigo».

La marca, sin embargo, ha colaborado activamente en la producción del filme. No solo ha puesto a disposición de la película el vestuario de la Fundación Gucci, si no que ha prestado a un casi irreconocible Jared Leto, cara principal de su última campaña, para que la coprotagonice. Esta buena predisposición a sacar a relucir los trapos sucios de su familia fundadora no debería sorprender, sobre todo si se recuerda que Tom Ford diseñó unas esposas de plata que fueron expuestas en en varias tiendas de Gucci la misma semana de 1988 que Patrizia Reggiani fue detenida por el asesinato de su exmarido.

Fuentes:

  • Ana Llorente, profesora del Grado de Diseño de Moda y el Grado de Gestión y Comunicación de Moda de la Escuela Universitaria de Diseño, Innovación y Tecnología (ESNE/UCJC)
  • Kering, conglomerado del que forma parte Gucci
  • Hemeroteca de El País
  • Hemeroteca de Los Ángeles Times
  • Associated Press
  • Eurostat
  • Conferencia Alta Costura, Alta Cultura (1974) de Pierre Bourdieu