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Ginés-Palomares, el ingeniero español que quiere pavimentar una futura base en la Luna

Juan Carlos Ginés-Palomares, creador de pavimentos para la Luna | TUB
Juan Carlos Ginés-Palomares, creador de pavimentos para la Luna | TUB
Tiempo de lectura: 9 min

En un giro no tan inesperado, Donald Trump anunció que su máxima prioridad en la Luna es crear una base permanente antes de acabar su mandato, a poder ser. Mucho que construir, en poco tiempo y en un territorio hostil. Aunque se nos venga a la cabeza en la imagen de módulos futuristas de geometrías imposibles o cúpulas de ciencia ficción, “lo primero es empezar por el suelo”. Y el suelo lunar es complicado, “porque antes que todo hay que alunizar” cargueros sin montar una polvareda. Dicho de otro modo: hay que pavimentar la Luna. Quien así lo afirma es el ingeniero Juan Carlos Ginés-Palomares.

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“El polvo lunar es muy agresivo por eso es importante pavimentar. Y se puede aprovechar el regolito para ello

Siguiendo el cliché periodístico, podríamos decir que es es español que quiere pavimentar el camino a la Luna. Pero esta vez, la muletilla es fiel a la realidad de su trabajo. “Yo creo que eso es mucho, mucho decir, pero intentamos poner nuestro… granito de arena”. Risas al otro lado de la pantalla, donde atiende a Newtral.es desde su trabajo en la Universidad de Kioto (Japón).

Ginés-Cortés lideró el proyecto PAVER de la Agencia Espacial Europea (ESA), una colaboración entre varias universidades alemanas cuyo objetivo era demostrar que se pueden fabricar losetas directamente sobre la superficie de la Luna derritiendo el regolito (la arena) con luz concentrada. “Nuestra idea inicial era pavimentar la superficie, crear una serie de carreteras para evitar que ese polvo se pueda dispersar”.

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Los resultados, publicados en Scientific Reports en 2023, demostraron que un láser de alta potencia puede fundir material similar para producir piezas encajables de unos 25 centímetros, con una resistencia a la compresión comparable a la del hormigón terrestre. Trabajos posteriores han ido dando consistencia a esta propuesta. De repente, su idea está más cerca de hacerse realidad.

Trump quiere una base lunar ya y la va a dirigir otro español ¿Se va a hacer rico Ginés-Palmares a base de pedidos urgentes? Vuelve a reír al otro lado de la pantalla. Tras unos segundos [porque la realidad es que su trabajo tiene todas las papeletas de ser ganador] sentencia: ”Lo dudo mucho. De esto, desde luego, no”. Ingeniero aeroespacial de formación, su carrera ha dado una especie de giro hacia la albañilería extraterrestre que él mismo reconoce con humor: lo que más falta hace ahí arriba, antes que cualquier tecnología sofisticada, son soladores de primera.

Radiar con láser o luz concentrada para no tener que llevar losetas

“Nuestra idea era llegar directamente a la superficie lunar, radiar con el láser, calentar el regolito localmente y que se derritiera. Una vez derretido, simplemente apagas el láser y creas la loseta por solidificación”, explica. El proceso prescinde de hornos, moldes o cualquier infraestructura pesada: se actúa directamente sobre el polvo in situ.

Proceso de fabricación de losetas derritiendo 'arena' lunar | PAVER Consortium
Proceso de fabricación de losetas derritiendo ‘arena’ lunar | PAVER Consortium

El láser fue la herramienta de laboratorio, pero el equipo siempre pensó en algo más ligero para la Luna: un concentrador solar, una especie de lupa gigante que funde el regolito directamente con luz del Sol. “No necesita convertir la energía solar en electricidad”, explica. Según los cálculos del estudio, bastaría con una lente Fresnel de unos 2,37 metros cuadrados para fabricar las losetas encajables en la superficie lunar.

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Desde Japón, mantiene una colaboración con la Universidad de Castilla-La Mancha para adaptar la técnica del láser a un concentrador solar real. “En España, si tenemos algo es sol”. La idea tiene además aplicaciones terrestres: fabricar paneles solares o estructuras en zonas desérticas con recursos mínimos.

El regolito lunar, una amenaza

El regolito lunar, ese polvo gris que cubre toda la superficie del satélite, es mucho más que arena. “Debido a que en la Luna no hay abrasión como en la Tierra, no hay lluvia, no hay viento, esas partículas están muy afiladas”, describe Ginés-Palomares. “Podrían cortar los cables de un róver (vehículo de exploración)”. Para empeorar las cosas, al carecer la Luna de campo magnético, la radiación carga eléctricamente las partículas, que se adhieren a todo lo que tocan.

Escucha el capítulo T3×16: ‘Polvo lunar’

Los astronautas de las misiones Apolo ya lo comprobaron. El polvo en suspensión olía a pólvora quemada y en tres días destrozaba los trajes. La NASA considera hoy el regolito el principal riesgo para la salud de los astronautas y los equipos en futuras misiones. Amy Fritz, investigadora de mitigación de polvo en el Centro Espacial Johnson, lo ha resumido así: “Es muy afilado. Se mete por todas partes”. Un consorcio europeo liderado por el Instituto Belga de Aeronomía Espacial trabaja en el proyecto Duster, que estudia cómo eliminar el polvo con campos eléctricos. Pavimentar las zonas críticas sería una solución complementaria.

“Estoy convencido de que el polvo va a ser de los mayores retos en una base permanente”, afirma Ginés-Palomares. La zona más crítica, según él, es donde despegan y aterrizan los aparatos. “Debido a la pluma del cohete se generan grandes nubes de polvo. Nosotros pensábamos aplicar nuestro sistema de pavimentación en esas áreas”.

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Fue en marzo de 2026 cuando la NASA anunció la construcción de una base lunar permanente y canceló los planes de la estación orbital Gateway. El ingeniero español Carlos García-Galán fue nombrado director ejecutivo del programa. La agencia plantea un despliegue en tres fases: primero misiones robóticas, después infraestructura semihabitable y finalmente módulos con socios internacionales.

Para Ginés-Palomares, la noticia ha sido un chute de motivación. “Hace un año parecía que Marte estaba por delante. Ahora han cambiado la situación y que se diga decididamente la construcción de una base nos motiva para continuar”. Él imagina una primera etapa con módulos inflables transportados desde la Tierra, y después tecnologías como la suya para construir zonas de aterrizaje y proteger esos hábitats de los micrometeoritos.

”A veces las tecnologías que parecen más simples son las más necesarias”, reflexiona. “Empezar por los fundamentos es muy importante, y en este caso la construcción va a ser fundamental”. ¿Espera ver sus pavimentos en la Luna? “Yo creo que sí. Si no es algo así, va a ser muy parecido, porque hay que crear zonas estables para despegar y aterrizar cohetes”.

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