Aunque el centro Vida Nueva, fundado por Luis Nasarre y Maricarmen Sotés, se presenta como un centro de rehabilitación para problemas de drogadicción y de salud mental, en la práctica es una casa de obediencia y control, como han denunciado varias víctimas con las que ha podido hablar Newtral.es. Una de las formas de “rehabilitar” a las chicas que ingresan es a través de la imposición de tareas que consideran propias del género femenino. Principalmente limpiar. Aseguran, además, que fueron víctimas de explotación laboral.
Las cuatro víctimas* con las que ha hablado este medio para esta pieza, todas ellas desvinculadas de este centro evangélico desde hace aproximadamente una década, coinciden en que la principal tarea “terapéutica” consiste en limpiar.
Laura, a la que su familia ingresó con 18 años por ser “una hija rebelde que salía de fiesta sin parar”, relata que limpiar se establecía como obligación diaria pero también como castigo. “Cada día se te asignaban tareas como poner la colada, hacer el desayuno, limpiar los baños… Pero si hacías cualquier mínima cosa que les pareciera mal, te ponían más tareas: las que te tocaban en el día y luego fregar todos los platos de todas las internas durante días o semanas. Recuerdo que al principio, para disciplinarme, me castigaban fregando platos sin parar solo por decir ‘jo’”.
En una reciente llamada anónima al centro Vida Nueva realizada por esta redacción, la propia responsable de Mujeres, Stella Montes, reconoce que la terapia consiste en “vivir el evangelio” y que una de las normas es “hablar sin palabrotas”. “Si se te escapa, vas a fregar los platos de la cena”, señala como ejemplo.
Sheila, a la que su familia ingresó con 17 años “por no estudiar y ser desobediente según ellos”, asegura que “nunca ha habido terapia real, la terapia de las internas consiste en limpiar, limpiar, limpiar y limpiar sobre limpio”. “Cuando no había nada que limpiar, nos mandaban a limpiar las manchas de las paredes o a arrancar malas hierbas”, añade. Laura señala que el bombardeo ideológico era constante: “Había una chica que hablaba sola, estaba fatal. La hacían limpiar todo el rato. Y decían: ‘Con la obediencia se va a poner bien y la obediencia está en lo pequeño, como limpiar”.
“Teníamos que limpiar y limpiar y, cuando acababas, volvías a empezar, todos los días. Decían que cuando Dios nos diera un hogar, así sabríamos mantenerlo limpio”, recuerda Mónica, a la que su madre ingresó con 22 años por consumo habitual de cannabis. Cuando confesaba algún pecado, por ejemplo, haberse masturbado, también la obligaban a limpiar. “Me decían que era para limpiar mi corazón”.
Cuando se quería intensificar el castigo de acuerdo a la gravedad del supuesto pecado u ofensa, se recrudecían las condiciones en las que se imponía dicho correctivo. Por ejemplo, según recuerda otra de las internas, Tamara, “había chicas a las que las hacían limpiar el suelo de rodillas, a veces incluso con un cepillo de dientes”. Mónica recuerda, además, cuando la despertaron en mitad de la noche “para limpiar en profundidad los baños y duchas comunes”.
En esta forma de disciplinamiento a través de la limpieza, realizar tareas también podía ser “un honor”, tal y como recuerdan las cuatro víctimas. “Las máximas responsables no solo no hacen ninguna tarea doméstica nunca, sino que servirles es un privilegio que tienes. Por ejemplo, una responsable te decía: ‘Hoy vas a lavarle el coche a Stella, mira qué suerte’. O había que plancharle la ropa y subírsela a su habitación y eso era un honor”, explica Tamara.
Presunta explotación laboral: el centro factura por el servicio pero ellas no cobran
Limpiar como forma de servilismo está tan naturalizado que acaban por extender ese trabajo al ámbito laboral formal. Es decir, desde el centro las obligan a limpiar negocios, casas y portales sin cobrar nada y a menudo sin estar dadas de alta en la Seguridad Social. Por eso las víctimas hablan de explotación laboral.
Laura no desempeñó ninguna tarea para empresas o locales externos, pero Sheila, Tamara, y Mónica sí. Sus testimonios, independientes entre sí, coinciden en que entre 2011 y 2015 limpiaron en una clínica dental en San Jorge, en la óptica Vínculo y en un hostal situado en un polígono industrial a las afueras de Pamplona, además de en “varios portales y escaleras”, aseguran las tres.
- Las tres víctimas citan el nombre exacto de las tres empresas. Hemos omitido el de la clínica dental y el del hostal por ser negocios que permanecen activos y no haber indicios de que conociesen o conozcan las condiciones de las internas.
- En el caso de la Óptica Vínculo, actualmente está cerrada. Además, era Lola Montes, hermana de Stella Montes y prima de la médica del centro María Garzón, la que ejercía de gerente en dicha óptica y la que actuó como nexo entre el negocio y el centro para la explotación laboral que denuncian las víctimas.
Desde la clínica dental reconocen a este medio que, a día de hoy, mantienen un acuerdo de “responsabilidad social corporativa con el centro Vida Nueva” y que este lleva vigente “desde hace al menos diez años”. Aseguran que pagan por el servicio de limpieza directamente al centro. A pesar de que todavía hay internas del centro que acuden a esta clínica a realizar tareas de limpieza y desinfección, aseguran desconocer por completo las posibles condiciones de explotación laboral en las que se encuentran.
Elena, una extrabajadora de esta clínica dental y exmiembro de la iglesia Vida Nueva, reconoce que fue ella la intermediaria para acometer el acuerdo de limpieza: “Mi hija estaba ingresada en el centro y sabía que llevaban a las chicas a limpiar, así que le sugerí a mi jefa que hablase con ellos [Vida Nueva]. Por aquel entonces [en torno a 2010, asegura] no sabía las circunstancias en las que tenían a las chicas. Sí sabía que no cobraban por limpiar porque nos habían convencido de que se trataba de voluntariado, a pesar de que yo pagaba por que mi hija estuviera ahí”.
Su hija Rebeca, también ya desvinculada de Vida Nueva, corrobora que limpiaba gratis en esta clínica dental y en algunos otros negocios. “Decían que éramos voluntarias porque era una cuestión de fe y también nos decían que así devolvíamos un poquito de lo mucho que ellos nos daban al acogernos. Y teníamos que hacerlo con gozo, decían, porque si no las cosas no nos iban a ir bien. Pero de voluntario no tenía nada. Yo me pasaba hasta ocho horas al día limpiando portales y diferentes negocios”.
- Rebeca también trabajó limpiando para la Óptica Vínculo pero, en su caso, sí fue dada de alta durante 24 días en total en 2009. Denuncia que, a pesar de eso, no cobró nada.
A través de una exintegrante de la iglesia, que prefiere mantenerse en el anonimato, hemos podido saber que, además de con esta clínica dental, el centro Vida Nueva mantiene a día de hoy un acuerdo de limpieza con un negocio vinculado a la hostelería —del que también omitimos el nombre al no haber indicios de que conozcan la situación de explotación denunciada—.
La exintegrante de la iglesia de Vida Nueva indica que “las internas no cobran nada por limpiar aquí”. Por su parte, el dueño de este negocio de hostelería reconoce a este medio que sí tiene un acuerdo con Vida Nueva y que se inició hace “dos o tres años”. “Fue Pilar Montes [hermana de Stella y Lola Montes, y prima de María Garzón] la que vino directamente aquí a ofrecerme los servicios de limpieza. Accedí porque me encajaba lo que ofrecían y parecía todo normal”. Reconoce que son internas del centro y que él paga por ese servicio, que incluso en una ocasión le comunicaron que aumentaban la tarifa. La factura va directamente al centro Vida Nueva.
- Lola Montes era la gerente de la Óptica Vínculo, que se hizo pasar por optometrista sin tener titulación y fue condenada a seis meses de prisión por intrusismo laboral. Era también el nexo entre el centro y dicha óptica para llevar a varias internas a limpiar sin cobrar y sin estar dadas de alta. Es hermana de Stella Montes (responsable de Mujeres en el centro) y de Pilar Montes, y prima de la médica del centro María Garzón, que públicamente afirma estar especializada en psicología clínica sin tener la titulación habilitante para ello.
Pilar Montes, nombrada por el dueño del citado negocio de hostelería, ha sido situada como gerente de una empresa de trabajo temporal por una extrabajadora de la Óptica Vínculo: “Recuerdo a Lola Montes [hermana de Pilar y entonces jefa de esta extrabajadora] decir una y otra vez que Pili era fantástica porque era gerente de una ETT y que daba muchísimo empleo a la gente y le conseguía muchos trabajos a las chicas [internas del centro Vida Nueva]”. Esta extrabajadora, que vivió todo el proceso judicial contra Lola Montes por intrusismo, sitúa a Pilar Montes como gerente de una ETT entre 2008 y 2010. “Después se jubiló, al parecer, porque Lola decía: ‘Mi hermana Pili ya se ha jubilado y ahora pasa mucho tiempo en el centro’”.
- La primera condena a Lola Montes llegó a mediados de 2012, y la sentencia firme es de principios de 2013. Tras la ratificación de la condena, abandona la Óptica Vínculo tras ser inhabilitada.
Los datos aportados por la extrabajadora de la Óptica Vínculo coinciden con la ETT que aparece en la vida laboral de Rebeca y de Mónica en los años 2008 y 2009: ambas denuncian que fueron dadas de alta en una empresa de trabajo temporal para desempeñar trabajos puntuales para otras empresas pero que no cobraron por ello. La ETT que aparece, Alta Gestión S.A. ETT, ya está extinta pero tenía sede en Pamplona.

Una víctima denuncia que se apropiaron de sus nóminas
Además de los trabajos de limpieza tanto dentro como fuera del centro sin cobrar y sin estar dadas de alta en la Seguridad Social, en ocasiones las internas sí eran dadas de alta y recibían una nómina por el trabajo realizado, aunque debían entregar una parte al centro Vida Nueva.
“Cuando ya eras algo más confiable para ellos, es decir, ya tenías la voluntad anulada, te ponían a trabajar cobrando y cotizando. Tenías que entregar una parte del sueldo al centro y el resto, en realidad, era para sufragar gastos propios. Por ejemplo, para comprar compresas, pero también para pagar tu factura del móvil o la gasolina del coche. El móvil en realidad lo tenías para que, si salías a hacer un recado para ellos, estuvieras localizable. Luego tenías que entregarlo en el centro. Y la gasolina también era para hacer recados para ellos”, relata Mónica.
Antes de trabajar gratis limpiando en diferentes negocios y portales, la vida laboral de Mónica muestra que, a lo largo de 2008 y 2009, fue dada de alta en tres ocasiones en una empresa de cátering (44 días en total) y en la mencionada empresa de trabajo temporal durante 13 días en total. A pesar de que sí estuvo dada de alta, asegura que no percibió ingreso alguno. “No sé qué cuenta bancaria dieron pero yo no vi ni un euro”. La única cuenta bancaria que Mónica recuerda haber tenido es la de estudiante: “Jamás les di el IBAN ni usé esa cuenta para nada desde que mi madre me internó en Vida Nueva”.
En 2012, Mónica comenzó a trabajar, por orden de Vida Nueva, para una de las tiendas en España (en Pamplona) de una conocida empresa de muebles y decoración. Firmó el contrato, como ha podido comprobar este medio, el 13 de enero de dicho año. Sin embargo, no es hasta marzo de 2012 cuando Mónica, en compañía de su madre, abre una cuenta bancaria a su nombre, en Caixabank. “Vino expresamente para que fuéramos a una oficina del centro de Pamplona [la 3693] y abrirme la cuenta”.
Este medio ha podido acceder a la documentación bancaria que muestra que la apertura de la cuenta bancaria se realizó el 9 de marzo de 2012, casi dos meses después de que comenzara a trabajar como dependienta en la tienda de muebles y decoración. Según los extractos bancarios, no recibe ingreso de nómina alguna hasta junio de 2012.

A partir de ahí se observa que tras cada ingreso de nómina, Mónica retira entre el 50 y el 60% en efectivo para, según asegura, “entregarlo al centro”.
Pero, ¿qué pasa con las nóminas de enero, febrero, marzo, abril y mayo de 2012? Mónica denuncia que también “Vida Nueva se apropió de esas nóminas” —como habría sido el caso “con las de la empresa de cáterin y con las de la empresa de trabajo temporal en 2008 y 2009”—.
Uno de los documentos que ha podido aportar Mónica es el referente a los datos fiscales de 2012 de la Hacienda Tributaria de Navarra. En él se observa que, en el apartado de intereses de cuentas bancarias (modelo 196), aparece que Mónica ese año tendría dos cuentas a su nombre en Caixabank. Pero ella recuerda solo una. No solo eso, desde atención al cliente de Caixabank así como el gestor de una oficina del centro de Madrid han asegurado a Mónica que nunca ha tenido ninguna otra cuenta en la entidad aparte de la que abrió junto a su madre en marzo de 2012 —según conversaciones a las que ha tenido acceso este medio—.
El IBAN de una cuenta bancaria incluye cuatro dígitos correspondientes a la oficina en la que se abre dicha cuenta. Como se ve en el documento de Hacienda de 2012, la oficina de la cuenta que Mónica no reconoce es la 5174: Ororbia, Navarra.
Esta es la oficina de Caixabank más cercana al centro Vida Nueva (Ciriza), a tan solo diez minutos en coche, y en la que actualmente Vida Nueva tiene una cuenta para recibir donaciones, tal y como consta en su memoria anual pública. Además, en esta oficina es donde Mónica hizo varias retiradas de efectivo a lo largo de 2012 para entregar el dinero a Vida Nueva tras cobrar la nómina, como se puede ver en el extracto bancario.

Con estas averiguaciones, Mónica acudió a una oficina de Caixabank en el sur de Madrid para constatar si la cuenta que le habían atribuido a ella estaba a nombre de Vida Nueva, pero el gestor le aseguró que no hay posibilidad de acceder a esa información dado que la cuenta lleva, al menos, diez años cerrada.
Fue Caixabank la que informó a Hacienda en 2012 de que ambas cuentas serían titularidad de Mónica —o, al menos, cotitular o persona autorizada—. Como explican fuentes de la Agencia Tributaria a este medio, el modelo 196 lo rellena la entidad bancaria en cuestión. Esto significa que fue Caixabank quien, en 2012, informó de que Mónica tendría participación en ambas cuentas. Caixabank asegura a día de hoy que Mónica no ha sido ni titular ni cotitular de ninguna otra cuenta que no fuese la que abrió en la sucursal 3693 junto a su madre.
Desconocemos cómo llegó la cuenta de la sucursal de Caixabank Ororbia a estar vinculada a Mónica. Lo que sí sabemos es que Mónica no percibió las nóminas de entre enero y mayo y que la segunda cuenta bancaria que le han atribuido corresponde a la sucursal de Ororbia, donde Vida Nueva tiene una de sus actuales cuentas en activo y donde Mónica tuvo que realizar varias retiradas de efectivo a partir de junio de 2012 para entregar al centro parte de su nómina.
Por otro lado, en el documento correspondiente a los datos fiscales de 2013 de la Hacienda Tributaria de Navarra, cuando Mónica ya recibía cada mes su nómina aunque luego tuviese que entregar buena parte al centro, la cuenta bancaria de Caixabank Ororbia ya no aparece.

Este medio ha intentado recabar más datos a través de la empresa de muebles y decoración en la que trabajó de enero de 2012 a enero de 2014, pero desde el departamento jurídico indican que se trata de “información protegida por la normativa vigente en materia de protección de datos y por los deberes de confidencialidad que resultan exigibles incluso tras la finalización de la relación laboral.
Este medio ha contactado con Vida Nueva para darle la oportunidad de responder a los hechos denunciados por las víctimas que mostrarían un patrón de explotación laboral. Señalan que “las limpiezas fuera del centro son una más de las actividades ocupacionales desarrolladas para la rehabilitación y la reinserción integral de las personas usuarias del mismo”. Aseguran también que estas actividades se llevan a cabo de forma voluntaria. Niegan también que haya apropiación de nóminas al indicar que quienes tienen un empleo remunerado “siempre reciben el pago de su nómina por parte de la empresa de forma directa en su propia cuenta bancaria“.
*Los nombres de Tamara, Mónica y Laura han sido modificados para preservar su identidad.
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