Fact Fiction

Soledad Deza, abogada del caso Belén: “Ser pobre y ser mujer conspiró contra su presunción de inocencia”

belén soledad Deza
Soledad Deza. | Foto: cedida.
Tiempo de lectura: 9 min

⚠️ ATENCIÓN: este artículo contiene ‘spoilers’.

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Corre el año 2014 en la ciudad argentina de San Miguel de Tucumán. Una joven de 24 años acude al hospital con un fuerte dolor abdominal. Lo que debía ser una atención médica por un aborto espontáneo se transforma en una pesadilla judicial: despierta rodeada de policías, es acusada de homicidio agravado por el vínculo y condenada a ocho años de prisión. Y esa historia real es la que plasma la película Belén, reciente ganadora del Goya a mejor película iberoamericana.

Dolores Fonzi es quien se ha encargado de dirigir y protagonizar esta película a través del papel de Soledad Deza, la abogada tucumana que defendió a Belén y a la que hemos entrevistado en Newtral para contrastar qué aspectos son reales y cuáles no en el filme como parte de nuestra sección Fact-Fiction.

Soledad Deza logró sacar de la cárcel a la joven –a quien bautizó con el seudónimo de “Belén” para proteger su anonimato— tras destapar un proceso plagado de irregularidades y un trabajo forense y policial desastroso.

Una de las escenas más crudas muestra a la policía irrumpiendo mientras Belén está siendo operada, anunciándole su detención y mostrándole su supuesto feto en una caja preguntándole si ese era su hijo. ¿Sucedió esta escena tal y como se retrata?

Sí, sucedió tal cual. Después de haberle diagnosticado un “aborto espontáneo sin complicaciones” (así se escribió su historia clínica), ella se despertó rodeada de policías que la revisaban y un enfermero vino con una cajita y le mostró un feto diciéndole “ese es tu hijo”. Una locura.

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En Belén te enteras del caso por casualidad en los juzgados, al escuchar a su madre quejarse del trato a su hija y de la imposibilidad de que la ropa le valiese si hubiera estado embarazada de ocho meses, como la acusaban. ¿Llegó así el caso a tus manos?

Yo me entero del caso de casualidad porque una de las psicólogas que estaba citada a declarar en su juicio me consultó si podía o no declarar teniendo en cuenta las obligaciones legales de confidencialidad que rigen para los profesionales de salud. Después, cuando visité a Belén en la cárcel, ella tenía puesta una campera rosa bien ajustada y me dijo: “Te parece que yo podía tener esta campera si estaba embarazada de ocho meses?”.

Durante la campaña para liberar a Belén las mujeres usan máscaras. La propia Belén lleva una puesta cuando finalmente sale de la cárcel. ¿Fue la estrategia mediática como la plasma la película?

Cuando salió el dictamen del Ministro Público Fiscal aconsejando a nuestra Corte la libertad para Belén (este trámite procesal es previo a la sentencia), el periodismo local empezó una búsqueda por la verdadera identidad de esta joven. La estrategia de las máscaras tuvo, al principio de las marchas, la finalidad de mostrar que Belén podía ser cualquiera: una prima, una hermana, la compañera de universidad o la vecina. Después, al final, nos pusimos la máscara para salir de la cárcel y que su cara no fuera fotografiada porque había periodistas que hacían guardia a la salida del Penal y cerca de su casa. Los jueces habían dado el nombre verdadero a la prensa, entonces había mucha gente queriendo identificarla. Por eso la máscara, para protegerla.

Hay una escena de mucha tensión donde te cuelas en el hospital durante un cambio de turno, mintiendo a los guardias sobre un familiar ingresado, para inspeccionar los baños y descubrir que la línea temporal y el baño usado por Belén no coincidían con el lugar donde hallaron al feto. ¿Realizaste esta inspección así en la vida real?

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Fui un sábado con Marcos, mi marido, al hospital. Los sábados no se atiende consultorio en hospitales públicos, entonces hay poca gente. Ese día conté los pasos desde cada baño del hospital, haciendo el mismo recorrido que hizo Belén esa noche de terror, y descubrí que era imposible que con una vía puesta ella hubiera demorado tres o cuatro minutos (como decían los testimonios de la enfermera) en volver del baño. El hospital tiene ocho baños y todos están alejados de donde ella estaba internada, así que ese dato fue revelador.

Según la película, sufristeis constantes negativas para obtener el expediente. Finalmente, lográis conseguirlo mediante un engaño: aprovechando la ausencia del funcionario encargado y mintiéndole a su compañero. ¿Fueron las trabas burocráticas tan extremas que requirieron este tipo de tácticas? ¿Fue así como conseguisteis el expediente?

El tema del expediente fue el recurso cinematográfico y de guion para significar la demora que tuvo la resolución del caso desde que asumí la defensa y presenté los recursos para revisar su condena hasta que la Corte Suprema resolvió finalmente el caso. Fueron cinco largos meses de idas y vueltas con Belén presa sin ningún tipo de razón.

La película refleja un alto nivel de estrés y amenazas hacia ti: un hombre entregándole a tu hijo una nota que decía «Ojo por ojo, hijo por hijo», una piedra rompiendo la ventana de tu casa… ¿Hasta qué punto sufriste este acoso?

Tucumán es una provincia conservadora y en aquel momento el aborto era ilegal, lo que hacía que el tema fuera mucho más difícil de discutirse incluso si había una condena injusta. Las amenazas que aparecen en la película están concentradas en mi personaje, pero las sufrimos varias de las compañeras de Mujeres x Mujeres, que es nuestra ONG. A Adriana, que es médica, por ejemplo, le pintaron el auto y perdió su trabajo cuando apareció en la tele hablando de la obligación médica de guardar secreto. A mí me amenazaron, me dijeron en una charla sobre el caso que conocían donde vivía. Flora, mi hija (ahora directora ejecutiva de Mujeres x Mujeres), sufrió todo el hostigamiento en su escuela y en aquel momento tenía 15 años. El desprestigio, además, de llevar estos casos en ese entonces desacreditaba también mi prestigio como docente. Sí, fueron momentos difíciles, pero salimos airosas después de todo

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Se muestra un intento de acabar con la vida de Belén en la cárcel incendiando su celda, seguido de una funcionaria que le deja la puerta abierta para que escape, a lo que ella se niega afirmando que saldrá por la puerta grande. ¿Estos dos momentos ocurrieron realmente?

Eso es lo único que no ocurrió. Belén fue muy valiente en su resistencia dentro del penal, y si bien cuando los jueces hicieron conocido su nombre fue hostigada por algunas internas, ella se fue vitoreada por sus compañeras de cárcel. Lo que sí ocurrió es que una guardia de la cárcel le dejó abierta la puerta, y ella no quiso salir. Tenía la convicción de que se iría como entró: por una orden judicial. Eso habla de su ética.

En la película se cuenta que decidiste bautizarla como “Belén” el día de su cumpleaños para protegerla, después de que un periódico local publicara su nombre real tildándola de “La asesina del Alberdi” y una funcionaria la extorsionara con ese recorte. ¿Fue así como decidisteis crear su nueva identidad pública? 

Sí, el nombre de Belén fue para proteger su identidad. Yo ya había defendido a otras mujeres criminalizadas por aborto, pero nunca mujeres presas por este crimen. Ella fue mi primera presa por aborto. Como el delito de aborto en sociedades conservadoras genera mucho estigma, la idea del nombre para anonimizar su historia ya la había utilizado en otro caso donde usé “María Magdalena”. Evidentemente, mi colegio religioso de toda la vida me ha marcado y por eso esos nombres. Actualmente estamos defendiendo a otra joven y su caso se conoce en la prensa como “Eva”. Después de todo, religión y derecho no siempre son asuntos separados en cuestiones de género, lamentablemente.

En el juicio y la audiencia final expones graves incongruencias en el expediente: actas que cambian la edad gestacional de 20 a 40 semanas, discordancia en el sexo del feto en la autopsia, y un historial clínico completamente tachado donde consta que el cuerpo se extravió. ¿El trabajo forense y policial fue tan deficiente y contradictorio?

El trabajo forense policial y judicial fue desastroso. Tal como se muestra en la película, eso es textual. Una vergüenza dentro del proceso penal. Un peritaje que resulta central en este tipo de investigaciones tenía contradicciones internas respecto de su metodología y conclusiones; y contradicciones externas con el resto de evidencias. Nadie había advertido estos errores y ahí están los sesgos de género con que el poder judicial analiza las pruebas contra las mujeres. Se tuvo por verdadero un estudio forense con conclusiones antojadizas, sin respaldo bibliográfico, sin metodología científica, con docimasias mal hechas, sin análisis de falsos positivos y falsos negativos y con graves errores en su producción básica, como es la antropometría fetal. Una autopsia fetal fabricada para la teoría del caso de la Fiscalía que había visto en Belén una asesina en vez de una joven que había sufrido un evento obstétrico adverso como tantas. Ser pobre y ser mujer conspiró contra su presunción de inocencia, porque este caso demostró sobre todo que los estereotipos de género dentro del poder judicial expresan un obstáculo de acceso a justicia y un peligro cierto para mujeres que sufren una emergencia obstétrica.

Fuentes
  • Película 'Belén'
  • Entrevista a Soledad Deza

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