La doctrina Monroe, ideada por el presidente estadounidense James Monroe en 1823, se planteó como base ideológica de la política exterior de Estados Unidos con el fin de impedir que las potencias europeas volviesen a establecer colonias en el continente.
Origen de la doctrina Monroe. En un discurso ante el Congreso del 2 de diciembre de 1823, Monroe describió la política de Estados Unidos frente al nuevo orden político que estaba emergiendo en el continente americano, así como su postura respecto al papel de las potencias europeas en el hemisferio occidental —que engloba todos los países del continente americano y Groenlandia—.
- “Los continentes americanos […] no deben considerarse en lo sucesivo como sujetos de futura colonización por parte de ninguna potencia europea”. Monroe delimitó dos esferas de influencia separadas: América y Europa. Las tierras independientes del hemisferio occidental serían dominio exclusivo de los Estados Unidos. A cambio, los Estados Unidos se comprometieron a no involucrarse en los asuntos políticos de Europa, y a no interferir en las colonias europeas ya existentes en América.
- La declaración, conocida como la doctrina Monroe, se convirtió con el tiempo en un principio fundamental de la política exterior estadounidense, según recoge el Departamento de Estado de Estados Unidos.
Doble objetivo. “La declaración del presidente Monroe tiene un doble sentido”, analiza Pedro Martínez, catedrático en historia contemporánea en la Universidad Autónoma de Madrid, en conversación con Newtral.es. “Por un lado, constituye un aviso a las potencias extracontinentales para que no intenten recuperar influencia en América. Por otro, reafirma la visión de Estados Unidos sobre su relación con el hemisferio: unilateral, asumiendo la responsabilidad de garantizar la seguridad del continente según su propio criterio”.
Conceptos. Los tres conceptos principales de la doctrina son: esferas de influencia separadas para América y Europa, no colonización y no intervención. Y fueron diseñados para significar una clara ruptura entre el Nuevo Mundo y el ámbito autocrático de Europa.
- La administración de Monroe advirtió a las potencias imperiales europeas que no interfirieran en los asuntos de los nuevos Estados independientes de América Latina o de los posibles territorios de Estados Unidos.
Intereses económicos. La doctrina respondía también al interés de Estados Unidos por ampliar su influencia y fortalecer sus vínculos comerciales en toda la región.
- En particular, Washington temía que España y Francia intentaran restablecer el control colonial sobre los pueblos latinoamericanos que acababan de derrocar el dominio europeo. Asimismo, resultaban alarmantes las señales de que Rusia estaba expandiendo su presencia hacia el sur, desde Alaska hasta el territorio de Oregón.
La base para el intervencionismo de EEUU. Aunque inicialmente la doctrina se percibió como protectora —”América para los americanos”, declaraba Monroe—, su propósito era salvaguardar los intereses y la seguridad de los Estados Unidos, no la libertad de las nuevas naciones del sur del continente frente a la colonización europea, explica el catedrático de la UAM.
Con el tiempo, Estados Unidos utilizó la doctrina Monroe para justificar sus intervenciones en Latinoamérica, modificándola mediante “corolarios”.
- La mayor extensión se dio con el corolario de Theodore Roosevelt de 1904 que inicio a la política del “Gran Garrote” y fue la que invirtió el significado original de la doctrina al justificar la intervención unilateral de Estados Unidos en América Latina.
La doctrina Monroe y Trump. La nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos anunciada por el presidente Donald Trump a principios de diciembre de 2025, declaró explícitamente la vuelta a la doctrina Monroe “para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental”.
- La captura y detención de Nicolás Maduro se enmarcaría en esta estrategia. De hecho, Trump afirmó en una conferencia de prensa tras el secuestro del presidente de Venezuela que su Gobierno no solo había recuperado dicha doctrina, sino que la había “superado con creces”.
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