El doctor César Menor Salván (UAH y Georgia Tech/NASA) ha tenido en sus manos el material más valioso del mundo. De “otro mundo, literalmente”, especifica. Porque ha sido parte del equipo internacional que ha analizado muestras del asteroide Ryugu, que la agencia espacial japonesa trajo a la Tierra tras visitarlo en 2020. Ahora se ha confirmado en Nature Astronomy la presencia de los componentes de las llamadas cinco letras de la vida (se había confirmado, hasta ahora, sólo una): los compuestos que, al ensamblarse, forman cadenas de ADN y ARN. Las moléculas contenedoras del libro de instrucciones de la vida.
Esas metafóricas letras de la vida están en el espacio. Pero Menor Salván pide cautela. Lo que demuestran estos hallazgos, sostiene, no es que la vida viniera de fuera. Sino algo quizá más profundo: que la química que la hizo posible es universal. Y esto no es menos interesante para imaginar el origen de la vida en la Tierra o fuera de ella.
- PREGUNTA. Ni el oro, ni el diamante, ni las tierras raras de Groenlandia. ¿Es verdad que en sus manos ha estado el material más valioso de la Tierra?
- RESPUESTA. Posiblemente. En términos económicos probablemente lo sea, pero desde luego, en términos científicos e históricos es un material valiosísimo, porque era un fragmento de otro mundo. Los meteoritos nos llegaron aquí, tuvieron que atravesar la atmósfera, impactar en la Tierra y eso ya los modifica. Las muestras de asteroides como la que hemos tenido, recogidas directamente en el espacio, son otra cosa. Han tenido que mandar una pequeña nave espacial, orbitar alrededor de un objeto diminuto, rápido y muy lejano, tomar una muestra y devolverla. Todo eso automatizado y a distancia. Desde el punto de vista tecnológico, es un logro impresionante.
- P: Pero no encontraron vida, ni presente ni pasada.
- R: No. En el asteroide ni en ningún otro lugar del sistema solar aparte de la Tierra. Todavía no las hay confirmadas. Hay algunas sospechas en Marte, alguna idea de que quizá… Pero son más las ganas que tienen incluso los propios científicos que evidencias reales. Y desde luego, en el asteroide, ni evidencias de vida ni nada que sugiera que la teoría de la panspermia es así. No es que la vida viniera desde el espacio ni que los asteroides la transportaran.
- P. ¿Por qué el hecho de que los ingredientes básicos de la vida estén en asteroides no son un espaldarazo serio para pensar que esos compuestos claves para la biología no llegaron a la Tierra a lomos de asteroides (teoría de la panspermia)?
- R. Podemos hacer una analogía. Imagínate que vas al aeropuerto de Barajas, llega un avión, se baja gente del avión y dices: “Ah, esto refuerza la teoría de que toda la gente que hay en Madrid ha venido en avión”. Hay otras vías y quizá la gente pudo nacer incluso aquí mismo. El hecho de que encuentres componentes básicos de este proceso en un asteroide no quiere decir que los ingredientes llegaran a la Tierra en el asteroide. Lo que nos está diciendo es que son universales.
- P. ¿Entonces, qué nos dicen las cinco letras del ADN encontradas en Ryugu?
- R. Hay que matizar. Lo que han visto en el asteroide son los componentes de los componentes, de las letras; no las letras completas. Pero no es ninguna sorpresa. Se habían visto antes en meteoritos. Lo que se ha hecho ahora es confirmar lo que sabíamos con una muestra prístina, no contaminada.
- P. Si los ingredientes de la vida están por todos lados en el universo, ¿por qué no es evidente que se hayan cocinado dando vida en otros sitios?
- R. Todavía no hemos encontrado. Probablemente haya. Lo bueno de este tipo de trabajo es que nos está diciendo que los ingredientes están por todas partes: solo falta recogerlos y tener la cocina adecuada. Pero lo que nos enseñan los asteroides es que todo lo que llevamos haciendo en el laboratorio desde hace casi un siglo va por el buen camino.
La urea: el desecho que lo empezó todo
En 1953, Stanley Miller y Harold Urey simularon en un matraz las hipotéticas condiciones de la Tierra primitiva. Obtuvieron aminoácidos a partir de gases simples y una chispa eléctrica. Seis años después, el bioquímico ilerdense Joan Oró logró sintetizar adenina —la letra A del alfabeto genético— a partir de cianuro de hidrógeno, un veneno abundante en cometas y asteroides. “Ya encontró una de esas letras. La idea no es nada nueva. Lo que se está haciendo es confirmar lo que se lleva diciendo 60 años”.
Menor Salván lleva años defendiendo que la urea (sí, la misma que eliminamos al orinar) fue un precursor esencial en la química prebiótica. Una molécula “muy pequeñita, muy humilde”, como la describe, pero con propiedades químicas que la convierten en una pieza clave para entender cómo pudieron formarse componentes más complejos. Su grupo en la Universidad de Alcalá, en colaboración con el equipo de Nicholas Hud en Georgia Tech, publicó trabajos que simulaban el escenario de la charca primigenia que imaginó Darwin en 1871: una solución con urea que, al secarse, concentra y transforma los ingredientes hasta producir precursores de nucleósidos.
“La urea es uno de los componentes más abundantes que han encontrado en los análisis de Ryugu, de eso casi no se está hablando”, advierte. “Nosotros ahora la vemos como un desecho, pero en ese punto fue un punto de partida. Lo cual es una manera muy curiosa de cerrar un ciclo. Y no es casual que sea un desecho. Igual que no es casual que fuera un punto de partida, porque todo está relacionado: es un círculo”.
También destaca otra protagonista: la letra U, el uracilo, componente del ARN. “Es particularmente privilegiada porque las vías por las que se sintetiza son muy favorables. Esa letra U es el componente de la molécula central de la vida, que es el ARN, no el ADN”. En meteoritos de tipo carbonáceo como los que conserva en su laboratorio, “es la más abundante, y sus implicaciones son importantes en la evolución del ARN y del ADN, y en nuestra vida actual”.
- P. Sabemos cada vez más de la química que promovió el surgimiento de la vida, pero hemos sido incapaces de crearla en laboratorio tras casi un siglo, ¿por qué?
- R. Hay muchísimas partes del proceso que no conocemos. De hecho, hay científicos que piensan que quizás sea un problema irresoluble. Otros piensan que sí. Yo no lo sé, pero lo que sí tengo claro es que sabemos cuáles fueron los ingredientes de partida y somos capaces de predecir dónde están. Cuando se analiza una muestra de asteroide, ya tenemos una idea de lo que vamos a encontrar. Y acertamos.
- P. Si usamos tu analogía de la arcilla y los ladrillos, ¿sabemos que la arcilla existía, pero no cómo se hicieron los ladrillos ni cómo se construyó la casa?
- R. Exacto. Sabemos que estos componentes superbásicos, las nucleobases, son universales, que se pueden formar con mucha facilidad. Pero el resto de ingredientes para formar el ensamblaje completo, eso no lo tenemos tan claro. Son varios pasos, con lo cual realmente hay más preguntas que respuestas.
¿Y si hubiera otras formas de vida cuya molécula central no fuera el ADN o ARN?
- P. ¿Podría haber vida basada en otra química, por ejemplo el silicio (componente esencial de los chips), como plantea la ciencia ficción?
- R. La versatilidad química del silicio no permite la evolución de la vida en el sentido que conocemos. Ahora, con la IA… otra cosa es que unos seres orgánicos como nosotros hayan creado algo que evolucione a partir de ahí (robots con capacidad de fabricar otros robots). Ahí es donde entra la discusión sobre el propio concepto de vida. Quizá en algún futuro los humanos diseñen robots que nos sustituyan y esos robots adquieran vida en un sentido universal del término. Pero vendrían de un creador, que seríamos nosotros. Nosotros venimos de unas reglas que son las de la química, y esas reglas te llevan por un camino bastante estricto.
- P: Lo mismo, un día esos robots empiezan a filosofar y se plantean si hubo un creador. Los creacionistas robots creerían en la existencia de El Humano.
- R. [Ríe] Lo que más o menos tenemos claro es que todo lo que conocemos sobre la química hace que el origen de la vida sea plausible. No necesitamos un diseñador creador.
- P. ¿El origen de la vida fue azaroso?
- R. Yo no creo que lo sea. Creo que sigue unas reglas fijas, bastante determinadas, igual que las reglas que determinan el origen de sus ingredientes. Y si algo sigue unas reglas, lo podemos predecir y lo podemos conocer. Por supuesto, hay un componente de azar: tiene que formarse un planeta, tiene que entrar en las condiciones, tiene que darse ese caldero. Pero en el universo, solo en nuestra galaxia hay millones y millones y millones de planetas. Lo raro, si esto sigue unas reglas, sería que no se dieran más planetas en los que se haya originado la vida.
- P. ¿Hubo un solo origen de la vida en la Tierra? ¿Pudo haberse iniciado y extinguido la vida completa en la Tierra varias veces?
- R. Sí, debió de haber muchos inicios y reinicios, lo que pasa es que ya llegó este ancestro común de todos los organismos terrestres actuales, ese fue el que se quedó con todo. Probablemente, el origen de la vida debió ser muy loco. Debió de originarse en muchos puntos, con diferentes características y sólo sobrevivió al final uno. Quizás porque estaba mejor adaptado. Quizás cuando empezó a progresar, siguieron originándose más, pero se extinguieron o fueron simplemente devorados. El origen de la vida fue una cosa bastante compleja. Eso ya lo predecía Darwin.
Marte, la Luna y la nueva carrera por los recursos
Marte no es un asteride lleno de aminoácidos. Ni la Luna, a la que ahora vuelve la humanidad. Pero “Marte es mucho más interesante a todos los niveles», asegura Menor Salván. El planeta rojo tuvo agua líquida al inicio de su historia, hace más de 3.000 millones de años, y si hubo vida, “tuvo que ser muy muy simple. ¿Marcianos como los de las películas? No. Si hubo formas de vida, serían microscópicas y muy sencillas, no les dio tiempo a evolucionar”.
El astrobiólogo está convencido de que, si algún día se encuentra vida fuera de la Tierra, “va a tener muchas características químicas comunes” con la terrestre. “Los ingredientes básicos van a ser parecidos, casi seguro. Si un ingrediente universal de la cocina mundial es el arroz, vayas donde vayas, vas a ver platos con arroz”.
Pasada la Guerra Fría, ¿hay cierto morbo en la nueva carrera espacial por ver quién (China o EEUU) descubre antes vida extraterrestre? “Creo que la idea es más prosaica. Ahora es China la que va a llevar la delantera y Estados Unidos no se quiere quedar atrás. China –apunta– tiene intereses más tecnológicos: establecimiento y explotación minera”. Suena a ciencia ficción, reconoce, “pero tienen proyectos serios”.
- P. Usted trabaja habitualmente con gente de la NASA. ¿Cuál es la sensación ahora en Estados Unidos?
- R. Hay sensación de preocupación, pero al mismo tiempo hay esperanza. Piensan que es una fase y que las cosas volverán a su cauce. Allí no están dejando de trabajar.
- P. ¿Podría ser una oportunidad para Europa, para atraer talento?
- R. Europa no es excesivamente atractiva a nivel científico. La burocracia, las dificultades de financiación, eso espanta. Y particularmente España. No es el sitio más privilegiado ni por condiciones de trabajo, ni por burocracia, ni por sueldos. Nuestras universidades padecen una infrafinanciación crónica que se manifiesta en las infraestructuras. Cuando hay infrafinanciación, lo primero que se recorta es mantenimiento [señala apuntando a unas goteras en su facultad].
- P. Pero usted se volvió.
- R. Cuando me dieron la plaza aquí, los compañeros de Estados Unidos me preguntaban: “¿Y cuál es tu starting package?” Cuando tienes una plaza de profesor en una universidad americana, tienes un paquete de iniciación para continuar tu investigación sin interrumpirla. Mi starting package es cero. Me ofrecieron la posibilidad de quedarme allí. Decidí volver por muchas razones, pero ninguna científica. Quería contribuir aquí. Me formé como bioquímico en España, en el Centro de Astrobiología (CAB-INTA-CSIC). Pero es muy difícil. Las condiciones para trabajar no son buenas. Cuando vine a esta universidad, ni siquiera tenía silla en el despacho.
Créditos del capítulo > Dirección y diseño sonoro: Mario Viciosa | Producción: Laura Huete | Imagen: Ximo Ferrández y J.A. Trinidad
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