El cambio climático intensificó un 21% las lluvias en la dana de Valencia; ¿y en Grazalema?

La V-30 de Valencia tras la dana de 2024 | D13, Shutterstock
La V-30 de Valencia tras la dana de 2024 | D13, Shutterstock
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Un nuevo estudio de atribución, publicado en Nature Communications, concluye que el cambio climático de origen humano intensificó la dana que devastó Valencia en octubre de 2024. La investigación, liderada por Carlos Calvo-Sancho (Universidad de Valladolid) junto a científicos del CSIC, Aemet y centros internacionales, simuló el episodio a resolución kilométrica bajo dos escenarios: las condiciones climáticas actuales y un mundo preindustrial.

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  • ¿Cuánto más llovió por culpa del calentamiento global? Calculan que un 21% más de intensidad de precipitación en seis horas, un 56% más de superficie afectada por lluvias superiores a 180 mm y un 19% más de volumen total de precipitación sobre la cuenca del Júcar respecto al escenario sin calentamiento global.

  • ¿Qué provocó tanta lluvia? Unas temperaturas superficiales más elevadas en el Mediterráneo y el Atlántico Norte aportaron más vapor de agua a la atmósfera. Esa humedad adicional no solo incrementó la lluvia, sino que alteró la dinámica interna de la tormenta, amplificando los movimientos verticales del aire y haciendo la precipitación más intensa y extensa.

Este estudio se suma a otros dos preliminares que aportaban datos como que fenómenos de este tipo se han vuelto un 12% más intensos por el cambio climático.

Rubén del Campo, portavoz de Aemet (agencia participante en el estudio), lo resume así en una entrevista con Newtral.es: “Un océano más caliente y una atmósfera más caliente favorecen que haya mucho más vapor de agua. Cuando esos ríos atmosféricos se encuentran con una cadena montañosa que exprime esa masa de aire como si fuera una esponja, las lluvias son descomunales”.

El reciente episodio extremo de Grazalema no se quedó atrás en precipitación. En 24 horas se acumularon casi 600 mm. Pero ”esa cantidad fue mucho más predecible –explica– porque venía asociada a un río atmosférico muy bien visto por los modelos. La dana es distinta; genera tormentas muy violentas pero muy locales, que se forman prácticamente in situ. Los modelos no son capaces de verlo con la misma precisión”. Aún así, Del Campo recuerda los 180 mm advertidos fueron “un mínimo, que en el primer aviso se matizó con que podían superarse en menos tiempo”.

Aún está por ver el papel del cambio climático en lo extremo de estas precipitaciones, pero para Del Campo es plausible, ante las altas temperaturas oceánicas de este año. No está tan claro que la deformación de la llamada corriente en chorro (implicada también en este tren de borrascas) sea producto de la emergencia climática, aunque no es descartable su implicación.

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Cambio climático y danas: Hacia nuevos mapas de riesgo

Markus Donat, profesor ICREA en el Barcelona Supercomputing Center, considera que el trabajo “ilustra los procesos que amplifican los episodios de precipitaciones intensas en un clima más cálido, provocando que estos crucen la línea entre un evento extremo ordinario y un desastre”, detalla en el SMC de España.

También ahí, Pilar Brufau (Universidad de Zaragoza) advierte de una consecuencia práctica: “Si los eventos pueden intensificarse en torno a un 20% por grado de calentamiento, los mapas de riesgo basados en datos históricos están infraestimando el peligro real”.

Jaime Llinares (Universitat Politècnica de València) añade que ”no integrar esta evidencia en la planificación supondría mantener criterios de diseño pensados para un clima que ya está cambiando”.

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¿Podemos anticiparnos?

El estudio analiza un único evento y estima cómo habría sido bajo condiciones preindustriales, pero no calcula la probabilidad de que episodios similares se repitan ni es extrapolable a otras regiones. Ernesto Rodríguez Camino, presidente de la Asociación Meteorológica Española, lo valora como “un escalón más, muy útil y valioso” pero señala que la metodología empleada “impone fuertes limitaciones a los aspectos dinámicos” y deberá complementarse con estudios futuros.

Del Campo aporta un matiz clave desde la experiencia operativa de Aemet: “La huella del cambio climático estaría más en la cantidad de lluvia que cae que en el hecho de que estos trenes de borrascas sean ahora más frecuentes, que no está del todo claro”. Es decir: no necesariamente más tormentas, pero sí más agua cuando llegan. El estudio de Nature Communications respalda esa lectura. Y los autores cierran con un mensaje directo: hacen falta “estrategias de adaptación eficaces y una mejor planificación urbana” ante un riesgo que, como muestran los datos, el calentamiento global ya está amplificando.

Fuentes

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