Por Begoña Quesada, periodista afincada en Múnich
Abrir la taquilla del gimnasio y encontrarse un anuncio de relojes deportivos o barritas energéticas es normal, pero una invitación a convertirte en soldado en algo más inusual. Por lo menos en Alemania, donde la mili dejó de ser obligatoria en 2011 y, por razones históricas (dos guerras mundiales), estaba mal visto vanagloriarse del músculo militar. Hasta ahora.
Hace unos días un medio de comunicación se dio cuenta de que en la recién aprobada ley de reforma del servicio militar se había incluido un párrafo en el que se obligaba a todos los hombres de entre 17 y 45 años a pedir permiso a su centro de reclutamiento militar (eufemismo: centro militar de orientación profesional) si querían permanecer fuera de Alemania más de tres meses.
Esta regla se aplica también si quieren extender una estancia corta que no ha obtenido permiso, por ejemplo, durante el estudio de una tesis doctoral en el extranjero, aunque mientras no haya una obligación militar pendiente la luz verde estaría garantizada. Vueltas alrededor del mundo flexibles, años de pausa entre el instituto y la universidad para conocer países, estudiar un curso en el extranjero, cambiar de empleo fuera, becas en otros países, todo llevaría ahora un grueso interrogante rojo al final, aunque sólo para los hombres.

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Antes de que el Frankfurter Rundschau hiciese saltar la liebre el pasado fin de semana, periodistas veteranos en temas de defensa pasaron por alto este párrafo en la nueva ley, en vigor desde el uno de enero, porque era similar a uno de la ley anterior, con la salvedad de que borraron la excepcionalidad de la medida para situaciones de tensión o defensa del país.
El ministerio de Defensa, que no fue capaz de ofrecer cifras sobre cuántos jóvenes han pedido autorización en los que va de año, intentó matizar y pedir tiempo para reaccionar desde el momento en el que estalló la noticia, incendiando las redes sociales y movilizando a jóvenes (y padres) a través de los chats. Reconoció la medida como intencionada (no se había alterado la frase de la ley anterior por error) y la justificó afirmando que el ministerio necesita saber, en caso de emergencia, cuántos potenciales soldados no van a estar en Alemania durante un periodo extenso de tiempo.
Ante las protestas, la falta de información y las posibles demandas por restringir un derecho fundamental de sus ciudadanos sin causa más aparente que el control, el ministerio ha tenido que dar un pasito para atrás y anunciar 48 horas después que esa medida se mantiene en suspensión. Por lo menos hasta que el servicio militar vuelva a ser obligatorio.
Un presupuesto militar récord en Alemania
Lo cierto es que Alemania, después de reducir su capacidad defensiva a mínimos en los años noventa tras el fin de la Guerra Fría, se está rearmando. Sin mucha fanfarria, el Gobierno aumentó en 2024 su presupuesto militar en un 32% hasta los 88.500 millones de euros respecto al año anterior, según datos del Instituto para la Paz de Estocolmo. El gasto en defensa para 2026 es el presupuesto militar más alto en la historia de la República Federal y será un 40% mayor que el de 2023.
En un alarde de malabar financiero, Alemania ha sacado el gasto militar del presupuesto por el que se contabiliza la deuda pública, cuyo límite está recogido en la constitución del país, y prevé destinar más de 500.000 millones de euros en la defensa hasta 2029.
El águila económica al que a principios de este siglo acusaban de no tener garras gestiona ya un gasto en armamento que representa un 26% del gasto total en defensa de la Unión Europea.
Estos fondos, además de para arreglar goteras en los cuarteles o mejorar las botas y los fusiles de los soldados, también se destinará por supuesto a la compra de armamento. Hasta cierto punto hay una mínima urgencia en distribuir este dinero porque son conscientes de que un acuerdo de paz en Ucrania desacelerará el “hambre” de militarización y la percepción de la necesidad de estar armados hasta los dientes.
El gobierno actual, una coalición entre CDU y SPD, está liderado por el conservador Merz, mientras que el ministro de Defensa es el socialista Boris Pistorious, quien ha advertido a los alemanes que tienen que estar “listos para la guerra”. Fue el predecesor de Merz, Olaf Scholz (SPD) quien anunció el Zeitwende, o el giro en política de seguridad de Alemania en 2023.
El “gasto especial” de 100.000 millones de euros que Scholz anunció entonces para la reforma de las fuerzas armadas fue el germen de este férreo presupuesto militar, el cuarto más alto del mundo según el Instituto para la Paz de Estocolmo y por encima del 2% que pide la OTAN. El objetivo de Merz es el 3,5% del PIB, más un 1,5% en infraestructuras. Cuesta pensar que todo esto será para nada, que si alguien decide esforzarse en comprar un martillo, todo lo que verá a su alrededor no serán puntas.
No hay que olvidar que una de las principales empresas armamentísticas europea es la alemana Rheinmetall. Su valor bursátil ha aumentado tanto en el último año que ha superado a auténticos gigantes icónicos de la economía alemana como Volkswagen. Alemania es junto a Francia, sede de la poderosa Thales, el principal exportador europeo de defensa.
Hace unos meses el Ejército alemán estableció su primer despliegue exterior permanente, nada menos que en Lituania, donde habrá 5.000 soldados alemanes el año que viene. Cuando los primeros soldados llegaron a Vilnius el pasado verano, los que tenían más memoria apretaron los puños hasta que por fin se confirmó la buena acogida por parte de la población lituana.
El canciller Merz quiere crear “el ejército convencional más fuerte de Europa”, en medio de la amenaza de Rusia, que aquí se percibe muy cerca, y las dudas sobre el compromiso estadounidense con la seguridad europea bajo Donald Trump. Merz estaba en la sala cuando el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, acusó a Alemania de mala salud democrática en la Conferencia de Seguridad de Múnich en 2025.
En concreto, el recién estrenado Vance generó malestar y sorpresa al cuestionar la libertad de expresión en este país, criticar la marginación de la derecha radical y advertir que el escudo de Estados Unidos para defender Europa pesaba demasiado: había llegado el momento de que los europeos asumieran su propia defensa.
Ya la canciller Angela Merkel, quien vio como Trump ignoraba su petición de darle la mano ante los fotógrafos en su visita oficial a la Casa Blanca en 2017, advirtió que Europa tenía que tomar control de su defensa. Aquella declaración que hoy parece anodina fue entonces muy cuestionada.
Campañas de reclutamiento con el foco en los jóvenes
Además de cartelería en gimnasios, el Ejército también ha lanzado campañas de publicidad que recuerdan más a un videojuego o a una aventura en la montaña que a una trinchera. Sin heridos, sin muertos, sin lisiados, claramente orientados a un público joven. En Múnich impresiona ver los tranvías cubiertos de camuflaje militar como parte de la publicidad, serpenteando por la ciudad. La guerra, o por lo menos la defensa, se quiere normalizar. No estamos a salvo, parecen decir. Despertad.

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Alemania pretende encontrar antes de 2035 suficientes voluntarios como para aumentar la cifra de militares hasta los 203.000 soldados activos a medio plazo. El país cuenta con hoy con 182.000 soldados activos y casi 50.000 reservistas.
A partir de la mayoría de edad de los nacidos en 2008 todos los jóvenes varones están obligados a responder un cuestionarios sobre su disposición a alistarse y tallarse (las mujeres recibirán el cuestionario, pero no están obligadas a responder; no se puede sin una reforma constitucional). Si no se consiguen los soldados necesarios de forma voluntaria, se restablecería el servicio militar obligatorio, probablemente a través de un sistema de lotería. Mientras tanto, se construyen cuarteles y se contrata personal.
Lo más probable es que estas medidas alejen a los jóvenes todavía más de los partidos tradicionales hacia los extremos. En las últimas elecciones federales, celebradas en febrero de 2025, el voto joven se fragmentó y polarizó, con un claro desplazamiento hacia políticos de la AfD y Die Linke. No habrá campaña de publicidad que los salve del abismo electoral si no consiguen enviar un mensaje serio, claro y fundamentado.