Fracasados

Asistimos a la democratización del éxito. Es un fenómeno reciente que ha crecido de la mano de la sobreexposición del individuo y el deseo muy humano de no salir a pedazos del juicio público. La vida de las personas se ha vuelto tan salvajemente expuesta, no ya la de los personajes mediáticos sino la de cualquiera, que es urgente demostrar altas facultades, particularmente riqueza, belleza, felicidad y éxito. Presentarse sin alguna de estas cartas ante el mundo entero puede llegar a ser muy desmoralizante, sobre todo si entramos en las comparaciones con la versión dopada del resto.

Pellizco

El otro día me fui a la cama tan cansado que soñé. Me refiero a uno de esos sueños vivos, realistas, que permanecen frescos en la memoria durante semanas. En situaciones normales raramente sueño. Mis noches avanzan con la marcha rápida del letargo, y el reposo es casi siempre bastante decente, sin demasiada acción.

¡JA!

Llevo horas para escribir la primera frase de este artículo. Ahora que ya está escrita, confío en que el resto fluya con algo de inercia. No espero nada que se salga de la mediocridad habitual, dadas las circunstancias, pero al menos algo que avance por sí mismo y se sostenga de pie. Pero esta vez dudo hasta de eso. Lo que me está frenando, interrumpe mis pensamientos y me hace volver a empezar, es la insoportable risa de una mujer.

El pueblo más pintado

La carretera asciende serpenteando entre el paisaje volcánico del Cap de Creus hasta llegar al cruce de caminos. Al girar a la derecha vemos de nuevo el mar. Desde allí, el descenso a Cadaqués es suave e invita a hacerlo despacio. Mi autobús se balancea frente al hipnótico mar de fondo y las pequeñas casitas blancas van apareciendo poco a poco a medida que nos acercamos. El primer edificio que veo es la tosca iglesia de Santa María que corona el pueblo y a continuación un brillante manto de paredes encaladas.

Misericordia

Hay una imagen de mi infancia de colegio de curas que me ha venido persiguiendo desde entonces y que reverbera en mi cabeza bajo según qué circunstancias. Es la imagen de Dios sosteniéndome sobre el pozo de los infiernos como quien aguanta una araña de su hilo. Mi destino a merced de su pura complacencia, enjuiciado por quien todo lo ve y todo lo sabe, mientras uno debe conformarse con la súplica del perdón.

Ariel Burano

Napoleón, en el momento de iniciar su campaña contra los rusos, pronunció unas palabras que demuestran tanto de su carácter como sus propias hazañas. Palabras con la fuerza necesaria para perpetuarse en el tiempo de la mano de los historiadores. Dijo: “Me siento empujado hacia un fin que no conozco. Tan pronto como lo alcance, tan pronto como me vuelva innecesario, un átomo será suficiente para destruirme. Hasta entonces, ninguna fuerza humana puede hacer nada contra mí.”

Vota Chinasaki

Lo mejor de las próximas elecciones podría ser que el hartazgo del pueblo se derramara por fin en la forma de un río violento y enfangado, levantara por los aires los sostenes y la tela de franela del teatrillo establecido, y volaran las marionetas y los titiriteros a merced de la ira del cauce marrón. Podría serlo, efectivamente, aunque uno se conformaría constatando que, mucho más allá de las ideologías, nos hacemos representar por quien nos miente menos, que no mejor. Que contestamos a los impostores y a las estrategias de marketing con indiferencia y no con resignación. Y que votamos en definitiva a quien nos dice la verdad, si es que alguno lo hace.

La gula

La gula, más que un pecado, se considera uno de nuestros fracasos como especie. Una estupidez a la altura de otros vicios destructivos como el consumo de alcohol y drogas o la ludopatía. La capacidad intelectual humana, sobrada de recursos para entender lo que nos conviene, se deja engañar por las excusas que uno mismo crea, cómplice de ciertos influjos publicitarios y sociales instaurados por las industrias venenosas.

La envidia

Si el matón de Shane Stant hubiera reventado con la barra de metal la pierna de Nancy Kerrigan después de los campeonatos americanos, hablaríamos de venganza. En ese caso, Tonya Harding habría perdido una vez más, la definitiva, y decidiría el ataque junto a su marido y su guardaespaldas, quienes cerrarían el trato con Stant. La cólera de la derrotada se aplacaría en el momento que el metal encontrara la pierna de Kerrigan. Los gritos de dolor traerían paz y justicia al espíritu de Tonya Harding.

Argelia y la ira

La ira es un proceso físico. La mente primero arma al cuerpo: la secreción de adrenalina suprime las funciones no vitales y maximiza el flujo de sangre y oxígeno a los músculos. Después se produce la gran disociación. El cuerpo se aplica con torpe urgencia y desproporcionalidad, guiado por los principios primitivos del temor y el deseo, mientras la mente suspendida observa sorprendida por la poca lucidez de la actuación. En cualquier caso, lo destacable es la oportunidad de verse en acción: ser extranjeros de uno mismo, emisores y receptores de palabras y gestos que son juzgados por la otra mitad al tiempo que se producen.