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Garazi Sánchez: el surf como solución
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Garazi Sánchez: el surf como solución

La surfista (Getxo, 1992) encarna la superación. De problemas que no lo eran, de prejuicios que no deberían existir y, sobre todo, de un grave accidente que la obligó a tener que aprender de nuevo lo más básico: a caminar

Garazi Sánchez, sobre las olas | Foto: Víctor González

El surf comenzó como un juego para Garazi Sánchez (Getxo, 1992). De pequeña pasaba los fines de semana en una furgoneta con su familia, algo que recuerda como una aventura a miles de kilómetros pero que sucedía en una playa cercana a casa. «Levantarte en pijama y estar descalza en la arena te enamora». Mientras sus padres escalaban, su hermano y él trasteaban con un ‘boogie’. «Era una niña inquieta y practicaba muchos deportes como fútbol, escalada o skate, por eso el mar me daba calma».

Con siete años, comenzó a sortear sus primeras olas. No había presión, y su única meta era viajar a Australia o surfear en una pequeña isla rodeada de agua. Tal era su obsesión que en el colegio lo vieron como un problema, pidiéndole buscar alternativas. «Entonces todos tenemos tendencia a obsesionarnos con lo que nos gusta por ese entusiasmo que nos produce. Veía vídeos de olas perfectas en sitios paradisíacos y mis ganas de hacer surf eran enormes. Hacía todos los trabajos relacionados con esto, no miraba más allá. Solo quería conocer mundo, no me planteaba esto como una profesión».

Con 13 años visitó por primera vez el país con el que soñaba constantemente, y desde entonces lo ha hecho en diez ocasiones, pero en su búsqueda por las mejores olas del planeta encontró dos grandes obstáculos. El primero, con solo 18 años, cuando entendió que la vida era surf o todo lo demás. «Paré durante año y medio o dos años, prácticamente ni iba a la playa. Alguna vez me acercaba con la moto, pero solo para mirar sin parar. Quería alejarme de todo eso. Ahora me da pena porque parece que con esa edad tienes que decidir toda tu vida, y con los años te das cuenta de que hay mucho tiempo por delante para cambiar”.

Garazi, de pequeña (Imagen cedida por Garazi Sánchez) 

Perder la pasión

“Esa presión -continúa Garazi- me podía, creía que si era surfista no podía ser otras cosas, sentía que la gente solo me quería porque ganaba. Necesitaba alejarme de todo eso, tener vida normal con mis amigas, comer con mi abuela, dar paseos… Tener una vida menos emocionante, dejar de lado esas emociones de la competición con las que no podía vivir. En esa última época estaba todo el rato enfadada con el surf. Había perdido lo que me hacía disfrutar, y no quería hacer eso si no sentía pasión».

La auto reflexión sobre estas decisiones fue clave en su futuro, especialmente ante el gran obstáculo de su vida con un grave accidente. Pero hasta entonces, Garazi había logrado volver a disfrutar de su trabajo. «Hay un proceso largo de análisis. Los primeros años solo quieres viajar y ver las mejores olas. Luego te entran las dudas, crees que solo vales si ganas, que solo te quieren si eres surfista. Es una edad muy complicada. Después de dos años sin encontrar respuestas, me sentí cómoda. Y entonces aprendí de la situación. Me acepté, vi que mi entorno me seguía queriendo sin esos triunfos y volví. Pero no por necesidad, sino por pasión de hacer lo que me gustaba”.

Y añade: “Desde que cambié ese chip hace unos cinco años, sé que hay partes de mi trabajo que no tienen por qué gustarme, o días que puede no apetecerme, pero sé que quiero hacerlo y que estoy comprometida».

Volver a andar

El regreso no fue fácil. Su parón le hizo perder patrocinadores y cierta confianza, pero trabajó hasta ser profesional y convertirse en campeona de España dos años consecutivos, en 2017 y 2018, a los que sumó una plata y un bronce en el campeonato de Europa. «Desde entonces soy profesional, mi trabajo es el surf». Era su trabajo y su gran pasión, por fin había encontrado el camino con el que disfrutar, pero un accidente surfeando en Francia volvió a convertir el surf en un reto.

PÓNGALE from Garazi Sanchez on Vimeo.

De camino al hospital, vio que no podía mover las piernas. Fueron diez meses de recuperación, tratando solo de volver a andar. Un camino de incertidumbre, como narra en el teaser del documental que ha preparado sobre esta etapa. “Trabajo y disciplina” fueron claves para que ahora vuelva a subirse a la tabla para preparar el Mundial de mayo y buscar la plaza olímpica para Tokio 2020. «Nuestro lema era que lo que podíamos controlar tenía que estar bien hecho, y que para el resto de cosas la suerte tenía que estar de nuestro lado». Tras una operación de columna, tuvo que aprender a andar de nuevo.

«Ante situaciones extremas, en las que sientes miedo de verdad y sobre las que no te atreves ni hablar, hay muchas cosas que cambian, pero volvía a tener las mismas dudas que en el parón de los 18 años. Dudas más adultas, pero dentro de un proceso similar. Cabía la posibilidad de volver a ser surfista, de surfear, pero no competir o directamente de no surfear. Me preguntaba quién era yo si salía mal, pero no para el resto, sino para mí misma. ¿Me querría si no hiciese bien esto? Me daba mucho miedo, porque ahora sé que puede haber otras cosas que me interesen, pero con nada me brillan los ojos como con el surf. Gracias a este parón he descubierto otras inquietudes. El documental, por ejemplo, me ha servido para recuperar la ilusión. He aprendido que el brillo tiene que ver más con una misma que con lo que se encuentra por el camino, que hay muchas posibilidades en la vida. Hay miedo, hay inseguridad, pero puedes ser lo que quieras ser. No sé a cuanto nivel, pero sí es muy fácil cambiar tu rumbo, tu futuro, y pelear y buscar lo que te gusta».

Garazi, durante los días que pasó en el hospital | Foto: Juan Labad.

Discriminación en el surf

Garazi no solo pasaba los veranos en la escuela de surf, también practicaba otros deportes como fútbol durante el año. En la adolescencia, su físico comenzó a cambiar y sus músculos se desarrollaron. La percepción social empezó a martillear su cabeza.

«He tenido la suerte de contar con unos padres que no dudaron nunca, pero el entorno siempre es complicado cuando eres deportista. Sentía pasión por la escalada y el surf, dos deportes que parecen absurdos, porque subir una montaña para luego bajarla solo se explica desde la pasión y la sensación que te produce. Mis padres disfrutaban viéndome así, pero en el colegio era diferente”.

Garazi reconoce ahora que sufrió. “Ahora han evolucionado incluso los profesores, pero cuando yo competía sentía que tenía que ir acorde a lo que la sociedad me imponía. Si hacía deporte, tenía que ser un ‘chicazo’. Me sentía mal si me mostraba más coqueta, por ejemplo”. Su propia imagen, de alguna manera, no encajaba con la de un canon tan arbitrario como predeterminado: “Tu cuerpo cambia y tienes músculos que tradicionalmente no han sido asociados a la mujer, así que parece que tienes que vestir o actuar acorde a eso. Y es bonito ver una evolución, que las niñas pueden hacer lo que quieran, que puedes surfear y después ponerte unos tacones porque no habrá un conflicto, no estarás fallando a nadie».

Imagen cedida por Garazi Sánchez.

«En el surf siempre teníamos esos problemas porque nos asociaban a los anuncios en la playa, en la orilla en bikini esperando a los novios”, recuerda. “Para separarte de eso incluso te sentías mal si surfeabas en bikini en un sitio cálido, siendo lo más cómodo. Por no recordar cómo los trajes de talla infantil eran solo de niño, masculino, y los de adulto para las mujeres eran de peor calidad porque se suponía que no estarían mucho tiempo en el agua”.

“Afortunadamente”, concluye, “a día de hoy todo eso ha cambiado. Diría que casi todas las mujeres hemos sentido o vivido situaciones machistas. Las niñas ahora tendrán que pelear con otras cosas, pero quizás no tanto con eso».

1 Comentario

  • Yo era una y he vivido los veranos en la escuela de Gorka con aquella pandilla que disfrutaban del mar y siguen disfrutando, Podría contar tantas historias de Garazi !!!
    Tiene un don en el mar y fuera

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