Newtral
Qué está pasando con los derechos de las personas trans en España: de la Q de Queer a la T de Terf
Siguiente

Qué está pasando con los derechos de las personas trans en España: de la Q de Queer a la T de Terf

¿Por qué “queer” no es sinónimo de vidas trans? ¿Qué significa el acrónimo TERF? ¿Podría una ley trans poner en riesgo la seguridad jurídica de las mujeres? ¿Qué es la patologización de las personas trans? Te lo explicamos

"Los derechos trans son derechos humanos" | Imagen: Rachael Warriner (Shutterstock)

A principios de junio se hizo público un comunicado elaborado por el PSOE que hablaba “de una polémica creciente respecto a la utilización y la confusión, en ocasiones interesada, de algunos conceptos fundamentales en el feminismo, como son el sexo y el género”: “Hay teorías (concretamente la Teoría Queer) que van ganando terreno en el mundo académico y activista, y que niegan la existencia del sexo biológico, por lo que desdibujan y difuminan la realidad de las mujeres. Si se niega el sexo, se niega la desigualdad que se mide y se construye en base a este hecho biológico”, señala el escrito. 

El documento, dirigido a secretarías y portavocías del propio partido, estaba firmado por los cargos socialistas José Luis Ábalos, secretario de Organización, Carmen Calvo, vicepresidenta primera y secretaria de Igualdad, Santos Cerdán, secretario de Coordinación Territorial, y Alfonso Rodríguez, secretario de Relaciones Institucionales. 

El comunicado iba acompañado de un argumentario donde se manifestaba la oposición a la libre determinación de la identidad de género, un concepto clave en la Proposición de Ley sobre la protección jurídica de las personas trans registrada por Unidos Podemos en marzo de 2018, también conocida coloquialmente como “ley trans”.

Así, argumenta el PSOE en su documento, el partido se mostraría contrario “a los posicionamientos que defienden que los sentimientos, expresiones y manifestaciones de la voluntad de la persona tienen automáticamente efectos jurídicos plenos”, ya que la autodeterminación de la identidad de género “carece de racionalidad jurídica”.

En este sentido, el escrito suscribe la idea de que para que una persona trans exista como tal a nivel jurídico, “debe darse una situación estable de transexualidad”, haciendo referencia a la Ley 3/2007 reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas, aprobada por el PSOE durante la legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero

Además, el argumentario socialista plantea cuestiones como la afectación a la ley de violencia de género si jurídicamente se acepta la libre determinación de la identidad de género: “¿Podría un hombre maltratador señalar que se siente mujer y por tanto no poder ser juzgado por este delito?”. 

Pero ¿qué significa la libre determinación de la identidad de género? ¿A qué obliga la ley de 2007 y por qué distintos colectivos LGTBIQ+ la rechazan? ¿La aprobación de una ley trans entraría en conflicto con la ley de violencia de género? ¿Es correcto hablar de “hombres que se sienten mujeres”? ¿Qué sabemos del sexo como hecho biológico y de la identidad de género como construcción? ¿Qué tiene que ver todo esto con la Teoría Queer y por qué los colectivos LGTBIQ+ consideran que la postura del PSOE es tránsfoba y se circunscribe a la corriente del Feminismo Radical Transexcluyente (o TERF por sus siglas en inglés)? Te lo explicamos.

Teoría Queer 

En los documentos elaborados por el PSOE se hace referencia en varias ocasiones a la “Teoría Queer” y el “activismo queer” (o cuir si se castellaniza el término). En primer lugar hay que explicar el significado de “queer”: este vocablo comienza a utilizarse como un insulto para hacer referencia a las disidencias sexuales (gais, lesbianas, bisexuales, trans…). Es decir, una definición peyorativa que englobaría identidades que no cumplen la norma. 

En los 90, en Estados Unidos, el colectivo LGTBIQ+ se apropió de este insulto. Desde la Universidad de Granada, Daniel J. García López, doctor en Derecho y cuya investigación se centra en los márgenes de la sexualidad jurídica, explica a Newtral.es que esto funcionaría como “una forma de desactivar la violencia”: “Es como cuando se utiliza ‘maricón’ o ‘bollera’, que es un acto de violencia. Si yo me lo reapropio, desactivo la capacidad de insultarme del sujeto agresor”.

“No es un campo de estudio homogéneo donde haya acuerdo, sino todo lo contrario”, explica Daniel J. García López sobre la Teoría Queer

Así, la propuesta de Teoría Queer surgiría en esa misma década de la mano de la teórica feminista Teresa de Lauretis, y aunque se hable de ella en singular, en realidad, según García López, “sería más correcto hablar de teorías o estudios queer”: “No es un campo de estudio homogéneo donde haya acuerdo, sino todo lo contrario”.

De Lauretis acuña el concepto como una forma de teorizar sobre por qué los sujetos que quedan fuera de lo estándar sufren violencias similares y estructurales. Pero una vez se extiende como ámbito de estudio filosófico, el concepto viene a ser más bien “paródico”, apunta el doctor en Derecho: “Cuando hablamos de una teoría pensamos en algo cerrado, como la Teoría de la Relatividad, es decir, aquello que es universalmente aplicable, objetivo y neutral. Al usar el término Teoría Queer, en cierto modo está riéndose de sí misma y de la propia idea de neutralidad. Es una forma de evidenciar que la ciencia no es objetiva como tal, precisamente porque deja fuera muchas realidades que no encajan con las categorías establecidas desde el ámbito científico”.

El biólogo Unai Cereijo, —doctorando en genética molecular en la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y miembro de la asociación PRISMA para la diversidad afectivo-sexual y de género en Ciencia, Tecnología e Innovación— explica a Newtral.es que “la Medicina, históricamente, ha estado copada por señores que percibían a los pacientes como personas a las que arreglar”: “Eso ha hecho que desde ciertos ámbitos científicos se haya tratado mal a las personas no estándar”, añade Cereijo.

Es en esta brecha entre la realidad y el conocimiento científico donde la Teoría Queer vendría a conformar un relato en primera persona de todos aquellos sujetos patologizados desde el ámbito científico. Alana Portero, historiadora, escritora y activista trans, explica en conversación con Newtral.es que “en realidad los estudios queer dedican muy poco espacio a las personas trans”. Por ello, señala, “no tiene sentido equiparar vidas trans con teorías queer”, aunque como campo de estudio lo considera “muy valioso porque sirve como generador de preguntas incómodas, afiladas y, a veces, también tontas”.

Una de las ramas de la Teoría Queer cuestiona, precisamente, la existencia de un sexo biológico como lo entendemos ahora, es decir, binario: hombre y mujer; o XX y XY.

Respecto a esto, Daniel J. García López apunta que “pasar por encima de la materialidad de los cuerpos, o no tenerla siempre en cuenta, es algo que se suele criticar de la Teoría Queer”. “Obviamente hay una mayoría de personas que reúnen ciertas características biológicas verificables, pero de ahí no se puede construir un ‘deber ser’, es decir, una norma a partir de la cual aquellas personas que no reúnan esa mayoría de características quedan excluidas”.

Un ejemplo sería el del ámbito deportivo: el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) falló el año pasado a favor de la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF), impidiendo que aquellas atletas cuyos cuerpos produzcan más testosterona de la que la medicina considera habitual puedan competir. A menos que reduzcan el nivel de dicha hormona a través de una intervención farmacológica o, incluso, quirúrgica.

Quien quiera competir en categoría femenina debería tener un nivel de testosterona inferior a 5 nanomoles por litro de sangre. El propio TAS reconocía en la sentencia que la normativa de la IAAF es “discriminatoria” pero que es “una discriminación necesaria y razonable” para “preservar la integridad del atletismo femenino”.

[De Marisol Paíno a Caster Semenya: la humillación de las deportistas por su cuerpo]

Mujeres cis y mujeres trans

Así, en su comunicado, el PSOE señala que “el activismo queer desdibuja a las mujeres como sujeto político y jurídico, poniendo en riesgo los derechos, las políticas públicas de igualdad entre mujeres y hombres y los logros del movimiento feminista”. 

Para entender el contexto de esta afirmación es necesario conocer el lenguaje. En primer lugar, se habla de mujeres cis (cis sería un prefijo y el término completo sería cisgénero) en contraposición a las mujeres trans (o transgénero), y provendría del ámbito de los estudios de género aunque ya hay cierto consenso en su uso en el ámbito científico. Por ejemplo, la revista científica Nature cuenta con varias publicaciones empleando este término (puedes consultar algunas aquí, aquí y aquí).

[Diccionario para el Orgullo: + allá del LGTBIQ]

La neurocientífica de la Chicago Medical School Lise Eliot también usa este concepto: “Serviría para explicar que en la mayoría de individuos hay una concordancia entre el sexo como binomio (hombre-mujer) y el género, aunque un porcentaje no encaje en este binomio, que es imperfecto”: “Hay millones de personas en la Tierra para las que este binomio no funciona, pero son humanos normales y sanos”. 

Así se resumiría la diferencia entre mujeres cis y mujeres trans: a todo individuo se le asigna un género al nacer, según la apariencia de sus genitales; cuando este género asignado no coincide con el género expresado hablaríamos de mujeres y hombres trans, o también de personas trans no binarias (su género no coincide con ninguna de las dos categorías hegemónicas); cuando sí coincide, hablamos de hombres y mujeres cis. Es decir, nacer con vulva implicaría, en el mismo momento del parto, que te asignen el género femenino, pero no implica necesariamente que sea el género expresado por la persona según esta toma consciencia de cuál es su identidad durante su desarrollo. 

La OMS estima que hay 25 millones de personas trans en todo el mundo, entre un 0,3 y un 0,5% de la población mundial

“A menudo, el género asignado al nacer coincide con el género expresado, pero tenemos un porcentaje nada desdeñable de personas en las que no es así. Y eso no significa que tengan patología alguna o que deba ser corregido”, apunta a Newtral.es Isabel López Calderón, bióloga y catedrática de Genética en la Universidad de Sevilla. Según una publicación de 2016 de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se estima que hay 25 millones de personas trans en todo el mundo, entre un 0,3 y un 0,5% de la población mundial.

Así, en el feminismo hegemónico, el término “mujer” se ha usado como sinónimo de “mujer cis”, dado que era la categoría mayoritaria. “Hay violencias específicas que sufren las mujeres cis por el hecho de nacer mujeres, como la mutilación genital femenina o las relativas a la reproducción. Eso no significa que las mujeres trans no sufran también violencias”, afirma a Newtral.es el psicólogo clínico Rubén García Sánchez, investigador principal del proyecto Evaluación de la identidad de género: una aproximación multimétodo (Universidad Autónoma de Madrid).

Imagen: Michael Moloney | Shutterstock

Según datos publicados en 2019 por el National Sexual Violence Resource Center (una organización sin ánimo de lucro que trabaja en la prevención de la violencia sexual), “casi la mitad de las personas trans (un 47%) han sido agredidas sexualmente” en Estados Unidos (ámbito de estudio y evaluación del NSVRC). Señala, además, que “la mitad de quienes respondieron que habían sufrido acoso, violencia sexual o física debido a su expresión de género intentaron suicidarse”. 

En este sentido, señala García Sánchez, “la violencia no se sostendría únicamente por el sexo biológico, sino también por las relaciones de poder que el patriarcado ha establecido entre hombres y mujeres, y también entre aquello normativo y no normativo”. 

Del mismo modo, apunta este psicólogo clínico, “habría otras cuestiones, más allá de la categoría mujer, por las que se ejerce violencia: raza, clase social, discapacidad…”. “Si eres mujer cis blanca y rica no vas a sufrir las mismas violencias que una mujer negra y pobre, pero se trata de visibilizar todas las violencias”, añade. 

Feminismo Radical Transexcluyente y Transactivismo

Así, el origen de la corriente TERF (o Feminismo Radical Transexcluyente) se circunscribe a la década de los 70, aunque el acrónimo como tal se le atribuye a la bloguera Viv Smythe, que en este artículo del Guardian explicaba cómo surgió. Frente al Feminismo Radical Transexcluyente (que excluiría a las mujeres trans del movimiento feminista) estaría el transincluyente, que sí considera que las demandas de las mujeres trans deben ser atendidas por el movimiento.

Sin embargo, TERF es un acrónimo con el que las feministas contrarias al transactivismo no se identifican, ya que lo consideran un insulto y prefieren emplear el concepto “críticas del género”. Tal y como explica Jennifer Saul, catedrática de Filosofía Política y Social del Lenguaje de la Universidad de Waterloo (Canadá) en este ensayo publicado en The Conversation, “TERF no es un insulto”, pero reconoce no usarlo por ser una palabra “inexacta y engañosa”. 

“No se puede equiparar vidas trans a la Teoría Queer porque es un acto de deshumanización”, señala la activista trans Mar Cambrollé

Como investigadora del lenguaje como mecanismo para fomentar el odio, Saul apunta lo siguiente: “Las llamadas TERF piensan que el término también es inexacto, pero por una razón diferente: insisten en que no son transexcluyentes porque incluyen a los hombres trans en la categoría de mujeres. Esto sería técnicamente preciso para una mente que entiende de forma muy literal qué es ser transexcluyente. Sin embargo, incluir a personas contra su voluntad en una categoría que rechazan no es lo que habitualmente entendemos por inclusión”.

Mar Cambrollé, presidenta de la Asociación de Trans de Andalucía-Sylvia Rivera, explica a Newtral.es, en relación al comunicado del PSOE,  que “no se puede equiparar vidas trans a la Teoría Queer porque es un acto de deshumanización”: “La primera paliza que me dio mi padre me la dio con seis años y no me la dio por haberme estudiado la Teoría Queer, sino porque yo expresaba mi identidad como una niña porque es lo que era: una niña. Y las compañeras trans que han sido asesinadas no lo han sido tampoco por estudiar la Teoría Queer”.

Cambrollé considera que “lo queer es algo teórico que muchas personas trans ni conocen”: “Como análisis me parece perfecto que exista, yo no he necesitado profundizar en ella por ser una mujer trans”

[Por qué Izquierda Unida ha aprobado expulsar al Partido Feminista]

Mujeres y personas gestantes

Entonces, ¿a qué se refiere el PSOE con que lo queer “desdibuja a las mujeres como a las mujeres como sujeto político y jurídico”?

En primer lugar, haría referencia al debate que hay en torno al lenguaje, que no se circunscribe solo a los términos mujer cis y mujer trans, sino a la inclusión en las políticas públicas de otras realidades como puede ser la de hombres trans o personas trans no binarias que tienen capacidad reproductiva. La tendrían en tanto que han nacido con caracteres sexuales que permiten la gestación, caracteres que tienen mayoritariamente las mujeres cis. Por tanto, hablar de mujeres cis y personas gestantes dejaría de poner el foco en que la mayoría de violencias (la negación del derecho al aborto o la violencia obstétrica) las sufren las mujeres cis. 

[Hasta 8 provincias españolas no han practicado abortos en 30 años]

Sin embargo, Marina Sáenz, abogada y catedrática de Derecho en la Universidad de Valladolid, señala a Newtral.es: “En aquellos lugares donde se ha seguido el argumentario de que nacemos hombre y mujer sin ninguna realidad intermedia posible, las mujeres trans no existimos como concepto jurídico. Eso significa que no se nos reconoce como sujetos para prestaciones, para atención sanitaria o para el acceso igualitario al empleo”. En España, según recogía la agencia EFE en 2019, un 80% de las personas trans están en situación de desempleo.

En España, según recogía la agencia EFE en 2019, un 80% de las personas trans están en situación de desempleo

Saénz, que fue la primera mujer trans en conseguir una cátedra universitaria en España, apunta que “las dificultades que se han querido crear como barrera para que no haya un reconocimiento de la identidad de género tienen un cierto regusto a miedo”: “El miedo a que pueda aparecer el hombre que da a luz. Esto ya ha pasado, con independencia de que no hubiese leyes. Hombres trans han dado a luz y no ha desaparecido el mundo”.

Para la catedrática de Derecho todavía “existe la idea de que la clase que es ‘normal’ tiene derecho a fiscalizar a aquellas personas que manifiestan otro tipo de diversidades”: “Es como que desde cierta pureza biológica creen tener derecho a reconocernos o no nuestra identidad”. 

Respecto al lenguaje y a sus implicaciones en el ámbito jurídico, la escritora e historiadora Alana Portero considera viable alcanzar un consenso “que represente a todas, a todos y a todes”: “Pretender que con una palabra quede el universo entero recogido es un problema. Hay que visibilizar y hacer lo que sea necesario para que no se olviden y para terminar con las violencias que los cuerpos de las mujeres cis sufren y han sufrido históricamente. Eso para mí es irrenunciable y no se puede no nombrar. Pero decir ‘mujeres y personas gestantes’ no me parece tan complicado”.

También el doctor en Derecho Daniel J. García López mantendría “mujer” como término central sobre el que se articulan las demandas feministas: “Si dejamos de decirlo, de alguna manera estaría ganando el patriarcado”. Sin embargo, considera compatible incluir a aquellas personas que quedan fuera de la norma: “Se trata de sumar otras realidades, no de borrar la mayoritaria”.

Que un presunto maltratador afirme ser mujer para evitar ser juzgado por violencia de género es “jurídicamente imposible”

Respecto a la afirmación del argumentario del PSOE (inseguridad jurídica para las mujeres), esta vendría a señalar la posibilidad de que un hombre maltratador afirme ser mujer y, por tanto, evitaría ser juzgado por este delito. 

García López señala que “jurídicamente es imposible”: “En Derecho se utiliza el concepto ex nunc (desde ahora en adelante). Es decir, el delito se juzgaría por el momento en que fueron cometidos. Y si fueron cometidos cuando en su DNI ponía que era un hombre, será juzgado como tal, por un delito de violencia de género”.

También la catedrática Marina Sáenz, que califica el documento del PSOE de “tránsfobo”, indica que “es un argumento similar al de las denuncias falsas”: “Si un hombre trata de evitar ser juzgado por violencia de género alegando que es mujer, la declaración sería extemporánea. Es decir, a él ya se le habría abierto un expediente en el que se le juzgaría como hombre. Pero, además, si esta declaración se hace con ánimo de fraude de ley, está el mecanismo de corrección del abuso del derecho. Y no solo eso: si un hombre trata de cometer fraude de ley para evitar una condena por violencia de género, no estaríamos hablando de una persona trans, sino de un hombre cis tratando de cometer fraude de ley”.

Ley de Identidad de Género de Argentina

En 2012, el Congreso de la Nación Argentina aprobó la Ley de Identidad de Género, que entró en vigor en mayo de 2012. Dicha ley se basa también en la despatologización de la realidad trans en tanto que para que se reconozca legalmente su identidad de género (diferente a la asignada al nacer) no se exige como condiciones ni un diagnóstico ni tratamiento médico o intervención.

Así, el artículo 4 de esta norma, que puedes consultar aquí, señala que los requisitos son:

  • Acreditar la edad mínima de dieciocho (18) años de edad, con excepción de lo establecido en el artículo 5° de la presente ley
  • Presentar ante el Registro Nacional de las Personas o sus oficinas seccionales correspondientes, una solicitud manifestando encontrarse amparada por la presente ley, requiriendo la rectificación registral de la partida de nacimiento y el nuevo documento nacional de identidad correspondiente, conservándose el número original
  • Expresar el nuevo nombre de pila elegido con el que solicita inscribirse

La norma detalla de manera expresa que «en ningún caso será requisito acreditar intervención quirúrgica por reasignación genital total o parcial, ni acreditar terapias hormonales u otro tratamiento psicológico o médico».

En cuanto a los menores de 18, el artículo 5 señala que podrán adaptar su DNI acorde a su identidad de género expresada «a través de sus representantes legales y con expresa conformidad del menor, teniendo en cuenta los principios de capacidad progresiva e interés superior del niño/a».

Tras ocho años en vigor (2012-2020), el número total de personas que han modificado su DNI de acuerdo a su identidad de género percibida son 9.000, según datos del Ministerio del Interior de la Nación recogidos por la agencia de verificación argentina Chequeado.

En su artículo 7, esta ley especifica, además, que «la rectificación registral no alterará la titularidad de los derechos y obligaciones jurídicas que pudieran corresponder a la persona con anterioridad a la inscripción del cambio registral». Es decir, la propia ley contempla un mecanismo jurídico para evitar el fraude de ley con ánimo de evitar una posible condena por la comisión de un delito antes del cambio legal de la identidad de género.

Además, el artículo 10 obliga a que el Registro Nacional de las Personas informe del cambio de documento nacional de identidad al Registro Nacional de Reincidencia, así como a todos aquellos organismos «que puedan tener información sobre medidas precautorias existentes».

Ley de 2007 y ley trans

La actual ley vigente —Ley 3/2007, de 15 de marzo, reguladora de la rectificación registral de la mención relativa al sexo de las personas— solo permitía el cambio registral de sexo para las personas mayores de edad. Esto se modificó con la sentencia del Tribunal Constitucional del 18 de julio de 2019, que 12 años después de la entrada en vigor de la ley de 2007, acordaba, mediante sentencia, permitir a los menores trans “con suficiente madurez” un cambio de sexo registral.

Además, los sujetos deben contar con un “diagnóstico de disforia de género”, así como haber sido “tratados médicamente durante al menos dos años para acomodar sus características físicas a las correspondientes al sexo reclamado”. 

“La acreditación del cumplimiento de este requisito se efectuará mediante informe del médico colegiado bajo cuya dirección se haya realizado el tratamiento o, en su defecto, mediante informe de un médico forense especializado”, especifica la ley.

La norma descarta la necesidad de que la persona se hubiese sometido a una intervención quirúrgica de reasignación de sexo, un logro celebrado en su momento. La exención de someterse a tratamientos médicos solo sería posible “cuando concurran razones de salud o edad que imposibiliten su seguimiento y se aporte certificación médica de tal circunstancia”.

En 2018, la OMS despatologizó la realidad trans al excluirla de su lista de trastornos mentales

Sin embargo, múltiples asociaciones LGTBIQ+ reclaman la despatologización de las personas trans, es decir, que no sea necesario un diagnóstico de disforia de género ni el sometimiento obligatorio a tratamiento médico: “La disforia, que es el rechazo a tu cuerpo o a tu genitalidad porque no corresponde a tu identidad de género, existe en la medida en que existe la transfobia en la sociedad”, declara a Newtral.es María José Hinojosa, psicóloga del Colectivo GAMÁ, una asociación que lucha por los derechos del colectivo LGTBIQ+. 

“El sufrimiento psicológico que puede tener una persona trans no es inherente a su condición de persona trans, sino al rechazo social que siente por expresar su identidad y que esta no resulte acorde, según las categorías inflexibles que tenemos, según cómo las personas nos leen en función de nuestros cuerpos”, añade Hinojosa, que realiza acompañamiento psicológico a personas trans desde hace 20 años.

En 2018, la OMS despatologizó la realidad trans al excluirla de su lista de trastornos mentales. Así constaba en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10), vigente desde 1990 (año en que la homosexualidad también fue descartada como enfermedad) y que será actualizada como CIE-11, entrando en vigor en 2022. 

La psicóloga María José Hinojosa señala que “no todas las personas trans sienten rechazo hacia su cuerpo”: “Hay personas que transitan* y otras que no. Transitar no es gratuito, y vivir acorde a tu identidad de género sin transitar, tampoco. Tiene mucho coste, sobre todo emocional, pero también material: personas que se quedan sin empleo, sin pareja, sin lazos familiares… Sin una visión tan binaria del sexo, habría mucha menos prevalencia de sufrimiento psíquico entre las personas trans”. 

*Nota: La psicóloga María José Hinojosa emplea el término “transitar” como alternativa a “transicionar”, que, según explica, es un consenso alcanzado por diferentes colectivos LGTBIQ+.

En este sentido, la Asociación Americana de Psicología (APA por sus siglas en inglés) apunta que la realidad trans no es un trastorno mental como tal. Por ello, los problemas de salud mental se entenderían como una consecuencia de las trabas que encuentran a nivel social, jurídico y sanitario, es decir, a la hora de acceder “a recursos como terapia psicológica, terapia hormonal, procedimientos médicos o al apoyo social necesario para expresar libremente su identidad de género y minimizar la discriminación”.

“Estos obstáculos pueden conllevar ansiedad, incluyendo la falta de aceptación social o sufrir, de manera directa o indirecta, discriminación o agresiones. Estas experiencias son las que podrían conllevar que las personas trans sufran ansiedad, depresión u otros trastornos en porcentajes más elevados que las personas no trans”, señala la APA

Así, la proposición de ley que registró Unidos Podemos en 2018 —que ya no es tal porque al agotarse la legislatura deberían registrarla de nuevo— pretendía permitir la libre determinación de la identidad de género a menores de 16 años (“cuando sean capaces intelectual y emocionalmente de comprender el alcance de dicha decisión”, señala el texto), así como que el cambio de sexo registral no esté vinculado obligatoriamente a un diagnóstico de disforia de género ni a la necesidad de tratamiento médico. 

La catedrática de Derecho Marina Sáenz apunta que la formación morada “registró dos leyes casi al mismo tiempo con prácticamente el mismo contenido, solo con unos matices distintos”: “Desde el punto de vista político fue una torpeza”. Señala, también, que “se presentaron con cierta precipitación”: “Tomaron como modelo el diseño de las leyes autonómicas y, realmente, las leyes estatales tienen otro ramo de competencias. Creo que la propuesta habría necesitado un pulido técnico que luego no dio tiempo a hacer”. 

Sin embargo, Sáenz defiende una ley que permita la libre determinación de la identidad de género porque eliminaría la condición de un diagnóstico, que es patologizante y que carece de “base científica”: “Las leyes autonómicas que ya existen van en esta línea. ¿Por qué las personas trans necesitamos pruebas para poder acreditar nuestra condición? He oído a gente proponer: ‘Que demuestren que han vivido como mujeres dos años’. ¿Estas personas se dan cuenta de las dificultades que supone eso? Supone tener conflictos diarios como ir a pagar con la tarjeta en el supermercado y que en ella ponga Juan pero que tu aspecto diga María. Son barreras que para la inclusión laboral y social parecen una venganza por haberte atrevido a ser distinta”. 

No se sienten mujeres, son mujeres

Entonces, ¿por qué una persona trans “elige” ser mujer y sufrir violencia en vez de vivir como hombre? Esta es una de las preguntas que se suelen plantear a la hora de criticar la libre determinación de la identidad de género.

Sin embargo, como planteamiento sería totalmente erróneo, tal y como explica la bióloga y catedrática en Genética Isabel López Calderón: “La cuestión del sexo binario es una clasificación: nos resulta muy cómodo tener dos cajitas y a cada sujeto colocarlo en una de esas cajitas. Pero hay gente que no cuadra ni en una ni en otra, y nos tenemos que acostumbrar a ello aunque la sociedad tenga mucha resistencia a aceptar eso”. 

De acuerdo con un artículo publicado en Nature, “la idea de dos sexos es simplista; los biólogos creen ahora que hay un espectro mucho más amplio”.

López Calderón señala que “no sería correcto hablar de elección en tanto que se desconoce el proceso, igual que se desconoce muchas de las cosas por las que los humanos somos como somos”. Es decir, no se puede afirmar categóricamente que sea una elección cuando no hay evidencia científica en ese sentido. “Decir que el género es una simple construcción social es como decir que es algo puramente biológico porque existen pequeñas diferencias entre los cerebros de los hombres y mujeres: una tontería”, añade la genetista.

De lo que sí hay evidencia es las propias vivencias de las personas trans, que rechazan relatar su experiencia como una elección, un sentir o una voluntad. Alana Portero lo resume así: “¿Tú te crees que yo me voy a meter en este fregado por elección? Quedarme sin trabajo, quedarme sin la mitad de mis lazos familiares, perder amistades, sufrir violencia callejera… Es ridículo. Yo sé que es la respuesta tipo, pero es la única posible. Sé lo que no soy. ¿Por qué? Porque no lo soy”. Y como explica la psicóloga María José Hinojosa: “La identidad de género no se elige, se elige en todo caso la expresión de ese género”.

Para la genetista López Calderón, que algo tenga un componente biológico “no equivale a determinismo”: “El ser humano es muy complejo, somos resultado de la interacción de muchos factores. Lo que quiero decir es que quedarse con solo uno de ellos no tendría sentido. Por ejemplo, yo tengo los ojos azules. Eso es una mutación genética. Es decir, soy mutante. ¿Y? Eso, por sí mismo, no significa nada”.

En esta línea, la neurocientífica Lise Eliot señala que “la evidencia científica, es decir, el conocimiento que tenemos hasta ahora nos muestra que podría haber un componente biológico por el que existen las diferencias de género, pero no que estas estén biológicamente determinadas ni que ello justifique la desigualdad entre hombres y mujeres”. 

En 2015, la endocrina Aruna A. Saraswat lideró una investigación que consistía en revisar toda la literatura científica disponible sobre la relación entre biología e identidad de género. El resultado, publicado en la revista Endocrine Practice de la Asociación Americana de Endocrinólogos Clínicos, concluía que “los datos actuales sugieren un origen biológico” pero que “debido a que la mayoría de muestras de los estudios analizados eran pequeños, los resultados deben ser interpretados con precaución”. Y añade: “Se requiere más investigación para poder relacionar mecanismos biológicos específicos con la identidad de género”.

El biólogo Unai Cereijo señala que “la biología puede explicar, y no siempre, por qué suceden las cosas, pero no debe tener una visión prescriptivista”: “Es decir, que pueda haber pequeñas diferencias, a nivel estadístico, entre los cerebros de los hombres y las mujeres no significa que esa evidencia justifique los roles de género tan rígidos y desiguales que existen. Del mismo modo, no podemos considerar que esté mal o sea erróneo que una persona tenga una identidad de género distinta a la que le asignan al nacer. Simplemente todo es mucho más complejo”. 

Simón(e) D. Sun, bióloga y neurocientífica en el Instituto Tsien Lab, de la Universidad de Nueva York, señala en conversación a Newtral.es que “la ciencia no debe responder a si la identidad de género es algo que se elija o no”: “Es algo que existe y punto”. Compararlo, por tanto, con personas blancas que se “sienten” o “eligen” ser negras, como se hace en ocasiones, “es transfobia”: “Las personas trans simplemente existen: 25 millones de personas son muchas personas”, añade Sun. Sobre esto, la APA señala que “desde la antigüedad hasta nuestros días, existen registros de personas trans en muchas culturas y sociedades indígenas, occidentales y orientales”.

17 Comentarios

  • Vaia… Eu consultaba esta web como alternativa imparcial…. E voume topar con que no relativo ao realmente controversico votan o freo…
    Tamén eu espero unha resposta, ou un punto de concordia no debate (aínda que son unha TERF desas) pero cando ata os medios progres fan propaganda de argumentos dun só bando, a cousa empeza a dar medo.
    Pero non cola, ou eso espero

    • Neutralidade na hora de tratar de informar nun debate ideolóxico debería basarse en aportar opinións directas das duas partes, non usar o «dixome dixome» dun bando e a entrevista persoal e libre do outro
      E ademáis, o debate non sei se vai tanto cara a «existencia» ou «lexitimidade» desas persoas que nacen homes e dinse sentir mulleres e diciden vivir como tal, ou viceversa, senon se é beneficioso para o movemento feminista potenciar a traves de estereotipos e roles machistas o sistema que queremos abolir.
      A E non fai referencia a excluilas do mundo, só dun movemento que loita contra esas duas caixas nas que nos queren dividir.
      A solución non é cambiar de caixa, senon eliminalas.

    • Debemos cuidarnos de entender la neutralidad como punto medio de todas las opiniones. Si unos dicen que el agua moja y otros que no, la verdad no es que el agua moje a medias. Y si un análisis neutral concluye que sí moja, no por ello está vendido a la propaganda de un bando.

  • Si Simone de Beauvoir levantase la cabeza, muy probablemente criticaría muy duramente a muchas personas que en nombre del feminismo defienden a las amas de casa, o al conjunto de las mujeres – siendo mayoritariamente sexistas (machistas) y conservadoras –

    En el segundo sexo reivindica lo que la DUDH de la ONU reforzada por el 10.2 de la CE recoge. Igualdad ante la ley, y no discriminación laboral.

    Quedan unos 25 años para que ese 50% de mujeres amas de casa mayores de 55 años mayoritariamente fallezca. y en esta sociedad haya casi igualdad entre sexos, también estadísticamente, porque entre los menores de 55 años en el mercado laboral ya casi la hay.

    Que haya algunas profesiones con mayoría de uno u otro sexo, no es anti igualitario siempre que no haya condiciones que impidan a las personas de uno de los sexos ejercerlas, y parece que las minorías en casi todas las profesiones aumentan. Pero si las niñas no quieren ejercer la mecánica, ni los niños la enfermería, es por elección, no por opresión.

    Alarma que un argumento sea que se castiga más a un señor violador que a una señora violadora, se debería castigar lo mismo sin discriminación por razón de sexo, o al menos creo que eso pensaría mi estimada ensayista Simone de Beauvoir.

  • Pensaba que este iba a ser el artículo definitivo que iba a arrojar luz sobre un debate tan complejo, con expertes que dieran distintos puntos de vista. Pero va a ser que no. Aquí no ha habido intención de dar voz a distintas visiones ni de exponer los aspectos que hacen de esta una discusión delicada con algunos puntos en conflicto entre la legislación sobre la autoidentificación y algunos ámbitos del feminismo. Hay una clara intención de sentar cátedra.

  • En esta línea, la neurocientífica Lise Eliot señala que “la evidencia «existen las diferencias de género, pero no que estas estén biológicamente determinadas ni que ello justifique la desigualdad entre hombres y mujeres”. Os referís a diferencias de sexo? No? Porque el género es una construcción basada en estereotipos. No existen cerebros rosas ni azules. Y claro que no se puede justificar la opresión de un sexo hacia el otro. Pero es precisamente lo que se hace gracias al concepto género.
    Vaya decepción de artículo. Se nota que no se han mojado para ser super progre guay y los de la TNo se enfaden vaya ser que os llamen transfobas como a J.K.Rowling. Todas las fuentes tienen la misma teoría, que casualidad! qué poco newtral no?

¿Quieres comentar?

Relacionados

Más vistos

Siguiente