En Una princesa de Marte (Edgar Rice Burroughs, 1917), al personaje John Carter le dice alguien de Marte: “Eres un alien y, sin embargo, eres un jefe tharkiano“. Carter es un terrícola en el planeta rojo, tratándose de integrar. Se trata de una de las primeras referencias al término alien como ciudadano de otro planeta. La cultura pulp de ciencia ficción consagró la palabra en los años veinte del siglo pasado. Tras la Segunda Guerra mundial, el alienígena pasaría a ser un extraterrestre invasor en nuestro imaginario. Pero la realidad es que en Estados Unidos, un alien es una vieja categoría casi legal equivalente a extranjero. Y Donald Trump está decidido a reavivar este uso, ligándolo al terror invasor procedente de otros planetas.
Contexto. La Administración Trump ha estrenado Aliens.gov, un sitio que retrata a los migrantes indocumentados como extraterrestres. Detrás del juego de palabras hay una estrategia de propaganda que se apoya en el doble sentido de la palabra alien.
La web presenta a los migrantes como extraterrestres que “caminan entre nosotros” e incluye un mapa interactivo para denunciar “aliens sospechosos” y capturas (por el ICE).
Lingüistas e investigadores de la desinformación consultados ven en la campaña una deshumanización deliberada y la institucionalización de un imaginario conspirativo que el trumpismo lleva años alimentando.
Cuando el Gobierno estadounidense registró en marzo los dominios Aliens.gov y Alien.gov, una parte de la comunidad ufológica creyó que se avecinaba un “día de la revelación” sobre vida extraterrestre. En los últimos años, otra agencia como la NASA ha estado haciendo públicos documentos e informes sobre fenómenos aéreos no identificados, en un alarde de transparencia y plausibilidad científica.
No era tan raro que ahora se volviese sobre ese asunto, del agrado de la comunidad MAGA y otros conspiranoicos que han ayudado a Trump a volver a la Casa Blanca, explica el filósofo Pepe Tesoro, autor de Los mismos malvados de siempre, su tesis doctoral sobre las teorías de la conspiración y la cultura popular.
Pero tras Aliens.gov había otra cosa. Junto a falsas etiquetas de desclasificado y en un guiño a Expediente X, la página despliega un mapa que rastrea supuestos encuentros (en realidad, arrestos de migrantes por el ICE) y anima a delatar a “aliens sospechosos”. Al anunciarla, la Casa Blanca difundió además una animación generada con IA en la que un ovni abduce a un migrante sobre el muro fronterizo.
¿No querías ‘aliens’? Aquí los tienes
No hay alienígenas. O no ha habido manera de probar ni que existan ni que estén entre nosotros. Pero buena parte de la comunidad conspirativa en EE.UU. compra un pack que aúna anticiencia y xenofobia a partes iguales. Así que Trump ofrece aliens terrícolas procedentes de extramuros como si de extraterrestres se tratase. Lo cual casa bastante con el sustrato significativo del término alien de mediados del siglo XX, recuerda Tesoro, quien pone el ejemplo de la película La invasión de los ultracuerpos (Philip Kaufman, 1978). El malo viene de fuera. Sea un soviético devoraniños, sea un marciano, sean la misma cosa en el fondo.
Trump ofrece ‘aliens’ terrestres en vista de que no ha podido mostrar sus ansiadas pruebas de extraterrestres ocultados por el ‘establishment’
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La idea de que unos seres ajenos nos controlan es antigua. La psicóloga social Dolores Albarracín, catedrática de la Universidad de Pensilvania y autora de Creating Conspiracy Beliefs, explica a Newtral.es que cierta derecha sostenía desde hacía décadas que ”los aliens controlaban todo”. Lo nuevo en los últimos años es quién lo firma. La llegada de Trump supuso “la institucionalización de las teorías conspirativas”, creencias que antes circulaban en los márgenes pasaron a emanar del poder.
El particular carácter de Donald Trump ha elevado a conspiración la categoría de parodia. Albarracín describe un “dispositivo siniestro” propio del pensamiento conspirativo que no es otro que la imposibilidad de falsar nada. Una vez que se convence a la gente de que las pruebas de algo (real, científicamente probado) no son fiables, el sistema “se cierra por completo” y la realidad deja de servir de árbitro.
Pepe Tesoro apunta al coste para quien lo explota. “La Administración Trump se ha contaminado a sí misma de un discurso conspirativo que había alimentado en su campaña y en su movimiento”. Es decir, el Gobierno que prometió revelaciones sobre los aliens queda obligado a sostener su propio relato.
Cuando la conspiración se torna burla desde el poder
¿Por qué importa una web aparentemente paródica? Porque cambia la fuente y además lo hace en la era de la generación sintética de imágenes y textos. La pionera en verificación Cristina Tardáguila, fundadora de Agência Lupa, calcula que las falsedades virales impulsadas por IA se han triplicado en dos años (de 0,7 a 2,28 al día en el mundo). Al reto de la verificación de aquello que podría ser creado o propagado con inteligencia artificial se suma la oficialidad de la fuente. Porque pocas cosas tan oficiales como un portal gubernamental. Pero ¿qué pasa cuando es la mismísima Casa Blanca la que miente, inventa o genera imágenes sintéticas de forma compulsiva?
El saldo, advierte Tardáguila, es “una desconfianza enorme” que dificulta a la ciudadanía distinguir lo verdadero de lo manipulado. Sobre ese terreno, una broma con extraterrestres normaliza que a un grupo de personas se le hable y se le trate como si no fuera humano. La mismísima Casa Blanca, otrora atacada por extraterrestres en el cine (Independence Day, 1996), se toma su revancha. Y de paso, que la deportación parezca una abducción en caliente.
Qué es legalmente un ‘alien’ en Estados Unidos
En la jurisprudencia estadounidense, alien no es un insulto sino una categoría legal. La Ley de Inmigración y Nacionalidad define alien como “toda persona que no es ciudadana ni nacional de Estados Unidos”. El término es tan antiguo como el país, puesto que ya aparecía en la Ley de Naturalización de 1790, que reservaba la ciudadanía a “cualquier alien que fuera persona blanca libre”. También aparece en las leyes de extranjería y sedición de 1798.
Es ese paquete de 1798 el que Trump ha invocado, como si estuviera en guerra con Francia. Como explica la profesora del Área de Lingüística General de la Universidad de Cádiz Alicia Mariscal, aquellas normas buscaban endurecer el acceso a la ciudadanía y subrayar “el contraste entre ‘nosotros’ y ‘ellos’”. Mariscal analiza técnicamente el asunto en The Conversation. Explica que recurrir hoy a la Alien Enemies Act (pensada ante una posible guerra con Francia) resulta “completamente descontextualizado” y responde a una “técnica del antagonismo”» que convierte al inmigrante en enemigo.
Según un informe del Center for American Progress, la Administración invocó esa ley de 1798 para enviar a más de un centenar de venezolanos a la cárcel salvadoreña del CECOT sin proceso previo. La palabra dar forma a la política.